Las Villas Miserias de Buenos Aires
La ciudad de Buenos Aires sufre una fuerte fragmentación social y déficit habitacional. Debido a las crisis de las economías regionales, los procesos de industrialización, los problemas de integración laboral, las grandes migraciones internas y una falta estructural para sostener el incremento de la población, ha surgido una población bonaerense polarizada (económicamente, socialmente, habitacionalmente). Esta polarización se manifiesta más evidentemente en las soluciones de vivienda a las que la población afectada recurre. Mientras que los miembros integrados (económicamente y socialmente) de la sociedad argentina disfrutan de los servicios e infraestructura de la ciudad formal, el sector excluido (los que reciben ingresos bajos, los que no poseen capital cultural, etc.) se sufre los efectos de vivir en una comunidad que está afuera de la fabrica social y física de la ciudad formal. Las villas de emergencia son dos manifestaciones de esta exclusión social y física. ¿Cómo surgieron esta comunidades? ¿Cuáles son las características? ¿Hay soluciones para este problema urbano?
1. LAS VILLAS DE EMERGENCIA
En el texto Merecer la Ciudad Oscar Oszlak (según un informe de la comisión Municipal de la Vivienda) describe villas de emergencia como “ asentamientos ilegales de familias en tierras fiscales, y en algunos casos de particulares, con construcciones que no cumplen normas mínimas edilicias o de habitabilidad, sin infraestructura de servicio, ni salubridad e higiene compatible con la vida urbana, configurando un alto grado de hacinamiento poblacional y familiar (...) son familias provenientes en su mayoría del interior del país y de países limítrofes, con escasos recursos económicos y baja calificación de mano de obra, que se encuentran en marginalidad “
1.1 HISTORIA
La aparición de villas de emergencia en Buenos Aires se encuentra inextricablemente conectada con los procesos de industrialización de la década de 30 y el modelo de sustitución de importaciones de la década 50. Por a causa de estos procesos de industrialización aparecieron grandes industrias en Buenos Aires y nuevas oportunidades de trabajo. Como consecuencia, hubo una gran migración interna (del campo a la ciudad). El problema con estas migraciones masivas y rápidas fue que la estructura habitacional y social de Buenos Aires no podía acomodar a la nueva población. Había un deficiencia de servicios habitacionales que forzó la gente a buscar residencias en conventillos, hoteles, inquilinatos, y tierras ilegalmente ocupadas (conformando las villas miserias).
Del mismo modo, desde la década 60, hubo problemas de integración laboral para los trabajadores emigrantes. Además, hubo un gran expulsión de trabajadores del sector formal en la Argentina. Estos acontecimientos laborales son los resultados de la introducción de capital monopolista del exterior, la iniciación de actividades productivas con uso intensivo de capital, y un menor utilización del factor de trabajo. Como consecuencia, para el sector asalariado, le resultó muy difícil obtener una vivienda adecuada y forzó mucha gente a las villas miserias y asentamientos populares.
Para combatir el problema de las villas, a partir de 1976, el gobierno militar implementó varias políticas de erradicación (literalmente destruir la villas y reubicar la gente). Estas políticas solamente escondió temporalmente el problema de las villas porque la gente simplemente reubicaron a otras tierras para construir viviendas ilegalmente.
Durante la década 90, con la implementación de políticas neoliberales, la sociedad argentina fue caracterizada por graves problemas de desempleo y extensiva exclusión y marginalización social. Además esta políticas neoliberales causaron un gran polarización de la sociedad. Es cierto que estas políticas aceleraron el crecimiento de la economía argentina, pero en la realidad ese crecimiento solo benefició a los sectores de mayores ingresos. Con los ricos siendo cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, la población de las villas miserias se duplicó con respecto a la década anterior. Actualmente, es estimado que 116.000 de los residentes bonaerenses viven en villas.
