Memoria de la dictadura
Este enero, vine a Buenos Aires como parte de una investigación sobre la educación argentina post-dictadura. En ese momento, mi intensión fue analizar la memoria colectiva de la dictadura transmitida a través de las escuelas públicas como indicación de la reconciliación colectiva con el tema de la dictadura. El valor y/o la necesidad de la transmisión de la memoria es un tema polémico en varios niveles, el más básico siendo que mantener una memoria viva de las traumas históricas niega la posibilidad social de “seguir adelante” y olvidar los momentos dolorosos en el interés del progreso económico-social (una perspectiva con raíces claramente neoliberales). Pero en el contexto de la dictadura la función de la memoria sirve tres propuestos principales. El primero es honrar los miles de argentinos cuyos derechos humanos y libertades civiles fueron comprometidos por la junta militar. Este objetivo puede ser completado por el desarrollo de una narrativa colectiva que explica no solo lo que había pasado, sino por qué pasó—una narrativa que examina el papel de los individuos y los grupos que fueron protagonistas durante el proceso de terrorismo del estado. El segundo propuesto es reestablecer una mirada crítica del gobierno y los procesos democráticos que fueron reprimidos durante la dictadura. Finalmente, una memoria del horror de la dictadura, de su violencia y represión traumática, puede asegurar que una falta de justicia tan grave nunca pasaría de nuevo.
Para entrar en la investigación planteé o explícitamente o implícitamente tres suposiciones principales: 1) que una memoria colectiva es posible, 2) que la historia colectiva y la memoria colectiva son iguales y 3) que la reconciliación es un proceso social necesariamente positivo del proceso de curación post-conflicto. Ahora, después de casi cinco meses rumiando el tema de la memoria de la dictadura, veo ciertos problemas con aquellas suposiciones. Este trabajo final problematizará estas suposiciones anteriores con el fin de crear un mejor acercamiento al tema de la transmisión de la memoria y una nueva mirada con respeto a la relación actual social con la dictadura.
Cuando empecé mi investigación, mi creencia en el valor de la memoria (algo que venía de los propuestos elaborados arriba) me convenció que la formación de una historia colectiva era posible. Supuse que la combinación de evidencia forense, procesos jurídicos, y testimonio personal sería suficiente para crear una vista clara y común del proceso de reorganización nacional. Ahora veo que la experiencia personal tiene tanta influencia en la memoria del pasado que me resulta difícil creer en la posibilidad de una historia colectiva con la coherencia necesaria para representar todo el país. Es imposible plantear que siquiera las experiencias de todos los individuos en todos los grupos perseguidos pueden ser combinados en armonía y acuerdo. Y ¿para qué sirve una historia tan generalizada como falta la complejidad de aquellas ricas narrativas? Disputas sobre la representación de la historia obviamente no terminan en la Argentina. ¿Cuántos conflictos históricos todavía enfrentan controversia, debate, y desacuerdo? Hoy en día, por ejemplo, hay tanto desacuerdo en los Estados Unidos sobre la representación de la Guerra de Secesión como nunca. ¿Cómo se puede combinar las experiencias diversas de una nación en una narrativa común? La cuestión de la formación de una historia común precede la cuestión de su transmisión pero, por suerte, la falta de una historia colectiva no imposibilita la transmisión de la memoria de la dictadura en el ámbito escolar.
Es importante señalar que hay unas diferencias fundamentales entre la historia y la memoria, la más obvia siendo que la memoria viene de un proceso personal de aprendizaje aún sea de experiencia directa o transmitida—así la memoria no pretende ser objetiva. El problema más grave de confundir el concepto de la memoria con lo de la historia es que realmente la historia deja afuera muchas fuentes ricas de información que sirven para construir una imagen mucho más completa del pasado. Los testimonios, por ejemplo, especialmente cuando presentados en un coro de muchas voces y perspectivas, crean una historia en viva que habla más allá de los hechos para comunicar una mirada mucho más memorable del pasado. Así, pueden servir como herramienta educativa bastante poderosa.
A partir del descubrimiento de las diversas formas de aprendizaje (oral, visual, etcétera) técnicas educativas alternativas—a menudo multimedias—han popularizado en las escuelas argentinas. Con respeto a la enseñanza de la dictadura y de la importancia de su recuerdo, ministerios de educación, organizaciones de derechos humanos, escuelas y docentes han innovado nuevas formas de transmitir la memoria. Por ejemplo, el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, conjunto con organizaciones de derechos humanos como Abuelas de Plaza de Mayo han diseñado videos, CD-ROMs interactivos y actividades especiales para el aula que utilizan los testimonios de varias figuras activas durante la dictadura para transmitir la historia de los últimos 30 años. Este esfuerzo alcanzó su cenit con el proyecto “A treinta años del golpe”, una serie de publicaciones del Ministerio de la Nación para distribución en todas las escuelas secundarias nacionales. Las publicaciones incluyen un CD ROM y un cuadernillo que usan imágenes y testimonios para mostrar cómo la memoria puede ser guardada en maneras únicas a cada uno y que entender en conjunto de estas memorias ofrece una vista mucho más compleja de la historia colectiva. Películas y documentales son otras herramientas a veces testimoniales que sirven para transmitir más que la historia en el aula.
