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Categoría: OTOÑO 2007

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Caitlin Krier Trabajo Final- La lucha actual contra VIH/Sida entre la población femenina de Argentina

La lucha actual contra VIH/Sida

entre la población femenina de Argentina

Caitlin Krier, 15 de noviembre de 2007

Actualmente, las mujeres argentinas se enfrentan a una epidemia de proporciones grandes. Según registros gubernamentales, “El Sida es la primer causa de muerte en mujeres entre 15 y 39 años en la Ciudad de Buenos Aires” (Mujer y Sida: Construyendo Redes). Esta estadística es una ilustración de la cara cambiando de una epidemia que por años se consideraba sólo afectar la populación varón y homosexual. Desafortunadamente, esta clasificación incorrecta ha tenido consecuencias peligrosas porque resultó en la emergencia tarde de información y recursos disponibles para la populación de mujeres. De hecho, actualmente sigue la falta de educación sobre VIH/Sida que reconoce la necesidad de luchar contra el virus y la enfermedad desde una perspectiva de género. Sin embargo, recién el país de Argentina ha visto la emergencia de algunas organizaciones y proyectos que buscan responder a la epidemia en una manera que enfoca en la influencia d el género en las experiencias de la gente viviendo con VIH/Sida y en la capacidad de la populación argentina para protegerse a si mismas. Este nuevo aumento de recursos dirigidos a populaciones específicas es un paso importante en la lucha contra VIH/Sida entre la populación femenina de Argentina. Para mí, centrar en la lucha actual de mujeres tiene dos aspectos cruciales, que aunque son distintos, también son estrechamente relacionados. En el primer lugar, el tema de la difusión de información, preservativos, y tratamientos es crucial porque el acceso a estos recursos es la herramienta más poderosa contra el crecimiento de VIH/Sida. Además, para mí el tema del desarrollo sustentable implica una visión al futuro, y una esperanza por la oportunidad de mejorar ese futuro. En vez de enfocar sólo en la devastación que VIH/Sida ha causado en el pasado- un enfoque que puede invocar un sentimiento de impotencia contra la magnitud de la epidemia- la difusión de conocimiento sobre VIH/Sida puede honorar la memoria del pasado mientras mantener una perspectiva optimista sobre la posibilidad de cambio en el futuro. En el segundo lugar, un enfoque en la populación femenina es crucial porque, desafortunadamente, en este momento en Argentina las mujeres representan el futuro de la epidemia. Los números de casos de VIH/Sida está subiendo más rápidamente entre esta populación que cada otra populación del país, y hay una necesidad urgente de invertir esta tendencia. No obstante, en vez de abordar el aumento de VIH/Sida entre mujeres con una actitud de derrota, las mujeres argentinas están aprovechando la oportunidad para desarrollar nuevas estrategias y métodos para combatir la epidemia y mejorar las vidas de todos los argentinos.

Se registraron los primeros casos de VIH/Sida en Argentina en el año 1982. En su momento de iniciación, VIH/Sida era una enfermedad de hombres que tenían sexo con hombres y que importaron la enfermedad de países del Norte (Bianco, 2002). No fue hasta cinco años más tarde que se registró la primera mujer enferma con Sida. Al principio de la epidemia, la respuesta gubernamental fue lenta, en gran parte a causa del tabú de discutir la sexualidad en la sociedad argentina. Si quiera utilizar una estrategia de prevención, tiene que promover el uso de preservativos, algo que el gobierno argentino en los años 90’s no quería hacer. El gobierno tenía una alianza fuerte con la iglesia católica que tenía, y sigue teniendo, una política estricta del anti-preservativo (Bianco, 2002). Además de la falta de discusión sobre los temas de prevención y sexualidad, la gente con VIH/Sida sufrió mucha discriminación durante los primeros diez años de la epidemia. En 1997, se inició una acción legal contra el Ministerio de Salud de Argentina porque no se proveía los tratamientos a la gente con VIH/Sida que había prometido proveer, y después de esta acción legal se formó el Programa Nacional de Sida. Sin embargo, el gobierno siguió utilizando una estrategia que centró en el tratamiento de VIH/Sida en vez de en la prevención. En los fines de los 90’s y al principio del siglo XXI, después de presión de grupos de la sociedad civil, el gobierno comenzó incorporar esos grupos y adoptar una campaña de prevención que incluida la distribución de preservativos. Aunque han sido cambios positivos en la lucha desde 1987, los datos recientes demuestran que estos cambios no han igualmente mejorado las condiciones de toda la populación argentina viviendo con VIH/Sida. En Argentina, la relación de hombres a mujeres infectados fue 20.4:1 en 1988, y en 2002, la relación disminuyó a 3:1 (Bianco, 2002). Para entender el crecimiento exponencial de los casos de VIH/Sida entre mujeres, es crucial entender las vulnerabilidades específicas que tiene las mujeres ante de VIH/Sida.

