Querida Buenos Aires
Una pregunto tan difícil. Cómo podemos nombrar todo que vamos a llevar con nosotros después de tal experiencia. Bueno, primer digo que no ya no estoy despidiendo (gracias a Dios) porque estaré acá hasta el comienzo de febrero, así que tengo bastante tiempo para reflexionar. Lo que puedo decir ahora mismo es que hay ciertas cositas que seguramente voy a extrañar cuando llegue el momento de irme. Con la falta de un medio mejor, hago una lista: mi amigo el dueño de este locutorio quien me deja usar el baño privado, las milanesas, los licuados, el dulce de leche, el mate (ahhhh tanto me harás falta), las chicas guapísimas (pero quienes nos tratan tan frías! Verdad, Rowan? jajaja), viviendo en la misma cuadra de una tienda de armas, 3 telos y un traficante de drogas y por último, la relación del peso al dólar.
Dos cosas me llaman la atención como algo que al principio nunca pensaba que las iba a extrañar: los colectivos y la facu. Los colectivos: los estilos tan decorativos, la búsqueda incesante para las monedas, los asientos de cuero, el conductor que maneja como un murciélago del infierno, la necesidad de saltar a la vereda mientras todavía mueve. Cada día es una aventura gracias a mis amigos en el departamento del transporte público. Hablando un pocito más en serio, nunca me olvidaré de los grafitis, las paredes cayéndose al piso, las huelgas y los compañeros de la Facultad de Filosofía y Letras. Me ha enseñado que la educación debe ser un proceso mugriento, donde nos ensuciamos las manos, al que llevamos cada día una pasión viva. Creo que la limpidez y esterilidad de Middlebury no me va a caer bien. Vengo acá cada día y me acuerda de la lucha por algo por lo menos que siempre es presente en el mundo. Acá mis compañeros luchan por su educación, allá la tratamos como algo debida a nosotros, un bien con un precio, algo estático. Algunos imágenes que ya han quedado conmigo: las caras cansadas de mis compañeros en la clase, las carteles socialistas que cubren todas la paredes y cuelgan del techo, el humo de tabaco que se extiende por todo el edificio y el montón de fichas y folletos que tengo en mano después de caminar unos pocos pasos.
Lo que NO voy a extrañar:
La máquina en la pasantía
El perro en la casa que come mi chocolate (grrr)
La caca de perro en la vereda
La vereda con baches
Bueno, la vereda en total
Pizza, pasta y empanadas. En serio no voy a comer nada de estos platos por dos años al menos.
Las malditas servilletas de cera que no sirven para nada sino hacer nuestra experiencia gastronómica una pesadilla
El fenómeno de las monedas y el hecho de que nadie las tiene y si no “colaboramos con monedas” el hombre en el kiosco nos da una mirada de muerte
Dejando los específicos de lado, mi experiencia acá hasta este punto me ha dado algo que es difícil cuantificar, que es la confianza de salir a cualquier lugar y saber que puedo manejar cualquier situación. Antes de venir tenía muchos nervios sobre como iba a sobrevivir con la idioma, navegar el sistema de educación completamente diferente.... Ahora, considerando todo lo que pude hacer, la gente que conocí y las situaciones que yo arreglé todo en castellano, me parece que todo que me presente a mí en el futuro va a ser fácil. El momento en que me fui de las puertas del centro de Migraciones después de unas seis horas de filas, números y fotocopias con la visa en las manos, yo me sentía como podía hacer cualquier cosa. Me gusta lo que dijo Joachim sobre sólo estar en un lugar diferente. Cada día vemos un montón de novedades y estamos aprendiendo cada vez más. Me hará falta la emoción de siempre descubrir, reflexionar, comparar etc. en un ambiente extranjero.
Disculpen el longitud de mi entrada y espero que algunos de mis comentarios bromistas no distraigan de toda la belleza que encontré en esta ciudad, que en realidad estas cosas que finjo odiar son las que voy a recordar con lo más anhelo y cariño. Son todas las idiosincrasias de esta ciudad que amo y juntas con mis experiencias con la facu, la pasantía y de vivir diariamente en una cultura y política tan vibrante, prefería ponerlos todo en mi equipaje y prenderlos con alfileres en la pared de mi dormitorio. Pero lamentablemente no puedo. Así, salvo que algo pase, les veré en Vermont en febrero. Y si alguien quiere fundar una empresa de importación del mate a Vermont, saben donde encontrar un socio. PAZ
ward

Douglas McRae dijo
Desde México, estoy de acuerdo con la queja de las monedas. Para mí, diez monedas de diez pesos tienen más valor que un billete de cien pesos. Cada día, tengo que planear mi día para tener bastante cambio para tomar el camión, comprar la comida corrida, etc. Me da mucha pena comprar un chicle en la tienda cerca de mi casa con una nota de cien pesos, pero es la unica manera hacer cambio la mayoría del tiempo. Pero por supuesto la ventaja es que la gran mayoría de las cosas aquí con super barratas. Todavía me parece increíble que un orden de cinco tacos cueste diez pesos (o sea $1)...estoy convencido que se puede vender este tacos con bistec, cebolla, cilantro, pino, y salsa en una restaurante "gourmet" en los estados unidos para mucho más. De todas formas, espero encontrar una mejor manera para conseguir monedas en mi tiempo que queda aca.
13 Noviembre 2006 | 05:12 PM