Tucumán y azúcar: una relación profunda
Introducción
Es imposible conocer Tucumán sin conocer algo de la industria azucarera. La producción de azúcar es la principal actividad económica de la provincia. Tucumán tiene 15 de los 23 ingenios del país y produce 60 por ciento del azúcar en Argentina. Antes de llegar a Tucumán, yo había leído sobre esta importancia del azúcar en la economía tucumana, pero no había imaginado el papel tan importante que desempeña el azúcar en la historia y sociedad tucumana.
Conocería la relación entre azúcar y Tucumán durante el semestre. En mis primeros momentos en San Miguel de Tucumán vi y olí el humo de los ingenios que se quedaba sobre la ciudad. En mi primera salida de la ciudad noté los campos de caña que dominan el paisaje plano antes de que se llegue a los cerros. Observé las chimeneas de los ingenios que interrumpen el paisaje agrícola. Aprendí que mi pasantía sería en el ingenio La Florida en donde tendría la oportunidad conocer personalmente la industria azucarera.
En la pasantía desarrollaba un interés por la influencia del azúcar en Tucumán. Observé el pueblo de La Florida dedicado principalmente a la producción de azúcar. Hablé con los obreros, quienes durante la zafra aseguran que el ingenio sigue produciendo todo el tiempo, todos los días. Trabajé con los problemas ambientales que causa el ingenio afectando a la población de la provincia. Saliendo con el ingeniero, conocí el primer ingenio (que ahora está en ruinas) y el pueblo vacío que lo acompaña. Noté los barrios pobres sin agua potable o materiales adecuadas ubicados alrededor de la ciudad. Escuchaba por todos lados hechos, opiniones o ideas sobre el azúcar. Casi cada persona tiene por lo menos algo para decir sobre el tema. Me preguntaba sobre la interacción entre el pueblo y el azúcar. ¿Cómo ha desarrollado esta relación?
Este trabajo presentará una historia de la caña de azúcar en Tucumán, enfocando en el cierre de los once ingenios tucumanos por el gobierno militar de Juan Carlos Onganía en 1966. Tratará de describir la relación entre el azúcar y la sociedad tucumana para que se tenga una mejor idea de la situación actual. Una discusión de la evolución de la industria azucarera y la crisis económica y social causada por el cierre de los ingenios nos ayuda a entender la realidad de la provincia, pero me doy cuenta después de investigar este tema que para entender la actualidad en Tucumán se necesitaría un estudio histórico mucho más amplio y complejo que un estudio sólo sobre el azúcar. Sin embargo, esta investigación nos sirve para comprender un aspecto muy importante de Tucumán.
Los inicios: la formación de una industria tucumana
La introducción de la caña de azúcar en la región de Tucumán fue realizada por los Jesuitas en 1750. En su convento de San José en Lules plantaron caña y fabricaron azúcar con trapiches de madera movido por mulas. El azúcar que producían servía para su consumo personal y para la pequeña población bajo de su influencia. Con la expulsión de los Jesuitas en 1767 casi desapareció el cultivo de caña hasta 1821 con el obispo tucumano, José Eusebio Colombres.
Con Colombres empezó la difusión del cultivo de caña de azúcar en la provincia. Colombres sembró caña al margen de San Miguel de Tucumán en el bajo (el actual parque de 9 de Julio.) Otros empezaron a tomar su ejemplo y así creció el cultivo de caña y la producción del azúcar, transformando la economía de Tucumán. Esta nueva expansión económica llevaría cambios importantes en la sociedad tucumana. La producción de azúcar incluye diversas tareas como la siembra, la cosecha, la colección, el transporte y la fabricación del azúcar en los ingenios que requieren una mano de obra disponible.