La investigación de la situación de las mujeres ante VIH/Sida muestra algunas cuestiones más profundas en la sociedad y la cultura argentina hoy. Más que nada, el carácter patriarcal de la sociedad ha desarrollado papeles de género que caracterizan el ideal femenino por “la pasividad de las mujeres y la subordinación de sus expectativas en provecho de los deseos sexuales del hombre” (Consciencia Latinoamericana, Católicas por el Derecho a Decidir). Cuando una mujer piensa que debería actuar pasivamente con respecto a la sexualidad, falta el poder de negociación en el sexo seguro, y sube su riesgo de contraerse VIH. Doctora Ana María Pizarro nota este peligro cuando escribe que “la marcada tendencia de la cultura patriarcal para clasificar y encasillar las diferencias en el ejercicio de poder, y la exclusión…dificultan el desarrollo de estrategias y acciones efectivas para enfrentar la pandemia del VIH y Sida” (Pizarro, 2006). En general, las estrategias para afrontar VIH/Sida niegan de mencionar las desventajas que tienen las mujeres en la lucha. Un obstáculo para las mujeres que quieran protegerse de VIH/Sida es la noción machista que levanta sospecho sobre el conducto sexual de las mujeres que insisten usar preservativos. Según una actualización técnica llamada “El género y el VIH/Sida” y publicada por El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA), una mujer que quiere introducir un preservativo en su relación con una pareja se encuentra con el problema de que “su pareja cree que no le es fiel o la considera ‘demasiado preparada’” (ONUSIDA, 2000). El estigma usar un preservativo puede ser particularmente predominante en un país como Argentina, que aunque es menos religioso que algunos otros países latinoamericanos, tiene una presencia notable de la Iglesia católica. Dra. Pizarro se enfrenta con la prohibición del uso de los preservativos de la iglesia cuando dice que esta prohibición demuestra “la imposición de criterios basados en valores religiosos y no en valores humanos universales como la solidaridad, el respeto a la libertad de consciencia o a la libertad de información en la educación pública” (Pizarro, 2006). Afortunadamente, en Argentina actual hay miembros femeninos de la Iglesia católica llamado ‘Católicas por el Derecho a Decidir’ que quieren combatir esta promoción de ignorancia. Este grupo forma una parte de la emergencia de nuevos esfuerzos en la lucha contra VIH/Sida hoy en Argentina, un fenómeno que voy a investigar en más detalle al fin de este trabajo.

Aparte del contexto de una sociedad influida por el patriarcado y la religión, la pobreza es otra cuestión que directamente afecta la situación de mujeres argentinas ante VIH/Sida. Un artículo en la revista Desidamos, publicada por la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), explica la relación estrecha entre la pobreza, las mujeres y el VIH/Sida en Argentina. Dice, “Considerando que en Argentina las mujeres, niños, adolescentes y jóvenes son los grupos más afectados por la pobreza, estos también son los más vulnerables frente al VIH/Sida” (Desidamos, 2005). Es importante refutar acá el mito de que las mujeres pobres sean ignorantes y eligan hacer decisiones irresponsables sobre la sexualidad. La verdad es que hay una falta de recursos disponibles a estas mujeres, pero no hay una falta del deseo de tener esos recursos, y las mujeres no están culpables por un sistema que ha las abandonado. Adicionalmente, el trabajo de ONUSIDA nota el obstáculo de “la distancia a los servicios de salud, ya que en muchos casos las mujeres están limitadas por las responsabilidades familiares y por su falta de movilidad” (ONUSIDA, 2000). Encima, el costo alto de servicios y medicamentos puede limitar el acceso a tratamientos de las mujeres viviendo con VIH/Sida.

