En 1991, el año de la primera Copa Mundial del fútbol femenino, yo era una chica de cinco años y vivía con mi familia en Rochester, Minnesota, Estados Unidos. En este año, mi hermano mayor comenzó a jugar el fútbol con un equipo comunitario, y porque yo tenía que hacer cualquier cosa que hizo mi hermano, empecé a jugar también. A los ocho años, me hice socia de un equipo de chicas, y desde entonces, el fútbol era una parte dominante de mi vida. Durante los diez años siguientes, jugaba el fútbol en todas las temporadas con el apoyo de las instituciones del fútbol femenino de la comunidad y del colegio secundario. Despues del secundario, dejé de jugar el fútbol con equipos competitivos para enfocarme en mis estudios, y en julio de 2006, llegué en Buenos Aires para empezar mi tercer año en la universidad. En Argentina, el país cuya tradición del fútbol ha producido grandes jugadores tal como Messi, Riquelme, Batistuta y por su puesto Maradona, encontré un mundo donde no habría poder tenido una experiencia con el fútbol femenino como mi experiencia en EEUU. Hace poco tiempo que nació el fútbol femenino argentino, y aunque la pasión del país es el fútbol, los argentinos están obsesionados con el fútbol masculino. Así se encuentra el polémico enfrentado por el fútbol femenino argentino: por un lado hay el legado rico del fútbol argentino pero por el otro lado, hay la percepción general que el fútbol es el deporte exclusivamente de los hombres. Dado mi experiencia con el fútbol femenino argentino durante los cuatro meses que vivía en la Capital Federal, me parece que el futuro del deporte depende de la influencia de estos dos factores opuestos.

En el nivel mundial, el fútbol femenino comenzó a desarrollar como deporte institucionalizado a lo largo del año 1980. Antes de esta fecha los deportes se consideraban una arena masculina, pero según la Asociación del Fútbol Argentina (AFA), esta actitud cambiaba paulatinamente y hoy “se podría afirmar con seguridad que, desde hace 20 años, [las mujeres] comenzaron a ser reconocidas e incorporadas por el ambiente futbolístico.” En 1991 hubo la primera Copa Mundial Femenina en China, y el éxito de este torneo fue seguido por las Copas Mundiales Femeninas de 1995, 1999 y 2003. La Argentina participó en su primera Mundial Femenina en 2003 en EEUU. Cabe que la participación de la selección mayor argentina en este torneo en parte fue consecuencia de la organización de torneos del fútbol femenino argentino por parte de la AFA, el primer de los cuales fue en 1991. Además de este paso hacia el desarrollo creciente del deporte dentro de la Argentina, la selección nacional mayor tenía la oportunidad para jugar en los Campeonatos Sudamericanos Femeninos que empezaron con el Sudamericano del 1999 en la Argentina. Según el Doctor Claudio Javier Gonçalves, el Secretario General del Club Deportivo de la Universidad del Salvador (USAL) de Buenos Aires, “el año 2006 es el año del nacimiento del fútbol femenino universitario.” En este año tuvieron lugar los primeros torneos del fútbol femenino patrocinados por las universidades: en Buenos Aires, estos torneos incluyeron la Copa Juan Pablo II In Memorian y los Juegos de las Universidades Católicas Argentinas. Vestida en el blanco y el verde de la USAL, yo jugué en los dos torneos de los Juegos de las Universidades Católicas, el primer en la Universidad de San Andrés en San Isidro en la provincia de Buenos Aires, y el segundo en la Universidad Católica en la Capital Federal.

Mi experiencia de jugar el fútbol con el equipo de la USAL fue distinta de mis experiencias de jugar el fútbol con los equipos de la comunidad y del secundario en EEUU. Por ejemplo, en los dos torneos en que jugué yo, cada equipo tenía 8 jugadoras en la cancha al mismo tiempo, mientras que en los EEUU, mis equipos tenían 11 jugadoras en la cancha, el número oficial de las competiciones internacionales. Me parece que habría sido imposible conseguir 11 jugadoras para cada equipo en los torneos del fútbol femenino argentino por causa de la falta de interés por parte de las jugadores y de la carencia de publicidad por parte de las universidades (no hay información sobre el equipo de fútbol femenino en el sitio de Internet del Club Deportivo de la USAL, por ejemplo ). Otra diferencia entre mis experiencias tenía que ver con el equipo deportivo de las jugadoras: la mayoría de las jugadoras universitarias argentinas no tenía zapatillas de fútbol ni espinilleras, mientras que en mi experiencia anterior en EEUU, había reglas estrictas en cuanto al equipo de las jugadores y no se podía jugar sin espinilleras. Me parece que esta diferencia sugiere que las jugadoras argentinas no quieren gastar plata para comprar equipo para jugar un deporte nuevo y no bien aceptado. Por otro lado, la diferencia entre las reglas de los torneos argentinos y los estadounidenses implica que el nivel de institucionalización del fútbol femenino argentino es relativamente bajo.