El crecimiento de la producción de azúcar experimentó un cambio importante en 1876 con la llegada del ferrocarril. El nuevo modo de transporte a Tucumán, traído por el presidente tucumano Nicolás Avellanada, permitió la industrialización de la producción de azúcar. Facilitó el transporte de maquinaria moderna importada de París, Lilas, San Quintín y Liverpool. Llegaron nuevos trapiches de hierro, motores de vapor y nuevos conocimientos técnicos. Además, permitió el azúcar tucumana llegar a otros mercados. Antes, se distribuía el azúcar tucumana en los mercados locales y regionales, pero ahora el producto podía entrar al mercado del litoral. La masiva inmigración europea y el auge de exportaciones de Argentina contribuían a esta expansión. Con esta modernización vino una consolidación en la producción; de las 82 fábricas de azúcar que había en 1877 quedaban sólo 34 en 1881. Al mismo tiempo, con la nueva capacidad de los ingenios aumentó la cantidad de cañaverales. El crecimiento de la agroindustria permitió el desalojo del azúcar importada en el mercado nacional en 1895 (Campi 1999, p 1.)
Sin describir en detalle la historiografía, es importante mencionar que la mayoría del debate historiográfico sobre la agroindustria azucarera se enfoque en esta primera época de la industrialización. Daniel Campi, un historiador y profesor en la Universidad Nacional de Tucumán, en colaboración con María Celia Bravo explica este debate en “La agroindustria azucarera argentina. Resumen historiográfico y fuentes”, muestra la cantidad de trabajos sobre la industria azucarera a los fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Estos trabajos discuten los aspectos políticos, económicos y sociales de la industria. Era una época crucial en el desarrollo del Noroeste y el Estado central; se nota en los temas de los autores la importancia regional de Tucumán y su influencia en la formación del Estado central. Además, la base de la sociedad tucumana del siglo XX estaba surgiendo en este periodo: la clase obrera, los trabajadores, la estructura laboral, la clase campesina, las migraciones y una nueva burguesía. Estos cambios sociales reciben amplia atención historiográfica. La historiografía, también, sigue la relación entre la política, la agroindustria y el proteccionismo.
El proteccionismo: la política azucarera
Para llegar a una investigación del cierre de los ingenios en 1966 por el gobierno nacional, es importante hablar de la política azucarera en el fin del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Se tiene que entender que la industria azucarera siempre ha estado asociada a la intervención del Estado.
“Bill Albert y Adrian Graves, especialistas en la historia de la economía azucarera mundial, observaron que el azúcar fue, desde sus orígenes, el más político de los bienes del comercio mundial, porque todos los países productores desarrollaron tempranas –y permanentes- estrategias para asegurar la protección de sus mercados y la conquista de los ajenos” (Pucci 2006, p 20.)
Los cambios en el gobierno, las evoluciones ideológicas, cuestiones sociales y obviamente los cambios en el mercado nacional e internacional son factores que han afectado la política azucarera en Argentina. En el ámbito de este trabajo basta con dar algunos puntos importantes para mostrar esta relación.
El Estado nacional intentó desde 1884 proteger el azúcar argentina del azúcar importada con aranceles aduaneros. Una ley en 1904 introdujo primas a favor de la exportación, pero protestas en Buenos Aires causaron que fuera suprimida (Pucci 2006, p 21.) Para aliviar demandas proteccionistas de los productores y industriales en el interior, formó la Ley Saavedra Lamas en 1912. Esta ley parecía proteger el mercado interno, pero si el precio interno subía más que un precio fijo, eliminaban la protección. Fue usada varias veces por el gobierno para eliminar un alza en el precio de azúcar.
Con este ejemplo, el historiador y profesor en la Universidad Nacional de Tucumán, Roberto Pucci, en su nuevo libro Tucumán 1966: Historia de la destrucción de una provincia plantea el argumento que el proteccionismo del Estado era nada más que una fachada. “Cien años de reiteración sistemática de ese sonsonete acerca del ‘desmedido proteccionismo azucarero’ y de la ‘provincia subsidiada’ impusieron esa idea que no era más que una ficción” (Pucci 2006, p 20.) Según Pucci, el gobierno nacional quería mantener un precio bajo del azúcar limitando sus exportaciones para favorecer sus intereses en la producción agro-ganadero de la pampa.