La pobreza tiene dos otras consecuencias que aumentan el riesgo de las mujeres de contraerse VIH: el trabajo sexual y la violencia sexual. Como explica Pizarro, “La pobreza y la falta de oportunidades de crecimiento económico…inducen a las mujeres al trabajo sexual” (Pizarro, 2000). Trabajadoras sexuales se enfrentan un riesgo alto porque muchas veces están presionadas a no usar preservativos, o son víctimas de violencia sexual. Encima, Pizarro nota que la discriminación y la marginación que se experimentan estas mujeres pueden impedir su acceso a servicios de salud. Según Pizarro, “Las trabajadoras comerciales del sexo ambulantes tienen mayor vulnerabilidad en tanto tienen menor acceso a los servicios de salud y su acceso a las intervenciones de los programas y proyectos en VIH/Sida es menor” (Pizarro, 2000). Con respecto a la violencia sexual, todas las mujeres, no sólo las trabajadoras sexuales, son vulnerables. ONUSIDA dice que “en situaciones de violencia o de amenaza de violencia, la mujer ve gravemente limitada su capacidad de adoptar medidas para protegerse contra la infección o de insistir para que su pareja masculina tome precauciones” (ONUSIDA, 2000). Además, un folleto publicado por la Dirección General de la Mujer presenta una definición más amplia de la violencia sexual contra las mujeres. Dice, “En la vida sexual, la violencia sobre la mujer se puede expresar en distintas formas, aunque no siempre tenga que ver con el uso de la fuerza física. En estas situaciones, la violencia género impide acordar relaciones sexuales protegidas (usando preservativo) (“Sexo Seguro,” la Dirección General de la Mujer). Para ser completo, un programa de educación sobre el VIH/Sida tiene que abordar temas como la violencia sexual que forman una parte de las realidades de muchas mujeres.

Al fin, hay otro tema grande que específicamente afecta a las mujeres ante el VIH/Sida: el embarazo. Mucha gente no sabe que hoy existen tratamientos muy efectivos para que los hijos de madres que tienen VIH/Sida nazcan sin el virus. A causa de la ignorancia de este hecho, hay muchos prejuicios contra las mujeres viviendo con VIH/Sida, como que “no deben tener relaciones sexuales y menos aún tener hijos” (“Los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres viviendo con VIH/SIDA,” Desidamos, 2002). El problema es que hay una falta de información sobre el proceso de tener un hijo sin transmitir el virus, entonces es difícil para las mujeres tomar decisiones independientes e informadas. Esta falta de información es un ejemplo poderoso de que observa Pizarro cuando escribe, “las políticas de salud no mencionan medidas específicas dirigidas a las mujeres afectadas por la epidemia” (Pizarro, 2000). Afortunadamente, hoy en Argentina hay mucha gente trabajando de cambiar estas políticas y de crear recursos específicamente dirigidos a las realidades de mujeres con respecto a VIH/Sida.

En los últimos años en Argentina ha habido un nuevo y fuerte esfuerzo de cambiar la manera en que se aborda la lucha contra VIH/Sida. Según un artículo publicado por FEIM en 2002, el aspecto clave de este nuevo enfoque es la distribución y promoción de información y recursos dirigidos específicamente a las mujeres. FEIM declara, “Hasta que no admitamos que la erradicación de las inequidades de género está en el centro de la lucha, no avanzaremos contra la epidemia” (Bianco, 2002). Hoy en Argentina organizaciones de salud están colaborando con organizaciones de mujeres para poner la cuestión de género en la vanguardia de la lucha contra VIH/Sida. Estas colaboraciones representan una estrategia que es más profunda y que atiende a la experiencia heterogénea de VIH/Sida. Aunque hay una plétora de estas organizaciones en Argentina, me gustaría centralizar en tres: FEIM, Católicas por el Derecho a Decidir, y la Dirección General de la Mujer del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. FEIM es un ejemplo de una organización para mujeres que ha adoptado la lucha contra VIH/Sida como una parte de su misión. El objeto de FEIM es “desarrollar investigaciones, estudios, programas, proyectos, cursos y otras actividades para mejorar la condición social, laboral, legal, política, económica, familiar y de salud de las mujeres en la Argentina” (FEIM página de Web, 2007). Específicamente, FEIM actualmente está ejecutando un proyecto llamado "Cumpliendo con los Derechos Reproductivos de las Mujeres Afectadas por VIH/SIDA," y la organización también publica una revista sobre mujeres y VIH/Sida llamada Desidamos. En vez de separar el tema de mujeres del tema de VIH/Sida, FEIM entiende que la mejor manera de abordar los dos es por una estrategia de incorporación.