Sin embargo, esta falta de institucionalización no es necesariamente negativa, y de hecho, hay una fuerte tradición argentina de jugar el fútbol en ambientes informales tal como los parques o los clubes deportivos. Según Alfonsina Janson, socióloga que investiga el fútbol femenino, el fútbol por fuera de las instituciones puede ser “un fútbol más inocente, más placentero.” Además de jugar con el equipo organizado de la USAL, yo jugaba el fútbol con un grupo de chicas en el Club Municipal de Buenos Aires en el barrio de Núñez en la Capital Federal. Los miércoles nuestro equipo de chicas de entre 16 y 34 años alquilaba una cancha para un entrenamiento en que jugábamos un partido del “papi fútbol” entre nosotras mismas. Aunque los grupos masculinos que juegan en el mismo club no tienen directores técnicos, Charlie, el hermano de Laura, la chica que organizaba el alquiler de la cancha, actuaba como nuestro entrenador. Como el equipo universitario, este equipo tenía un número pequeño de jugadoras y muchas veces las chicas faltaban los entrenamientos. A diferencia de mi experiencia estadounidense en que las jugadoras teníamos que asistir todos los entrenamientos y los partidos, en la Argentina la asistencia irregular de las chicas de ambos equipos me indica que el fútbol no era una prioridad para ellas: con la USAL, vinieron aproximadamente 6 de 23 jugadoras en la lista para jugar en cada torneo, y con el grupo del club deportivo, Laura tuvo que cancelar algunos entrenamientos porque no conseguimos el número suficiente de chicas para jugar. También, con los dos equipos, encontré en general una falta de experiencia de jugar el fútbol por parte de las jugadoras argentinas; la mayoría nunca tuvo la oportunidad para jugar cuando era más joven. Luisina, una chica de la USAL, me dio un ejemplo de la carencia de equipos del fútbol femenino en el país: “Soy del interior del país y hace un año que vivo acá en Buenos Aires... en mi ciudad (Concordia, Entre Ríos)... no encontraba un grupo de chicas para jugar al fútbol.” Me parece que la inexperiencia de las chicas se manifestaba en su nivel relativamente bajo de capacidad técnica; según Luisina: “por lo que he visto... en el fútbol argentino las chicas que juegan no tienen una gran técnica...” Es decir, las chicas no habían tenido muchos años para desarrollar la habilidad esencial de manipular la pelota.

Si la juventud del fútbol femenino argentino es en gran parte la causa de la carencia de las técnicas por parte de las jugadoras, por otro lado la tradición del fútbol en la Argentina podría fomentar el desarrollo exitoso del deporte. Aunque muchas chicas no tienen la experiencia de jugar el fútbol con un equipo formal, muchas jugaban en el barrio cuando eran niñas, han viste los partidos masculinos, o por lo menos conocen a un hombre a quien le interesaba el fútbol. En este contexto, las chicas argentinas ya tienen una idea básica de los elementos tácticos del deporte. En mis experiencias en EEUU y en la Argentina, las chicas argentinas entendían el deporte mejor que los nuevos jugadores estadounidenses. Por ejemplo, en EEUU, con frecuencia los jugadores nuevos no comprendían el sentido de pasar la pelota hacia su propio arco, pero en la Argentina, muchas chicas ya saben que a veces es más importante mantener el control de la pelota que adelantar hacia el arco del otro equipo. Otro recurso que de la fuerte tradición del fútbol argentino es que muchos hombres argentinos tienen experiencia extensa con el fútbol y pueden actuar como directores técnicos y como administradores para el fútbol femenino. De hecho, ambos grupos con los cuales jugaba yo tenían entrenadores masculinos que utilizaban su experiencia para ayudarnos a mejorar nuestra capacidad de jugar. Finalmente, el país ya tiene mucha infraestructura necesaria para el desarrollo del fútbol femenino. Por ejemplo, ya hay muchas canchas y clubes deportivos donde los hombres juegan hace años, y donde ahora las chicas pueden jugar. Además, la AFA, el organismo que se fundó para organizar el fútbol masculino argentino, ha jugado un rol esencial en el comienzo de la institucionalización del fútbol femenino a través de torneos y la formación de las selecciones nacionales. Sin embargo, se dice que la AFA no destina toda la plata que le da la FIFA para el fútbol femenino, una reclama que sugiere la mentalidad negativa que impide el desarrollo del deporte en la Argentina.