Campi en su articulo sobre la historia de la política azucarera en Argentina describe el impacto del gobierno con respecto a las grandes zafras en 1925, 1926 y 1927. El estado mantenía aranceles bajos al azúcar importada causando un descenso grave en el precio. En respuesta había enfrentamientos entre los cañeros e industriales. Para calmar el problema y terminar las huelgas, el Estado inició una ley proteccionista (que existe hasta hoy) para proteger a los cañeros independientes (la mayoría en Tucumán.) El Laudo Alvear garantiza que los productores independientes de caña reciben 50 por ciento de la ganancia del azúcar producida. Además, las grandes zafras causaron una regulación de producción por los gobiernos conservativos (Campi 1990, p 2.)
Durante el gobierno de Perón la política azucarera experimentó cambios importantes que se reflejaba en la agroindustria y la sociedad tucumana. ”No marcaría un punto de inflexión con relación a las prácticas intervencionistas y regulatorias de los gobiernos conservadores, aunque sería muy sensible a los reclamos de sus bases sociales, en particular los obreros de fábricas y plantaciones y los campesinos minifundistas tucumanos” (Campi 1990, p 6.) Campi sigue explicando la política de Perón; era una política de subsidios y regulaciones del estado a favor de los cañeros independientes, los industriales menos productivos y los trabajadores (Campi 1990, p 7.) La participación y actividad sindicalista aumentaron mucho en Tucumán. Había más huelgas y demandas de los trabajadores. El importante y poderoso sindicato, Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (F.O.T.I.A.) lanzó un ofensivo por aumentos en salarías. Y como en todo el país, las salarías de los trabajadores mejoraron en esta época (Campi 1990, p 6.) Junto con los subsidios del peronismo vino un gran déficit del Estado a causa de un descenso en la productividad de los ingenios. Las actividades fuertes de los sindicatos en Tucumán y los problemas financieros serían importantes para la decisión del gobierno de Onganía cerrar los ingenios tucumanos.
El cierre de los 11 ingenios tucumanos: los antecedentes
Existe una bibliografía débil y vacía en la historiografía de la agroindustria azucarera en Argentina con relación al cierre de los ingenios en 1966. Es un acontecimiento reconocido por los tucumanos, pero parece un tema poco trabajado en el mundo académico. Para realizar este trabajo he hablado con varias personas para recoger la información necesaria. Mis fuentes sobre el cierre combinan puntos de vistas distintos y son sólo cuatro. Bastan para este trabajo, pero necesitaría investigar más para una investigación científica. Acá voy a presentar los antecedentes del cierre de las varias opiniones de mis fuentes.
Daniel Campi toca el tema brevemente en su articulo sobre la historia de la política azucarera en Argentina. Campi explica los cambios en la política azucarera a partir de 1959 caracterizados por una tendencia liberal. El gobierno trataba de promover el mercado libre para revitalizar la industria. Eliminó varias restricciones como por ejemplo de la compra-venta de la caña y el precio máximo en el mercado interno. Estas medidas favorecían a los grandes ingenios y productores mientras que causaban problemas para los pequeños productores. Campi atribuye la grave crisis azucarera que motivó el cierre de los ingenios a “la drástica reducción crediticia oficial que la afectó [a la industria azucarera tucumana] particularmente” (Campi 1990, p 10.) La caída del precio del azúcar justo con una sobreproducción en 1965 causó que muchos ingenios no podían pagar sus deudas. Sindicatos en huelga, marchas a la ciudad y ocupaciones de fábricas provocaron la intervención del Estado en agosto de 1966. El gobierno militar de Juan Carlos Onganía llegó al poder por un golpe de Estado el 28 de julio 1966. Con su interese en gran capital vio la intervención y cierre como la única manera para salvar la industria (Campi 1990, p 11.)