1.2 CARACTERÍSTICAS
Sobre todo, las villas de Buenos Aires son espacios espontáneos, sin planificación y tienen trazados irregulares. Estas características hacen que las villas no se pueden integrar en la fábrica física y social de la ciudad. Es decir que estas comunidades informales no tienen el mismo acceso a servicios como el resto de la población bonaerense. Como resultado, servicios sanitarios, sistemas de agua, calles y aceras pavimentadas y acceso a educación son casi inaccesibles para los residentes de las villas. Otro hecho importante es la instabilidad económica que sufren los residentes de las villas. Un estimado 60% son desempleados, 39% ganen menos que 300 pesos por año y casi todos los residentes son poseen escasa o nula calificación laboral.
Además de la falta de servicios y la instabilidad económica de los residentes, existe una precariedad habitacional extensiva. Actualmente en las villas, según la Comisión Municipal de la Vivienda, 30% de las viviendas están construidas con chapa y cartón con un alto grado de deterioro y obsolescencia; 65% posee muros de ladrillo de canto, cimientos muy precarios, y techo de chapa de zinc sobre tirantes de madera; 5% presenta una estructura portante sólida. Aparte, 95% de las construcciones en las villas se encuentran en tierras bañadas y terrenos de relleno. Esto se resulta en estructuras inestables/ de baja resistencia y un ambiente insalubre.
1.3 Nuevas Políticas de Integración
Actualmente, para combatir el problema de las villas miserias en Buenos Aires (y en otras ciudades latinoamericanas como Rio de Janeiro), el Estado está implementando programas sociales para urbanizar las villas. En vez de tratar estas comunidades informales como enfermedades urbanas (y erradicarlas) el nuevo foco es integrarlas en la fábrica social y física de la ciudad.
Entonces debido al nuevo Ley 148 (Declárase de atención prioritaria a la problemática Social y Habitacional en las villas y núcleos habitacionales transitorios) el Estado (específicamente el Instituto de Vivienda) crió el “Programa de Radicación, Integración, y Transformación de Villas y Núcleos Habitacionales Transitorios”. Este programa se dedica a la urbanización de las villas a través de: la construcción de viviendas, la pavimentación de calles, la dotación de varios servicios integrales (agua, electricidad, cloacas, desagües pluviales), y la extensión de las líneas de transporte a las villas mas lejos (en la periferia). Además, para profundizar el efecto de integración del programa, el Instituto de Vivienda ha organizado equipamientos comunitarios destinado a salud, deportes, educación y cultura. Sobre todo, este programa ambiciona urbanizar 16 villas y construir 25.000 viviendas.
Ashley Valle
¡Suerte a todos!!!

Ximena dijo
hola todos, acá va mi trabajo final...hasta la playa amigos!!!
Mujeres en Montevideo y La Lucha Para Igualdad en el Trabajo y la Académica
Introducción y Historia
La Republica Oriental del Uruguay ha sido, en los ojos de muchas personas, una de los países más progresistas de América Latina en cuento a los derechos de las mujeres. Las mujeres recibieron el voto en 1932, mucho antes que otros países latinoamericanos. También en 1932 recibieron el derecho de ser elegidos como representantes políticos. Pero a pesar de las leyes que han sido aprobadas, ¿por qué es que muchas de las mujeres de Uruguay siguen siendo tratada como ciudadanas de segunda clase? ¿Cómo es que continúa la discriminación de género si es un país tan involucrado en el mejoramiento de las mujeres? Aún con todas sus leyes de igualdad de género puestas en ejecución, las mujeres no están protegidas totalmente de la discriminación. Esta investigación demuestra lo que hace falta legislativamente y culturalmente para obtener la igualdad para las mujeres en Uruguay, específicamente en los sectores laborales y académicos.