Otro grupo importante es Católicas por el Derecho a Decidir (CDD). Este grupo es interesante porque combate VIH/Sida no sólo de una perspectiva de género, sino también de una perspectiva religiosa. Rompe con la noción de que ser católica y también a favor de la distribución de recursos sobre sexo seguro es mutuamente exclusiva, y hace trabajo crucial por la promoción de los derechos sexuales de la mujer. Según su página de Web, el objeto de lo que hace CDD es “incidir políticamente en escenarios regionales e internacionales para el avance de los derechos sexuales y los derechos reproductivos de las mujeres en América Latina, promoviendo una visión positiva de la religión en el campo de la vida sexual y reproductiva” (página de Web de CDD, 2007). Aunque CDD tiene capítulos a través de Latinoamérica, tiene una presencia muy fuerte en Argentina con grupos locales en Buenos Aires y Córdoba. En 2004, CDD lanzó una compaña llamada Campaña Mundial contra el SIDA 2004:
Mujeres, muchachas, VIH-SIDA
en que declararon ser “representantes de diversas comunidades cristianas comprometidas en la educación para la prevención, en la promoción social y la defensa de los derechos humanos de las personas afectadas por el VIH-SIDA” (página de Web de CDD, 2004). A través de la descripción de las metas de esta campaña, CDD utiliza citas de la Biblia y otras referencias religiosas para enfatizar que la lucha contra VIH/Sida debe ser una parte de la misión católica. CDD es un grupo poderoso porque, como subraya en la declaración de sus metas, quiere luchar contra VIH/Sida en la populación femenina en un contexto más profundo de la lucha por justicia social e igualdad de género.

Al fin, actualmente en la ciudad de Buenos Aires hay muchas acciones y estrategias innovadoras que centralizan en los vínculos entre VIH/Sida y género. En el año 2000, la Dirección General de la Mujer de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires juntó con la Dirección General de SIDA para formar un nuevo grupo llamado DGSIDA. El prepósito de las acciones de este grupo son los siguientes: “disminuir la transmisión del VIH/Sida, disminuyendo el riesgo y la vulnerabilidad de las mujeres al VIH; mejorar las respuestas a la epidemia a nivel individual, comunitario y local, y apoyar todos los aspectos relativos a la mejor calidad de vida de las mujeres que viven con VIH/Sida” (Mujer y SIDA: Construyendo redes, 2001). Un objeto central del proyecto es la introducción de la perspectiva de género en las políticas de prevención y asistencia del VIH/Sida, y DGSIDA, como CDD y FEIM, aborda la lucha con la meta más amplia de cambio social y del empoderamiento de las mujeres. El trabajo intersectorial quiere “diseñar estrategias preventivas que tengan en cuenta las consecuencias de la construcción social del Sida, reconstruyendo estereotipos de género que actúan como obstáculos para la prevención del VIH” (Mujer y Sida: Construyendo redes, 2001). Con respecto a la metodología, el proyecto incluye aunque sin limitación a un equipo de trabajo con representantes de la Dirección General de SIDA y de la Mujer, el desarrollo de material preventivo específicamente dirigido a mujeres, y una actividad llamada ‘De Mujer a Mujer’ que promueve la solidaridad entre mujeres con y sin Sida. Es claro que DGSIDA trabaja a empoderar las mujeres por proveer las herramientas y recursos a la comunidad en vez de imponer los cambios de arriba.