El extenso libro de Roberto Pucci (todavía no publicado- me prestó un manuscrito) plantea una opinión fuerte sobre el cierre de los ingenios. Sería imposible explicar y comentar de todo lo que dice Pucci en su libro en el ámbito de este trabajo. Pucci explica las acciones contra los ingenios tucumanos en gran parte por una ideología en Buenos Aires contra la provincia de Tucumán y su industria azucarera. La tensión entre la capital y el interior no era algo nuevo ni ha desaparecido hoy en día. Como mencionado arriba, había política de la capital para favorecer su industria y dañar la industria tucumana. En la década de 1960 circulaba rumores sobre el “problema tucumano” que tenía que ver con su industria improductiva y su movimiento sindical demasiado fuerte. Pucci niega las razones de aquel gobierno para justificar su intervención militar en 11 de los 27 ingenios tucumanos. Por ejemplo, cita la productividad de los ingenios y sus inversiones para mejorar su tecnología en los principios de la década de 1960 (Pucci 2006, p 30.) Pucci, también, habla de los problemas financieros a causa de la falta del Banco de la Nación para dar créditos. Además, Pucci niega la justificación del gobierno de Onganía que se tenía que diversificar la producción en Tucumán. Pucci muestra que antes de la intervención del Estado en 1966 que la producción en Tucumán era muy diversa citando la producción de limón, palta, ganadería, maíz, productos metales etc. (Pucci 2006, p 90-93.)
Otra causa del cierre para Pucci es la influencia de los ingenios del Norte grande (Salta y Jujuy) en los asuntos de Buenos Aires. Pucci acentúa la influencia del porteño Herminio Arrieta, el dueño del gran ingenio Ledesma en Jujuy. “Arrieta y su yerno Carlos Blaquier participaron activamente en la gestación del golpe de Estado e intervinieron en diseño de la estrategia aplicada por Salimei y Krieger Vasena” (Pucci 2006, p 45) - Jorge Néstor Salimei llevó al cabo el plan militar para cerrar los ingenios tucumanos que se llamaba la “solución final”. Las relaciones intimas entre Arrieta y su ingenio Ledesma y Buenos Aires parece un factor innegable en el acontecimiento de 1966 considerando cómo estos actores beneficiarían con la desaparición de 40 por ciento de los ingenios en Tucumán.
No puedo explicar acá la situación social en Tucumán que también influía la intervención militar, pero debo mencionar que es una parte importante del libro de Pucci. Él cuenta de los varios movimientos sindicales, la organización cooperativa en el campo en y en varios ingenios, la colaboración de tucumanos en el cierre, el estatus de los empresarios y la historia de La Compañía Azucarera Tucumana (CAT.) CAT era el blanco principal del cierre masivo de Onganía. Representaba 20 por ciento de la producción del azúcar en Tucumán y cuatro de cinco ingenios fueron victimas del cierre. Pucci dice, “En 1966, casi todo el país aplaudió aquella agresión salvaje del poder central, y una gran parte de los tucumanos también, abrumados por una propaganda antiazucarera” (La Gaceta 2005, p 88.)
Hice una entrevista con el ingeniero Carlos del Ingenio La Florida, quien plantea la explicación más conservadora. La opinión de Carlos nos sirve para mostrar una perspectiva de alguien importante en la industria. Según él, el cierre fue necesario para sanear la industria azucarera tucumana. Los ingenios fueron cerrados porque tenían problemas graves económicos; no podían pagar su deuda y eran improductivos. Carlos reconoce la importancia que pudiera tener los grandes ingenios de Salta y Jujuy en la decisión por su influencia en el gobierno nacional. Para Carlos, sin embargo, era una cuestión principalmente económica.