Las leyes que tiene Uruguay para anti-discriminación son buenas, ¿Pero son efectivas? Las mujeres disfrutan de igualdad de derechos bajo la ley, pero siguen siendo víctimas de discriminación en la sociedad. En 1911, la primera sección de la Federación de Mujeres de Pan América fue inaugurada en Montevideo. En 1946, una ley para los derechos civiles de las mujeres fue adoptada, marcando igualdad en derechos para mujeres. En 1991 el Instituto Nacional de Mujeres y Familia fue establecido como la primera entidad gubernamental para tratar los asuntos de mujeres y familia. Leyes en 1985 y 1995 incorporaron el concepto de violencia domestica en la ley (UN Report, par.15). Pero aún con todo eso, las Naciones Unidos, en una reunión del Comité por la Eliminación de Discriminación Contra las Mujeres del año 2002,reportaron que no había suficiente progreso; aunque había más de 58 propuestas para al avanzo de mujeres, el parlamento de Uruguay adoptó solamente 13 de las propuestas (UN Report, par. 37). El paso lento de los cambios legislativos fue citado como un tema de preocupación. Los expertos también dijeron que no había suficiente esfuerzo para cambiar los estereotipos perjudiciales—que las ideas de masculinidad y feminidad estaban sin avanzar en la sociedad Uruguaya. Estas percepciones de género son fundamentales en la sociedad Uruguaya, especialmente en el empleo y en la universidad, dos sectores vulnerables a la discriminación de mujeres.
Percepción de las mujeres en el trabajo.
Los estereotipos de masculinidad y feminidad a las que se refieren los expertos de las Naciones Unidos están ubicados en el sector laboral de la sociedad Uruguaya. Un reportaje por María Inés Terra Ortiz sobre “Trade Openness and Gender in Uruguay: a CGE Analysis” de febrero 2006 presenta evidencia de este fenómeno social, en el cual se entiende que las mujeres deben trabajar en la casa o en laburos más suaves, y que los hombres deben buscar trabajo que requiere más esfuerzo físico y razonamiento. Ortiz reportó que solamente el 2.2% de mujeres eran empleadas en la construcción, comparado con el 90.3% empleadas en los servicios domésticos (Ortiz, 11). El empleo de las mujeres esta concentrado en los sectores de venta, salud y educación—trabajos que van bien con el estereotipo de feminidad, y constituyen el 60% del trabajo de mujeres.
Los estereotipos que siguen existiendo significan que las mujeres están marcados como figuras en el mundo del hombre. Como la sociedad Uruguaya tiene todavía más que rasgos patriarcales, hay sectores de trabajo que las mujeres raramente entran. Además de construcción y auto mecánicos, y trabajos que físicamente exigen fuerza asociado con los hombres, también el sector del gobierno está dominado por los hombres, un sector tradicionalmente dirigido por hombres, y que aún en la sociedad moderna del Uruguay todavía no está tan abierto a las mujeres. La participación de mujeres en el gobierno municipal sigue siendo muy baja, más baja que en los sucursales legislativos y ejecutivos. En 2003, solamente 10.8% de los asientos en el Parlamento eran de mujeres. Una encuesta de Social Watch, una organización para el avanzo de derechos humanos, anotó los cambios de países latinoamericanos después de la Conferencia Mundial de Mujeres, y reveló que la mayoría de los países encuestaron habían cambiado su legislación para integrar mujeres en el gobierno, salvo Uruguay y Perú, los únicos que no implementaron mecanismos de discriminación positiva (como cuotas) (FCI Report, par. 10). Según un reportaje de la organización Libertad en el Mundo, que midió derechos políticos y libertades civiles en Uruguay en 2006, la situación sigue así; las mujeres no son bien representadas en el gobierno y política. Ninguna de los 13 ministros del gabinete son mujeres, y sólo tres de 30 senadores y 13 de 99 diputados son mujeres. No hay ninguna mujer trabajando como justicia en la Corte Suprema.