Si la tradición del fútbol masculino argentino puede proporcionar un contexto positivo en que tenga lugar el desarrollo del fútbol femenino, a la vez, la gente argentina tiene que superar la mentalidad que dice que este legado futbolístico es la propiedad exclusiva de los hombres. Descubrí la actitud “machista” con respecto al fútbol en la Argentina en una de mis primeras conversaciones con mi compañera de casa, Claudia, una chica argentina de veintiocho años. A ella le dije que cuando yo era niña quería ser futbolista. Claudia expresó sorpresa y me dijo que en la Argentina, el fútbol es la pasión nacional pero es deporte de varones. Esta actitud general tiene consecuencias que impiden el desarrollo del fútbol femenino. Por ejemplo, encontré la idea de que las chicas que juegan el fútbol no son femeninas. Según Charlie, al principio del desarrollo del fútbol femenino todas las futbolistas eran “grandotas.” Asimismo, Janson hace referencia a los estereotipos negativos del fútbol femenino: “las sospechas de lesbianismo sobre las mujeres que juegan al fútbol, ...la carga negativa que hay sobre el deporte...” Esta actitud no sólo tiene consecuencias negativas en cuanto a la popularidad del deporte, sino que impide el desarrollo de las jugadores como individuos. Por ejemplo, en mi experiencia, las futbolistas argentinas generalmente no jugaban con mucha intensidad ni fuerza física, y dado mi experiencia de jugar en EEUU, era un poco difícil acostumbrarme a esta diferencia. Alfonsina, una chica del equipo de la USAL me explicó que las chicas no son agresivas cuando juegan porque la mentalidad de la masculinidad del fútbol dicta que las chicas que juegan el fútbol, especialmente las que juegan con mucha intensidad, no necesariamente son aceptadas socialmente. Me parece que esta preocupación con la feminidad del fútbol jugado por las chicas impide el desarrollo de un deporte que exige una cierta cantidad de características “masculinas” tal como la fuerza física y la mentalidad competitiva.

En general, las diferencias entre mis experiencias con el fútbol femenino estadounidense y con el fútbol femenino argentino tenían que ver con la juventud y la falta relativa de institucionalización del fútbol femenino argentino. En esta etapa del desarrollo del fútbol femenino argentino, me parece que el resultado del conflicto entre la tradición rica del fútbol argentino y la mentalidad que dice que el fútbol es exclusivamente para los hombres va a determinar en gran parte el futuro del deporte. Sin embargo, afuera de estos dos factores, hay que considerar el rol del feminismo y la influencia del desarrollo mundial del deporte. Algunas chicas del grupo que jugaba en el club deportivo eran parte de un grupo “progresivo” y estas chicas jugaban en parte para hacer una declaración feminista. El crecimiento del feminismo sirve para superar el “machismo” que impide el desarrollo del deporte. También el éxito mundial del fútbol femenino influye el deporte argentino en una manera positiva; ahora las chicas argentinas tienen modelos femeninas tal como la jugadora brasileña Pretinha y la estadounidense Mia Hamm. Puesto todo este contexto, me parece que el futuro del fútbol femenino argentino es prometedor. A pesar de los obstáculos, muchos clubes deportivos relatan el crecimiento recién del número de futbolistas femeninos las cuales usan sus facilidades y la selección nacional argentina sigue mejorando. De hecho, recién ganó el Sudamericano Femenino en Mar de Plata, Argentina. Aunque haya muchas diferencias entre el fútbol femenino estadounidense y el fútbol femenino argentino, durante mis cuatro meses en la Argentina descubrí de nuevo mi gusto para el fútbol y conocí a muchas chicas con quienes compartía el placer de jugar este deporte. Espero que el desarrollo del fútbol femenino argentino vaya siguiendo para que más chicas puedan disfrutar de la pasión del país.

Christy Martenson

Bibliografía
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Gambier, Marina. “Diosas en la cancha” La Redacción de La Nación. 31 octubre 2004.
Gonçalves, Claudio Javier. Entrevista personal. 7 octubre 2006.
Janson, Alfonsina. En “Una+10,” por Sonia Santoro. Página/12. 28 julio 2006. [http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-2804-2006-07-31.html]. 3 noviembre 2006.
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