Douglas McRae
Curso de Cuaderno
Profesora Liria Evangelista
1 de diciembre de 2006

Vámonos al fandango: el son jarocho en la ciudad de Xalapa

Antes de llegar a Xalapa, Veracruz para empezar mis estudios en el extranjero, una profesora me avisó sobre un artículo que vio en el periódico The Burlington Free Press que fue escrito sobre, por casualidad, la escena de música folklórica en la ciudad donde iba a vivir, destacando un estilo musical tradicional se llama son jarocho. Lo leí con mucho gusto, pues además del hecho que todavía no sabía tanta información sobre mi sitio de estudiar, me encanta la música y su presentación en vivo. Por ello, esperé ansiosamente durante los tres meses antes de mi despedida de los Estados Unidos, quedando el conocimiento que a pesar de cualquier duda que yo tenía sobre mi experiencia, un nuevo estilo de músico me esperaba en aquella ciudad entre los Sierra Madres Orientales. Sin embargo, un artículo escrito por un periodista turístico en menos que 500 palabras no puede comunicar en una manera suficiente las dimensiones del son jarocho, cuyas raíces están en el siglo XVII en la historia y tradiciones mestizas de la Costa Golfa de México. Sin embargo, todavía se puede encontrar vivo entre los jóvenes de la población, como una manera de diversión y expresión, según mi primera fuente: “…que revela las alegrías y tristezas, los injusticias y locuras de la vida, el amor, y la política.”-1
Cuando llegué a México, no me di cuenta inmediatamente de yo investigaría el son jarocho a fondo, y aún cuando empecé mis investigaciones, no supe inmediatamente el rumbo en el cual me tomaría. Mis primeras experiencias con el son jarocho comenzaron durante mi segunda semana mientras yo exploraba el área alrededor de la USBI (la biblioteca grande que pertenece a la Universidad Veracruzana). Mientras yo pasaba por los jardines y terrazas, oí música emanada desde el gimnasio, que queda entre otras facilidades deportivas en la misma área de la USBI. Subí el montículo con el gimnasio en cima y anduve por una entrada arriba de la cancha. Vi por abajo un grupo de bailadores, vestido en trajes blancos y bailando por los tonos de tres músicos, los cuales fueron cantando y tocando un arpa de tamaño medio y unos instrumentos que me pareció dos guitarras chiquitas, que sonaban como el instrumento que ya reconocí como la mandolín. Una audiencia miraba atentamente la presentación, mientras desde arriba, también miré con interés y paulatinamente me di cuenta de que esta exposición formal era una presentación de son jarocho que he leído hace unos meses. El arpista tocaba con una rapidez increíble, y las letras cantadas volaban desde las bocas sin significado, mientras la audiencia enfocaba en las bailarinas girando en su ropa tradicional. Para mí, sin embargo, algo en la técnica asombrosa de los músicos capturó mi atención. No estaba seguro lo que había imaginado, y aunque me pareció en aquel momento más un estilo para una audiencia más mayor y interesado por los costumbres tradicionales, decidí que valdría la pena investigar el papel de está música en Xalapa, aunque no me parezca que un estilo tan tradicional podría caber en este creciendo centro urbano.