Los estereotipos que previenen las mujeres de entrar en trabajos gubernales o “tradicionalmente” masculino, también previenen un cambio de rol de mujer en su casa misma. Es decir que esa mentalidad “tradicional” de donde deben trabajar las mujeres ha sido reafirmada con las costumbres de la casa, actitudes y prácticas tradicionales que siguen siendo una fuente de discriminación contra las mujeres. Si medimos el tiempo de laboro sin pago (como el trabajo domestico) la desigualdad entre mujeres y hombres es aún más obvia. En 2005, un estudio publicado por Aguirre y Batthyány, “Trabajo no remunerado y uso del tiempo: Encuesta en Montevideo y Área Metropolitana 2003” reveló relaciones de género asimétricos en familias Uruguayas. (Ortiz, 12). El estudio demostró que las mujeres asignan el 67% de su tiempo libre al trabajo sin pago, y los hombres solamente el 31%. Una investigación de Social Watch sobre género y pobreza dice que la división de las labores dentro de la casa todavía es muy rígida (Gender and Poverty Report, par.7). Como la división de trabajo domestico depende mucho en la mujer, eso significa que ella tiene menos tiempo para trabajar fuera de la casa y participar en la política y en la economía. Las percepciones tradicionales que destinan a la mujer a su casa están vinculado al acceso limitado que tiene a trabajos más poderosos en el mundo patriarcal.
Además del hecho que las mujeres trabajan mucho más que los hombres en labores sin remuneración, y que no son animados a entrar el mercado laboral, aún cuando tienen buenos trabajos son víctimas de la desigualdad y la discriminación de género. Un reporte nacional del Uruguay dice, “Las mujeres son particularmente afectadas por la flexibilidad del mercado laboral, la falta de claros estándares de trabajo, el miedo de desempleo, la segmentación de laboro como resultado de género, la desigualdad de saldo para el mismo trabajo, menos acceso a posiciones que hagan importantes decisiones como resultado de estereotipos de género, acosamiento sexual, etc” (Gender and Poverty Report, par.19).
A pesar de que hubo un esfuerzo para limitar algunos de los elementos de la desigualdad laboral entre los sexos mencionado en el reportaje, como una ley de 1989 prohibiendo la discriminación sexual en el sitio de trabajo, la discriminación contra mujeres persiste en el sector laboral, donde mujeres constituyen el 50% de los empleados, pero esta concentrada en los trabajos de menos pago. De hecho, el Human Development Report del Uruguay, reportó en 2003 que el ingreso estimado de hombres es $10, 950 (USD) comparado con las de mujeres, $5, 763 (HDReport, par. 25). La diferencia estimada entre el ingreso de las mujeres y los hombres es de 0.53. Además, dentro de esos sectores, hay menos movilidad para las mujeres que los hombres (Ortiz, 10). Es decir que es más difícil para mujeres conseguir un ascenso y recibir su saldo merecido. También entre 2001 y 2004, la presencia de mujeres en el mercado de laboro aumentó, pero el desempleo de mujeres es constantemente más alto de los hombres. (Ortiz, 6).
Los elementos de discriminación de mujeres en el trabajo no cambiaran hasta que la mentalidad de la sociedad uruguaya cambie también. Y esto no será posible hasta que eliminemos el machismo intelectual y discriminación en la universidad, para cambiar las percepciones de las generaciones de trabajadores que vienen.
Percepción específicamente en la universidad.
Las universidades también han sido típicamente dominadas por los hombres. Hace muchos años que la Universidad de la Republica abrió sus puertas a las mujeres. Hoy en día, de los 68, 000 estudiantes inscriptos en las distintas facultades de la Universidad, el 60% de ellos son mujeres. Pero aunque las mujeres van ganando representación en la universidad, como estudiantes siguen reducidas a ciertas carreras. “La mayor presencia femenina no significa el dominio de las mujeres sino el hecho que ellas necesitan niveles mayores de educación para poder competir con los hombres por posiciones similares,” dijo Nelly Stromquist, de la Universidad de California del Sur, en un seminario internacional sobre mujeres, educación y globalización. Aunque hay más mujeres que hombres asistiendo la Universidad, todavía no están ganando el trabajo que les merecen. Además, las mujeres siguen limitadas a ciertas carreras, y los hombres siguen dominando otras. De las 60% de mujeres asistiendo la universidad, solamente el 17% están en carreras de ciencia y tecnología. La presencia femenina en investigación científica continúa siendo limitada.
