Con respecto a mi experiencia con las percepciones porteñas en cuanto a la política y a la cultura de los Estados Unidos, algunos episodios se destacan:

Yo charlaba con algunas amigas de mi compañera de casa y ellas expresaban la idea de que los norteamericanos trabajen y trabajen para obtener cosas materiales, pero no entiendan el valor de las relaciones personales con los amigos y con la familia.

En San Antonio de Areco, hablé con dos hombres sobre los vicios del imperialismo, del consumismo y del racismo de los Estados Unidos. Estos hombres expresaron opiniones fuertes y percepciones muy generalizadas. Además, a veces no me permitieron que me defendiera.

Un taxista me preguntó sobre mi afiliación con los partidos políticos en los Estados Unidos. Me parece que este hombre redujo las opiniones de los demócratas y de los republicanos, concentrando en la guerra. El me dijo que todos los norteamericanos con quien hablaba eran demócratas y él no podía entender dónde estaban los republicanos.

Fui a una fiesta para el cumple de la mamá de mi compañera de casa y hubo un hombre con opiniones bastante fuertes que insistió que en general, los norteamericanos son fríos. Por ejemplo, a los norteamericanos la familia no les importa. Yo le llamo a mi mamá todos los domingos, pero según él, necesito comunicar con mi familia con más frecuencia.

Creo que estos episodios muestran algunas percepciones relativamente comunes, pero a la vez, conocí a algunas personas con opiniones distintas y más abiertas. En general, me parece que muchos argentinos opinan que el trabajo, la independencia y el materialismo tienen demasiada importancia en la cultura norteamericana (y quizás tengan razón). Muchos se oponen la política de Bush, pero también separan el gobierno de los Estados Unidos de la gente del país.

Christy Martenson