Ahora yo quisiera explicar para el lector unas características mas definidas del son jarocho, por lo menos las descripciones que ofrecen los libros escritos sobre la música folklórica mexicana. El término son jarocho denota un estilo general de música, además de una particularización regional. Jas Reuter describe la designación son como “ambiguo”, pero él ofrece unas características que se puede encontrar en son mexicano: música profana y festiva, ligación con baile, cierta estructura instrumental/cantada, estrofas organizadas en cuartas, un “coro” que se hacen un eco de un cantante principal, una cierta longitud y elemento de improvisación, una variedad de interjecciones por los músicos para expresar emoción, y finalmente una predominancia de instrumentos de cuerda. Entre esta amplia descripción del son, la modificación jarocho indica la pertenencia de la costa del Golfo, en particular el Puerto de Veracruz pero desde el estado de Tabasco hasta las tierras altas de Córdoba y Xalapa. Según Thomas Stanford, los instrumentos pueden incluir la jarana, y el vihuela (o mas bien, el requinto), pero más que nada el arpa es “absolutamente obligatorio”. Mientras la jarana toca rasgueos rítmicos, el requinto y el arpa proporciona la melodía, además del voz humana. Con está descripción, tenemos por lo menos una idea vaga sobre los elementos que componen el son jarocho. Encima de todo, lo importante es la idea de un estilo de música caracterizada como “mestiza”, o sea representativa de una combinación de la cultura español, indígena, y africana que constituye una tradición cultural en México.-2
Repasando el último párrafo, me doy cuenta de la amplitud de la descripción académica, la cual tal vez sea difícil entender para el lector que no conozca la jarana, el requinto, o aún un sentido del sonido de la música. Me encontré en la misma posición al comienzo de mis investigaciones, entonces iba a buscar para grabaciones. No estuve seguro en aquel momento que sería tan fácil asistir a otra presentación viva: ya mencioné casualmente a un amigo mexicano que tenía interés en son jarocho y me gustaría saber donde presentan los músicos locales. Su repuesta fue, con un rostro de aversión: “No me gusta mucho el son jarocho, las canciones duran demasiado tiempo.” Cuando adquirí mis primeras compilaciones de son jarocho (una de un vendedor en la calle, otra de la colección de discos de mis anfitriones), no entendí lo que había sido refiriendo. Las canciones duraron muy poco tiempo, y la única semejanza entre las canciones fue la instrumentación rápida de tonos del arpa y rasgueos de los instrumentos cuerdas. La primera canción que ganó mi atención fue una de las más bien conocidas de la tradición son jarocho, se llama “La Bamba.” En los Estados Unidos, conocimos la versión de Ritchie Valens que tuvo éxito durante los años 50, pero en la presentación tradicional, se desaparecen los elementos de rock y se reemplaza los del son y el ritmo fluido de los instrumentos tradicionales. Las letras de “La Bamba” empiezan:
Para bailar La Bamba, para bailar La Bamba
Se necesita una poca de gracia
Una poca de gracia y otra cosita
Ya arriba arriba, ay arriba arriba
Yo no soy marinero, yo no soy marinero, por ti seré…
-3
Las letras para “La Bamba” y otras son coquetas ya que representan el cortejazo entre una pareja, o sea una pareja de bailadores que aunque bailan muy cerca, nunca se tocan. Me interesó que otra canción se llama “La Manta” usa prácticamente la misma introducción cantada que “La Bamba”, pero substituye “Para cantar La Manta” en lugar de “Para bailar La Bamba.” Además, las letras de “La Manta” urgen: “Vámanos al fandango para bailar, para bailar.” Claro que ya escuché la palabra fandango, pero no podía definirlo. Tal vez debería haber sido mi próximo trabajo de investigación: irme al fandango.-4
De vez en cuando yo vería en el centro de la ciudad unas presentaciones de son jarocho similar de la que había visto en el gimnasio (y a veces músicos caminando por la ciudad llevando sus arpas abultados) pero nunca tenía tiempo para pararme y hacer una observación detallada. Sin embargo, veía con más frecuencia jaraneros (o sea los que tocan la jarana, una guitarrita de ocho cuerdas) improvisando entre sus clases en la Facultad de Humanidades, donde yo llevaba mis materias. Después de un rato, me di cuenta de varios anuncios alrededor de los salones, anunciando un fandango que iba a suceder durante el fin de semana en un lugar el Patio Muñoz cerca el centro. Por fin yo tendría la oportunidad a sentarme y observar en una manera más fina los elementos de son jarocho, y tal vez descubriría el significado del fandango. Pero no sabía que más que una noche de música me esperara ahí.
Llegué con una amiga en una noche lluviosa al Patio Muñoz, un centro de estudios y departamentos de artistas. El escenario y las sillas para la audiencia fueron amparados por sábanas plásticas, debido al temperamento feo en aquella noche de Tlaloc, dios de la lluvia (como bromeó el introductor al comienzo del concierto.) El grupo que tocó se llamaba Ramón Gutiérrez con su Amigos, y consistía en una jarana, un requinto, un contrabajo, y un bajo eléctrico (¡!). Y la chiste fue que no hubo ninguno arpa en vista, la cual el instrumento era principal del son jarocho según mis fuentes. Tomamos nuestras tamales y toritos y miramos mientras Ramón Gutiérrez llevó su grupo en un serie de canciones, cantando y tocando el requinto, el cual también parecido de una guitarrita y conteniendo cinco cuerdas. En contraste a la jarana, el requinto (como sugiere el nombre-5) toca primariamente pasajes melódicas, y el requinto tocaría turnos con el bajo eléctrico en ejecutando improvisaciones, las que no parecería ajenas de lo cual se pudiera escuchar un “folk jam” en los Estados Unidos. Las canciones todavía mantuvieron su sonido jarocho (rasgueos rápidos, ritmos de baile, cantar en voz tenor) a pesar de la adición del instrumento eléctrico, la cual para mí representaba una conjunción entre el estilo tradicional y los sabores modernos. Después de un rato, se acabó este grupo, y comenzó el fandango en serio.