Carreras como ingeniería y otras ciencias no invitan la participación de las mujeres, especialmente cuando todos los textos representan a los hombres o están dominado por los hombres. Casi siempre los modelos de artistas o sabios son masculinos. Textos en las ciencias, por ejemplo, a menudo hacen referencias androcentricos, reforzando los estereotipos tradicionales de la sociedad patriarcal y los roles “apropiados” de hombres y mujeres. “En el discurso de las ciencias biomédicas y la psiquiatría decimonónicas, la sensibilidad, dulzura, intuición, pasividad y abnegación son atributos ‘esencialmente femeninos,’ en contrapartida, el raciocinio, la reflexión, la capacidad de análisis, el rendimiento intelectual y la creatividad son ‘naturalmente masculinos,’” notó Francois Graña, un docente de sociología de la Facultad Humanidades de la Republica, en su investigación “Ciencia y tecnología desde una perspectiva de género” (Graña, 1).
La Universidad como una organización con el poder de efectuar cambios y servir como un ejemplo para la sociedad, no ha usado ese poder para avanzar la igualdad de mujeres y hombres, sino para reafirmar su estancamiento. “Muy pocos cambios se han dado en la capacitación docente, dentro de la formación inicial como en servicio,” (Stromquist, par. 23). Las mujeres como profesoras constituyen una minoría, y las lecturas siguen siendo dado por hombres, con ejemplos masculinos, y dirigido a los hombres. “Las puertas de las universidades se abren para las mujeres, la discriminación formal pasa a ser cosa del pasado,” dice Graña, pero no significa que la discriminación ha sido totalmente borrada (Graña, 4, mi énfasis).
Como cambiar las percepciones-en la cultura general.
Una manera de cambiar las percepciones de género en la cultura Uruguaya es de tomar más en serio el tema de discriminación de mujeres. Esto viene en un nivel gubernamental y también personal. Lo personal y gubernamental están vinculados porque lo gubernamental estipula las leyes para proteger nuestros derechos, y lo personal es entender como aplicarlo a tu vida propia. Es necesario entonces que el gobierno se asegura que las leyes están entendidos y cumplido por todos. Es la responsabilidad del gobierno de crear las leyes para el bienestar personal de la gente, y también de diseminar lo que significan esas leyes para que se pueden esforzar públicamente y en privado. Es la responsabilidad en un nivel personal de cumplir con esas leyes, pero eso se pone imposible si las leyes no están explicado suficientemente para el público. Por ejemplo, en el Uruguay existe una ley prohibiendo el acoso sexual en el trabajo, un crimen castigable con encarcelamiento y multas; sin embargo, “Women filed few such complaints, a circumstance attributed to a lack of understanding by women of their rights.” (Uruguay Human Rights Report, par. 5). Y esto no es un caso aislado. El reportaje de Uruguay de 2005 sigue citando otras instancias, y dice que en los primeros once meses del año, la policía recibió 962 acusaciones de violaciones en el país, y que a pesar de que en muchos casos la evidencia indicó que era violación conyugal, ninguno de las reclamaciones incluyeron este detalle. “Las autoridades creen que las víctimas no reportaron incidentes de violación conyugal porque no entendieron sus derechos, y por miedo de una estigma social.” (Uruguay Human Rights Report,par. 5). Es importante entender sus derechos para asegurarse que están implementados. Es esencial que las mujeres entienden sus derechos para protegerse del abuso domestico y del sexismo.
También es importante no tener miedo del estigma social, y de responder contra el sexismo en vez de reír con los hombres. En mí clase de letras, hablamos del poeta Elizabeth Barrett Browning, quien era una mujer viviendo durante la época Victoriana, y quien vio los cambios de educación para mujeres. La docente mostró un dibujo de una revista liberal de la época, que pintaba la nueva universidad para mujeres como una fiesta de té, burlándose de mujeres estudiando. Los otros estudiantes, incluso las mujeres, se rieron de las fotos. ¿Por qué se rieron de la discriminación? En mí clase de salsa pasa lo mismo. Con cada paso, el profesor dice, “Como en la vida real, los hombres para adelante y las mujeres para atrás.” Jamás he escuchado un gruño; siempre hay sonrisas con sus comentarios machistas. Hay que tomar la discriminación y el sexismo más en serio, y luchar contra eso.