Me gustaría compartir mis experiencias trabajando como una pasante con la Dirección General de la Mujer y el proyecto ‘Abriendo Puertas.’ Este proyecto consiste de una consejería y una serie de talleres dirigidos a populaciones especificas a través de Buenos Aires. Durante la consejería, pasamos folletos y preservativos a la gente que pasa en la calle. También, durante la consejería hay la oportunidad por consultorios privados, en que una persona puede pedir un consultorio confidencial con una de las trabajadoras sociales del centro. Los folletos están llenos de información, incluyendo los sitios donde se puede realizar el testeo de VIH/Sida, descripciones de los métodos anticonceptivos, y amplias explanaciones de cómo se puede, y no se puede, transmitir VIH. Hay folletos específicamente dirigidos a las mujeres, e incluso los que abordan otros temas incluyen una perspectiva de género. Como alguien que ha trabajado con la prevención de VIH/Sida en los Estados Unidos también, fue interesante ver las diferencias entre la manera en que cada país aborda el tema. En mi opinión, el trabajo que hace la Dirección General de la Mujer y grupos parecidos a través de Argentina se relacionan género y la lucha contra VIH/Sida de una manera más efectiva que en los Estados Unidos, donde sigue una falta de la perspectiva de género. Cuando regreso a los Estados Unidos, me gustaría llevar conmigo las estrategias que he observado acá, y tratar a cuadrar esas estrategias a las realidades de las mujeres estadounidenses.

Hay un dicho en la lucha mundial contra VIH/Sida que dice que el virus no discrimina entre la gente que se afecta. Aunque es importante notar que VIH/Sida puede afectar cualquier persona a pesar de su clase, raza, género, religión, o identificación sexual, no se puede malinterpretar esta frase como una declaración de que el VIH/Sida afecte la gente de diferentes realidades de la misma manera. Es crucial que la información y los recursos disponibles están dirigidos a las necesidades específicas de diferentes grupos. Además, no se puede sacar la lucha contra VIH/Sida de su contexto social y cultural más profundo. Como declara el presidente de FEIM, “Solo cuando dejemos que la discriminación dicte nuestras políticas, y permitamos a las mujeres hacer sus propias decisiones sobre su salud sexual, nuestros esfuerzos combinados para frenar el VIH/Sida tendrán una oportunidad” (Bianco, 2002). Estos nuevos grupos argentinos son modelos no sólo para cambios en la lucha contra VIH/Sida, sino también para cambios mundiales de inigualdad de género y derechos de la mujer.

Bibliografía

Acerbo, Mariana, Mabel Bianco y María Inés Re. “Los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres viviendo con VIH/SIDA.” En Desidamos, Año XIII: Número 1, Septiembre 2005.

Bianco, Mabel. “El sexismo empeora los riesgos de las mujeres frente al SIDA.” En Newsday, 2 de Diciembre de 2002.

Bianco, Mabel. “La respuesta argentina frente al VIH/SIDA: ¿dónde estamos? ¿qué pasó? ¿qué se hizo?” http://www.feim.org.ar/articulos.htm

“El género y el VIH/SIDA: Actualización técnica” Publicado por ONUSIDA, Agosto de 2002.

"Mujer y SIDA: Construyendo redes." La Dirección General de la Mujer y la Dirección General de SIDA, el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2001.

Pizarro, Dra., Ana María. “Vulnerabilidad y género: mujeres frente al VIH/SIDA.” En Desidamos, Año XIV: Número 1, Julio 2006.

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Hola a todos, queridos chicos:

Esté será el espacio de nuestras reflexiones comunitarias durante este semestre. Nos encontraremos aquí cada dos semanas para intercambiar opiniones, debatir, pensar, compartir intuiciones y saberes.....Espero que este semestre de profunda inmersión en una nueva cultura, los impulse a dejar una huella en esta nueva realidad... Por eso, detrás de cada uno de nuestros temas de debate, les pido que se hagan la siguiente pregunta: ¿"cómo puedo contribuir no sólo a mi propio enriquecimiento cultural sino también al de la comunidad en la que estoy viviendo? ¿Podré, como estudiante extranjero, dejar una pequeña huella sobre los que me rodean, y qué impacto dejarán ellos sobre mi?"
Entonces, para empezar, les propongo que comenten sobre este mes que han pasado tomando contacto con Buenos Aires, Montevideo, Tucumán, estas ciudades que por unos meses se convertirán en sus hogares... ¿Qué impresión les ha causado la ciudad, el barrio, la gente...? ¿Qué han visitado? ¿Han visto ustedes diversidad socio-económica, han contactado con diferentes personas?
Espero sus respuestas. Aquí estaré, siempre escuchándolos a través de la lectura.... Hagan oír su voz!

Un abrazo

Liria