Durante la presentación, me di cuenta que llegaban muchos jóvenes con jaranas, y además un número de muchachas llevando faldas largas y zapatillas. Justo después del fin del primer grupo, los jaraneros se movieron alrededor del estrado, y después de pocas palabras, se lanzan en una progresión rápida de acordes. Es importante fijar que no había solamente un poco, pero veinte o más jaraneros tocando al mismo tiempo. La jarana promedia tiene medido de 70 centímetros, pero había jaranas de todos tamaños, aún las más diminuidas se llaman “mosquitos.” De repente un jaranero empezó a cantar durante un verso. Como si hubiera una señal secreta, otro jaranero continuaría con el siguiente verso. Paulatinamente, las muchachas llevando faldas alcanzaron el estrado, y me di cuenta que habían llegado para bailar. En grupos de cuatro, las bailadoras subieron el estrado y bailaron en parejas, sin tocando pero girando y zapateando fuertemente en tiempo con las jaranas. Era difícil determinar cuando una canción acabó y otra empezó. Pensé escuchar algunas que ya conocí, como “La Guacamaya” y “La Bamba” pero suponía que muchas de las estrofas fueron improvisadas por los músicos. La tradición jarocha (según) dicta que las estrofas siguen la forma de la cuarteta, sexteta, y décima, (como la poesía española), y me pareció una patrón entre los intercambios de los cantantes. Después de casi veinticinco minutos (¡la razón de la queja de mi otro amigo!), los jaraneros se pararon para un descanso, pero después de un ratito, empezaron otra vez, mientras la lluvia se caía en las sábanas arriba.-6
Ya experimenté el fandango, pero quería regresar al Patio Muñoz, para tomar fotos y además para observar dos experiencias distintas. Entonces, unas semanas después del primero, estuve de vuelta en la audiencia del fandango, comiendo los antojitos de los vendedores del patio. Por lo visto mucha de la gente de la última vez estuvo de vuelta también. Otro grupo tocó para empezar, un grupo con integrantes más menores se llamaban Los Maquiles, que consistía en tres jaranas, un requinto, un bajo, y una cajón para percusión (y todavía no arpa). Todos los integrantes compartían el cantar, cambiando cada ocho medidos y a veces cantando al mismo tiempo. Comparado con la última vez, Los Macuiles sonaban más tradicional, una cosa interesante dado que los integrantes eran jóvenes. La única jaranera del grupo alternaría entre tocar, cantar, y bailar, una combinación verdadera de lo fandango. Los colores brillos de su vestimenta combinaban con los matices de las paredes del patio, mientras sus zapateos se metían con los ritmos y sonidos de sus compañeros. Cuando el fandango real empezó, me di cuenta del papel importante de los zapateos no solamente en acompañando pero también ajustando el ritmo. Además, vi un muchacho tocando lo que parecía una calavera de un caballo (pero más tarde averiguaría en la guía de Rafael Figueroa Hernández que fue una quijada de un burro), rozando un palito contra las dientes. Pero lo que más capturó mi atención en este fandango fue un anuncio dado entre Los Macuiles y el fandango real. El anfitrión anunció que el ejército había entrado a la ciudad de Oaxaca durante el día pasado para someter las manifestaciones populares y “mantener” la paz. Anunció que iba a haber una reunión para discutir maneras para apoyar el pueblo de Oaxaca, pero para los mexicanos en asistencia y yo, fue una noticia inquietante, especialmente en México donde el gobierno tiene una historia de violencia en tales situaciones. Sin embargo, el fandango siguió, y a pesar de los problemas cotidianos y nacionales de la vida, la comunidad jarocha continuaba celebrar sus “alegrías y tristezas.”-7