Afortunadamente, hay un movimiento de mujeres luchando para la igualdad. Existen organizaciones como Cotidiano Mujer, el Instituto Mujer y Sociedad, la Casa de la Mujer-Unión, y el Instituto Nacional de la Familia y la Mujer, todos los que se dedican a trabajar contra el sexismo y la discriminación, y para el avanzo de mujeres. Recién hubo un articulo en La Diaria, un periódico de Montevideo, sobre una de esas organizaciones en su lucha para igualdad en la sociedad Montevideana. El articulo, “Rojo, Azul E ainda mais: Intervención urbana contra imagen institucional de la IMM,” informa que La Comisión de Mujeres Centro Comunal Zonal luchó contra el eslogan “Montevideo de Todos” porque, “las mujeres Montevideanas nos sentimos excluidas…Se nos dirá que es propio del lenguaje generalizar en masculino, que el universal es masculino…pero el lenguaje, la palabra, es pensamiento: ¿Cómo pensamos el mundo? ¿Cómo representamos la diferencia?” (Pujol, p 12). Aunque los sentimientos de la CCZ fueron rechazados por la Intendencia (quienes respondieron que la frase está de acuerdo con las reglas de Real Academia Española, y que nadie esta discriminado), siguen luchando para la igualdad, y proponieron una nueva frase inclusiva, “Montevideo Nuestra.” Son luchas así que podrían cambiar las cosas en la sociedad Uruguaya. Pero de todas maneras, necesitamos más grupos luchando así; de los 114 ONGs registrado en el Uruguay, solamente 17 trabajan exclusivamente en asuntos de mujeres (UN report, par. 12). El país precisa más ONGs trabajando en esto.
Cambios en el Trabajo
Hay que luchar contra el saldo desigual. El reportaje de desarollamiento humano sobre Uruguay de 2005 dice que el saldo de mujeres en 2003, en dólares EEUU, era $5, 763, comparado con el $10, 950 que ganaron los hombres. Las mujeres ganan casi la mitad de lo que ganan los hombres. Necesitan cambiar eso con el gobierno. Las mujeres necesitan trabajar más en el gobierno—el reporte dice que aunque la primera mujer fue electada políticamente en 1942, en 2005 no había ninguna mujer en el gobierno en el nivel ministerial. Aún con la discriminación de empleo tan obvio con la desigualdad de saldo, a fines de 2005, ningún caso de discriminación de género había llegado al corte. ¡Hay que luchar, mujeres!
Un cambio sería de crear programas de igualdad de oportunidades para cambiar los estereotipos comunes y la estructura patriarcal de la sociedad. Después de la Cuarta conferencia Mundial de Mujeres en 1999, muchos países, como Brasil, Paraguay, Bolivia y Guatemala, implementaron programas para la igualdad, como programas de igualdad de oportunidades. El Uruguay era uno de dos países que no implementó un programa de discriminación positivo/afirmativo. En 2000, el desempleo de mujeres subió a más del 14%, pero no había programas presentados para cambiar este hecho. A diferente de los otros países latinoamericanos encuestados por Social Watch, el Uruguay no creó programas de perspectivos de género, ni planes para incorporar mujeres en el mercado de trabajo, ni para combatir el desempleo de mujeres, y tampoco hizo una esfuerza de combatir discriminación de género en educación (FCI Report, table 2).