El cierre: la intervención militar y los efectos
Hice otra entrevista con un poeta, Pino, quien nació en 1949 en el pueblo del ingenio Santa Ana. Pino siempre quería trabajar en el ingenio como su padre, pero el ingenio fue cerrado en 1966. De todas maneras, Pino se considera un obrero; lleva el uniforme caqui de un obrero azucarero y trabaja con sus palabras. Pino me contó con pasión sobre Santa Ana- el ingenio, el pueblo y la sociedad que conocía desde niño. Santa Ana se llamaba el coloso de Sudamérica porque por un tiempo era el ingenio más grande del continente. Después de su primera molienda en 1890, Santa Ana creció; su pueblo tenía 18 colonias con un total de 18,000 habitantes. Pino se acuerda de la comunidad vibrante con escuelas, casas de materiales, hospitales, equipos de deportes, teléfonos en las casas y el ferrocarril. De la época de Perón, los obreros tenían sueldos respetables y vacaciones pagados. Después del cierre en octubre 1966 desapareció casi todo. Todos tenían que irse como parte del masivo éxodo tucumano. Pino se fue con su familia a Córdoba. Habían perdido su casa que era del ingenio, su trabajo y su papá contrajo problemas mentales.
Pino se acuerda que circulaba rumores sobre el cierre antes y que los obreros protestaban. Dice que los obreros tomaron control del ingenio para mostrar que todavía podía producir bien, pero los militares vinieron y sacaron a los obreros. Según Pino había resistencia pero porque no había solidaridad entre los ingenios, no podían resistir las fuerzas armadas.
Para Pino, el cierre de los ingenios representaba la invasión capitalista a Tucumán. Él cree que los Estados Unidos y el mundo capitalista tenía un papel importante en el derrocamiento del Presidente Arturo Illia por Onganía y en la decisión de cerrar los ingenios tucumanos. Me contó de los problemas que él asocia con el cierre- el deterioro de la educación, la salud, servicios públicos y el ferrocarril. Plantea que con el ingreso fuerte de capitalismo, descenso en la economía y un periodo de dictaduras que Tucumán perdió su identidad a partir de 1966.
Campi en su articulo reconoce el fracaso del plan de Onganía y de su plan subsecuente, Operativo Tucumano, para diversificar la economía tucumana. Explica que los problemas económicas y sociales que sufrían los tucumanos a partir del cierre requerían un nuevo intervensionismo para salvar la situación. Campi también da algunas cifras de la emigración de Tucumán. En 1965 había 930,000 habitantes en Tucumán y en 1970 sólo 766,000 (Campi 1990, p 11.)
El libro de Pucci provee muchos detalles sobre el cierre y sus afectos en Tucumán mostrando claramente el desastre económico y social que causó. Este trabajo ya se hace muy largo, así que acá sólo puedo resumir un poco. La noche del 21 de agosto de 1966 los militares iniciaron el plan de Salimei y el gobierno de Onganía. Dictaron el decreto 16.926 que “disponía la intervención, cierre y desmantelamiento inmediato de siete fábricas azucareras de Tucumán” (Pucci 2006, p 37.) El plan terminaría con el cierre de 11 de los 27 ingenios tucumanos dejando 50,000 obreros y empleados sin trabajo y la exclusión de cerca de 11,000 pequeños cañeros. El cierre forzado produjo una caída del producto bruto provincial del 35% (Pucci 2006, p 39-40.) Entre 200,000 y 250,000 tucumanos- cerca del 30% de la población- tenían que emigrar de la provincia. La mayoría emigraron a Buenos Aires donde el aumento en mano de obra causó una caída en salarías. Los pueblos azucareros quedaban vacíos; “el cierre no fue un mero cierre fabril, sino la muerte de pueblos enteros” (Pucci 2006, p 79.) Además había un incremento en la mortalidad infantil en una provincia con una tasa siempre muy elevada (Pucci 2006, p 80.) Estos son algunos de los efectos más inmediatos, pero Pucci también describe los problemas sociales que ocurrían al largo plazo. Por ejemplo, el régimen militar, aparte de romper la economía provincial, sacó fondos para la educación causando un movimiento estudiantil combinado con los obreros. El enorme movimiento popular se llamaba el tucumanazo que causó otros importantes movimientos populares en las otras ciudades importantes del país.