Una de mis compañeras de mi clase de arqueología, una muchacha se llama Andrea, asiste regularmente a los fandangos jarochos de Xalapa para bailar, y me dejó entrevistarle para obtener una idea única desde la perspectiva de una participante activa. Ella es xalapeña nativa, aunque su familia viene del D.F. y Villahermosa, Tabasco. Es decir, la música y danza jarocha no son tradiciones familiares para ella per sé, sino que aprendió a través de una materia artística de su secundaria, el Centro Escolar Xaletec de Xalapa. Cuando le pregunté si materias culturales que les enseñan en la secundaria son impulsados por el gobierno, ella respondió que es más bien una esfuerza de las escuelas privadas para señalar lo cultural y los “procesos sociales.” Bailadoras y jaraneros iguales tienen esta oportunidad para tomar la materia para aprender los aspectos del son de su región. Hace seis años que Andrea empezó a asistir a los fandangos, y me expresó que asistir a los fandangos es más bien para diversión, lo que hacen ella y sus amigas “en lugar a ir al androt.,-8” un pasatiempo popular en la ciudad universitaria de Xalapa. Ya había sentido que hubiera una cierta comunidad a dentro del Patio Muñoz, y con razón: los fandangos ofrecen diversión para un cierto tipo de persona, acaso alternativa pero por lo menos con interés en las tradiciones regionales.-9
Mientras continuábamos con nuestra plática, le pedí para sus propios pensamientos y opiniones del son jarocho. Obviamente, hay una contraste entre el son jarocho “académico”, o sea de los grupos universitarios o profesionales, y lo del fandango, y en particular le inquirí sobre este aspecto. Empezó a hablar sobre el “movimiento de jaraneros”, un lanzamiento con intención de crear orgullo nacional que inició hace veinte años, de hecho en gran parte debido al mismo Ramón Gutiérrez y su hermano Gilberto. A partir del inicio del movimiento jaranero, según Figueroa Hernández, también se puede fijar la apariencia de más grabaciones de son jarocho para preservar este estilo antiguo. Tal vez por ello podemos ver este resurgimiento entre la población joven. Mencioné también el hecho que no había visto un arpa en el fandango, y me respondió con una respuesta que ya sospeché. El arpa es considerada más un instrumento de la clase alta, pues la jarana es más accesible para cualquier nivel de la sociedad. Por eso, ella habló sobre los grupos arpistas con un poquito de disgusta, porque no representan el son jarocho del fandango popular en una manera correcta, ni por los instrumentos ni por el vestimenta o presentación de los bailadores. Claro que ella no asegura solamente el son jarocho “puro” de las comunidades rurales, como algunas personas, pero lo mejor para ella son los grupos jarochos que intentan a hacer una fusión con las tradiciones y sus conocimientos musicales modernos. Aunque el son jarocho ha durado a través de siglos, no simplemente ha quedado estático, y por ello sigue tener significado para una nueva generación hoy en día.-10
Este trabajo no ha sido un intento a contar la historia completa o una descripción de un etnomusicólogo, sino un intento explicar un viaje personal de descubrimiento. El son jarocho que encontré en los fandangos del Patio Muñoz era tan diferente del grupo que hallé en el gimnasio en aquella segunda semana. Entre los dos grupos hay gran diferencias en sonido, apariencia, y experiencia, y creo preferir el del fandango. No siempre es completamente cierto lo que se puede leer en libros o periódicos, no por mala intención, sino por la gran diversidad que se puede encontrar. Claro que el son jarocho del arpa es legítimo, pero para muchos el fandango mantiene una autenticidad accesible que continua atraer a gente de todas edades. Mencioné brevemente una fusión del jarocho y lo moderno, destacado en grupos semiprofesionales (hay un ejemplo bien conocido en Xalapa, el grupo Sonex) que no solamente llevan influencias de música popular (instrumentos eléctricos, elementos de jazz y rap) pero también llevan más influencias de los ritmos y estilos africanos que ya influyeron muchos de los estilos musicales latinos. La popularidad e influencia de los grupos de fusión es el tema de otro trabajo, pero señalan bien la continuidad del son jarocho hacia el porvenir. Me gustaría acabar con una cita de otro artículo que encontré acá sobre el son jarocho moderno, presentado en una exposición que sucedió durante octubre. Dice que:
“La expresión, la dinámica en el escenario y el mensaje [de los grupos presentando] se transformaron radicalmente. No más “Morenas”, “Toros”, Fandanguitos”, “Cocos” o “Brujas”-11 era el turno de los sones de escenario y de protesta, donde importa la variación que se torna espectáculo la ideología de izquierda sobre la tradición.”