Cambios en la Universidad
En el reportaje de las Naciones Unidas, los expertos le felicitaron al gobierno de Uruguay para el nivel alto de educación de mujeres en el país, pero estaban sorprendido que las mujeres no estaban aprovechando de trabajos más legislativos. Después de la conferencia de la cuarta conferencia mundial de mujeres en Beijing, Uruguay todavía no tenía un plan para parar discriminación basado en género en las universidades. Las Naciones Unidos notó esto como un problema grave porque aunque el 19.3% de mujeres han terminado la educación terciaria (doble el porcentaje de hombres); las mujeres educadas y bien calificadas trabajan para casi la mitad del sueldo de los hombres. Las Naciones Unidas notó la importancia de asegurar la comprensión del público de que significa la igualdad de género, y criticó la falta de conciencia de derechos. “Awareness-raising measures were especially important as far as members of the country’s administration and the teaching and legal communities were concerned. Women themselves should understand the need to make themselves heard,” (UN Report, par. 38). Esto es un tema que puede empezar a resolverse en la Universidad, una fuente de desimanación de ideas, y un recurso de discutir problemas de la sociedad sin miedo de ser castigado. Si la generación en la Universidad entiende sus derechos, esto puede transferirse al sector público y en el trabajo y en la sociedad en general. “Más del poder de la educación, se habría que hablar del poder del conocimiento. La escuela podría convertirse en una institución donde se puedan fomentar nuevas representaciones sociales e inclusive alimentar una utopía. Podría llegar a crear un espacio que fomente procesos que debiliten la opresión de genero y produzca contextos para luchas transformadoras.” (Stromquist, par.40). Las discusiones de la Universidad tiene el poder de afectar la sociedad entera.
Pero primero que todo los estudiantes tiene que entender sus derechos y el tema de la igualdad de género para practicarlos efectivamente. “La Universidad es el sitio donde las grandes batallas de la educación formal se están dando y se darán en el futuro- ha sido poco tocada por ideas feministas,” dijo Stromquist en su seminario sobre género y educación. La Universidad debe ser un punto central para difundir la conciencia y comprensión de los derechos de mujeres.
La Universidad puede ser una avenida muy efectiva para desimanar ideas feministas, o para cuestionar prácticas tradicionalmente visto como masculinos. Además, la Universidad es una avenida que puede afectar cambios al margen del gobierno y de la economía. Es decir que es una entidad independiente que funciona sin grandes fuentes de plata. En la conferencia de las Naciones Unidas, una excusa ofrecido por los delegados Uruguayos por lo cual el estado de mujeres Uruguayas no había avanzado mucho era el hecho que el país no tenía acceso a recursos económicos para afectar cambios. “Shortage of resources had been put forward as one of the reasons for the weakness of the gender machinery in the country, a speaker said. However, measures for the advancement of women were not always costly. In many cases, it was political will and dedication that were required for implementation of the Convention.” (UN report, par. 55). Lo genial de la Universidad es que su voz es gratis y libre para hablar y afectar cambios sin necesitar plata.
Después del reportaje de las Naciones Unidas, que le llamó al Uruguay un fracaso total por no avanzar a las mujeres, el Uruguay tenía más que suficientes razones para iniciar programas de igualdad de género. En el nivel parlamentario, una comisión de igualdad de género fue establecida, con la municipalidad de Montevideo sirviendo como un ejemplo para las otras provincias. En 2005, el Ministerio de Desarrollamiento Social aconsejó a todos los ministerios de promover igualdad de género (Ortiz, p 16). El Uruguay necesitan más cambios como estos, más esfuerzos concretas para imponer los derechos de mujeres.
Sólo con programas así puede el Uruguay recuperar su reputación como una sociedad justo para ambos sexos. Las Naciones Unidas habían criticado al Uruguay de ser “wishy-washy” en sus respuestas y planes para el avanzo de mujeres, y que no existía acción contra estereotipos de género, ni emancipación ni empoderamiento de mujeres. “Neither de facto nor de jure equality existed in Uruguay. All actions alleged in the report to benefit women were mere words. The country had totally failed.” El país necesita programas concretos para cambiar la situación de mujeres Uruguayas. Y la fundación debe venir de la gente, que tienen que entender sus derechos y luchar para esos derechos. Los cambios tienen que venir de la gente. Sólo de esa manera logrará el Uruguay de cambiar las cosas para ser un país justo para ambos sexos.
27 Noviembre 2006 | 07:29 PM