En contraste completo con mi entrevista con Pino, el ingeniero Carlos cree que el cierre permitía el crecimiento económico de la industria en los últimos años. Él esta disfrutando los éxitos recientes del azúcar tucumana. Las zafras de 2005 y 2006 eran récordes y la industria seguirá creciendo. Ahora hay sólo cinco dueños de los 15 ingenios que quedan en la provincia. Los dueños han mejorado las condiciones de los obreros y han trabajado juntos para crear una industria sana. Con visiones de crecimiento económico e inversiones, los dueños quieren crear un Noroeste Argentina que no sea dependiente de Buenos Aires. Enfocan en la productividad para crecer. Obviamente los empresarios controlan la riqueza de la industria. Hay menos circulación del capital porque hay mucho menos mano de obra después de la maquinización de la industria. La cosecha manual ha desaparecido casi completamente dejando muchos trabajadores sin trabajo. Esta consolidación de la agroindustria que en la opinión de Carlos empezó con el cierre de los ingenios ha permitido su crecimiento. Sin embargo, Carlos reconoce las dificultades que ha experimentado el azúcar tucumana. Dice que una industria que depende tanto en el precio del mercado y en el Estado es una industria que sufre muchos cambios. Ahora, el gran problema que enfrenta la industria azucarera es su impacto al medio ambiente. La presión fuerte mundial ha causado que la industria está buscando resoluciones para sus problemas ambientales. La consolidación también facilita este proceso.
Conclusiones
Este trabajo intenta a mostrar la relación importante entre la historia tucumana y el azúcar. En su ámbito sólo se puede desarrollar algunos puntos importantes para mostrar la interacción entre la agroindustria azucarera y la sociedad, economía y política. Hemos visto esta importancia desde los comienzos de la industria con Obispo Colombres en 1821. Con el cierre de los ingenios en 1966 Tucumán sufrió un golpe. La importancia del azúcar en sociedad causó que esta intervención militar dañaba mucho a la población. Yo veo decadencia en Tucumán- en contraste con las descripciones que se cuentan sobre la historia importante de esta provincia. No es cierto que el cierre pueda explicar esta decadencia. Por supuesto hay muchos otros factores (como la deuda externa) que han contribuido a la pobreza, empeoramiento de la educación y servicios públicos y casi desaparición del ferrocarril, pero me parece que el cierre de los ingenios era un gran factor. Ahora, la industria azucarera no tiene un papel tan importante en la sociedad tucumana, pero la importancia de ella todavía es eminente. Por ejemplo, los problemas ambientales que causa la industria están llamando la atención de la prensa y el pueblo. Los ingenios reconocen el problema y necesitan seguir buscando resoluciones.
Bibliografía
Campi, Daniel. “La agroindustria azucarera argentina. Resumen historiográfico y fuentes” (en colaboración con María Celia Bravo). En América Latina en la historia económica. Boletín de Fuentes, Nº 11, Instituto Mora, México, 1999, pp. 73-93.
Campi, Daniel. "Argentine Sugar Policy 1945-1990: Regulation and Crisis". (no publicado). En International Sugar Economy Conference, School of Economic and Social Studies, Norwich, University of East Anglia, 1990. Aprobada su publicación por Edimburgo University Press en un volumen editado por Bill Albert y Adrian Graves.
Pucci, Roberto. Tucumán 1966: Historia de la destrucción de una provincia. 2006. Todavía no publicado.
Rosenzvaig, Eduardo. Historia social de Tucumán y del azúcar. Universidad Nacional de Tucumán: Tucumán. 1986.
“De la catástrofe de 1966 al boom azucarero de 2005” La Gaceta. Anuario 2005. San Miguel de Tucumán: 30 de diciembre de 2005.
Entrevista con ingeniero Carlos (no incluyo su apellido)
Dylan Wajda-Levie
1/12/06

Alejandro Alvarado dijo
Hola felicitaciones por esta página, muy interesante.
Me gustaría saber cuáles fueron los ingenios que cerró Onganía o que me dijeras dónde puedo encontrar la lista
20 Diciembre 2007 | 01:16 PM