De hecho el artículo destaca la controversia asociada con esta evolución de forma, citando el Patio Muñoz más adelante como fuente de esta influencia. Sin embargo, en el contexto de este trabajo se puede ver el papel importante para algunos del son jarocho en la vida social. Y eso me vuelve al primer artículo. Tal vez es imposible a resumir el son jarocho adecuadamente en 500 palabras (y ojala que tenga éxito en las 3000 de este trabajo), pero la cita del fin del fin del primer párrafo continua tener resonancia, ya que el son revela las alegrías y tristezas, las injusticias y locuras de la vida. La mejor manera sería venir y experimentarlo para su propio mismo.-12

Notas de Pie
1-Rafael Figueroa Hernández, Son jarocho: Guía Histórico-Musical. (México: Rafael Hernández Figueroa, 2000.); 9-10.
Robert Gauthier, “Treasure of the Sierra Madre.” The Burlington Free Press, Weekend, 9. 18 de mayo de 2006. Traducido por el autor de este trabajo.
2-Jas Reuter. La música popular en México. (México, D.F.: Panorama Editorial, 1994.); 154-163
Thomas Stanford, El Son Mexicano. (México, D.F.: Fondo de la Cultura Económica, 1984.); 47-48
3-Los orígenes históricos de “La Bamba” son muy interesantes, pero desafortunadamente no tenemos el tiempo o espacio en este trabajo para contarlas. No obstante, es importante tomar en cuenta que muchas canciones folklóricas a través del mundo tienen otros significados más siniestros. Un ejemplo sobresaliente en inglés sería el rimo juvenil de la época de la peste bubónica “Ring Around the Rosies.”
4-Arpas Nacionales de Jacinto Gatica. Sones Jarocho. (Antilla: 1992).
Tlen-Huicani. Jarocho. (Universidad Veracruzana/El Gobierno del Estado de Veracruz-Llave: Sonopress, 1991.)
Reuter, La música popular, 157.
5-La mejor traducción para el término general “requinto” sería “lead” (como “lead guitar”). Este término también se usa en la música mariachi para referir a la melodía tocado por la guitarra en imitación o armonía con la voz del cantante. (Mi ejemplo favorito de un requinto, personalmente, sería el requinto de la canción “El Mariachi,” grabado por Los Lobos para la película del mismo título y la más famosa de Antonio Banderas: Pistolero (o sea, Desperado).
6-Figueroa, Guía Histórico, 5, 9.
7-Ibid., 6.
8-Mexicanismo para “discoteca.” Por lo menos, creo que es único a México.
9-María Andrea Celis Ng Teajan, Entrevista Personal. 30 de noviembre de 2006.
10-Ibid.
Figueroa, Guía Histórico, 18.
11-Títulos de varios sones.
12-Celis Ng Teajan.
Juan Javier Mora-Rivera “Jóvenes Jaraneros: ¿Impactar es el Verbo?” Performance. 9-10. 16 de octubre de 2006.

Bibliografía
Celis Ng Teajan, Maria Andrea. Entrevista personal. 30 de noviembre de 2006.
Figueroa Hernández, Rafael. Son jarocho: Guía Histórico Musical. México: Rafael Hernández Figueroa, 2000.
Gauthier, Robert. “Treasure of the Sierra Madre.” The Burlington Free Press, Weekend, 9. 18 de mayo de 2006.
Mora Rivera, Juan Javier. “Jóvenes Jaraneros: ¿Impactar es el Verbo?” Performance. 9-10. 16 de octubre de 2006.
Reuter, Jas. La música popular en México. México, D.F.: Panorama Editorial, 1994.
Stanford, Thomas. El Son Mexicano. México, D.F.: Fondo de la Cultura Económica, 1984.
Grabaciones
Arpas Nacionales de Jacinto Gatica . Sones Jarochos. Antilla, 1992.
Tlen-Huicani. Jarocho. Universidad Veracruzana/El Gobierno del Estado de Veracruz-Llave: Sonopress, 1991.

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Me gustaría añadir unos MP3s del grupo Arpas Nacionales de Jacinto Gatica como suplementario, pero no sé el mejor método y admémas me canso de los problemas de formate del weblog. Si alguien tuviera una idea, me gustaría escucharla, pero dudo que a la mayoría le importe. Espero que uds puedan entender mis notas de pie.