Casi todos los materiales escolares circulados por los ministerios o por las organizaciones de derechos humanos (materiales de capacitación docente o de uso estudiantil) incluyen testimonios orales o escritos y generalmente usan explícitamente la palabra “memoria” en vez de “historia” para describir sus objetivos pedagógicos. Utilizados con fines educativos y en conjunto con otras fuentes históricas, los testimonios de primera mano pueden conectar al alumno con la historia y sirven para construir una vista del pasado a través de las memorias diversas. Así la transmisión de la memoria puede ofrecer muestra mucho más complejidad que una historia colectiva unidimensional que nunca sirve para representar una historia completa.
Un objetivo de la publicación de materiales educativos alternativos que tratan específicamente de la memoria de la dictadura es generar acercamientos frescos a la historia. Opera el punto de vista de que no se puede relegar un trauma tan significativo y recién al campo de la historia y que la discusión debe mantenerse siempre abierta para cumplir los tres propósitos de la memoria ya mencionados. Por eso, entiendo ahora una fuente importante de la resistencia al término “reconciliación” y que mi suposición que la reconciliación es una proceso social necesariamente positiva fue equivocada.
“Reconciliación” es un término bastante polémico en la Argentina, especialmente dentro del ámbito de derechos humanos. Para mí, el término tiene dos sentidos en el contexto de la dictadura: el primero señala el proceso social de entendimiento y recuperación de una situación traumática. El segundo es una reconstrucción de la convivencia agradable entre dos grupos o individuos. Para la gran mayoría de aquellos argentinos comprometidos con los derechos humanos, la reconciliación entre los militares y la sociedad civil es imposible por muchas razones, la mayoría de cuales vienen de la falta de persecución de miembros del ejército y la policía, grupos que rechazan actualmente procesos legales que pretenden investigar su responsabilidad por sus acciones durante la dictadura en un foro público. Pero aunque yo aceptaba la imposibilidad de la reconciliación entre los militares y la sociedad civil sin el tomo de responsabilidad, mi investigación inicial refleja que todavía pensaba que la sociedad por lo menos podría reconciliarse con su propia historia común como forma de mantener la memoria sin tener que quedarse con el dolor de la trauma.
Ahora me doy cuenta que, para muchos que vivían la dictadura, el término “reconciliación” realmente señala una cierra a su historia. Esta cierra puede ser extremadamente problemática porque cierra el debate público, la reevaluación y actualización del análisis y la lucha actual por los procesos jurídicos. La cuestión es cómo una sociedad puede cerrar el pasado si el pasado influye tanto la vida actual y las relaciones políticas, sociales y económicas del presente. Por eso es importante cuestionar no solo la posibilidad de reconciliación entre los militares y la sociedad civil, sino también el valor de la reconciliación social-interna que tiene posibilidad de tapar la discusión de la dictadura o cambiarla a un tema cerrado en el reino de la histiografía.
Para relacionar la cuestión de la reconciliación con las prácticas pedagógicas que promueven la transmisión de la memoria, cabe volver a mencionar el uso del testimonio. Una de las organizaciones más activas en la lucha para la memoria de la dictadura es Abuelas de Plaza de Mayo. El grupo es más conocido por su campañas a favor del derecho de la identidad, una tarea que muestra mucho compromiso con los hijos de los desaparecidos. Pero gran parte de su trabajo es la educación. En adición a sus publicaciones de materiales educativos, Abuelas tiene un proyecto de historia oral en los colegios. El proyecto ofrece una oportunidad a las madres o las abuelas de los desaparecidos a compartir sus experiencias en la forma de lectura y/o diálogo con alumnos típicamente del nivel secundario. Para Abuelas, mantener una memoria de aquellos argentinos robados de su identidad por la violencia y la represión de la junta militar el la única forma de llevar justicia que la Ley de Punto Final y la Ley de Obediencia Debida han prohibido los últimos veinte años. No buscan reconciliación y olvido del pasado, sino formas alternativas de mantener su memoria.
La transmisión de la memoria de la dictadura es claramente una preocupación del sistema educativo actual. Pero para poder analizar las maneras en que este objetivo es realizado en el aula, es importante prestar atención a la base teórica de cualquier investigación. Aunque empecé un trabajo posterior con suposiciones basadas en mis propias referencias culturales, una reevaluación de aquellas creencias automáticas me había quedado con nuevas perspectivas y conclusiones. Primero, es importante no presumir la posibilidad de una memoria colectiva. Como proyecto, es un trabajo extremadamente delicado y inevitablemente polémico que nunca puede lograr a comunicar una historia con actores reales que ofrecen una práctica activa de ella.
Segundo, en relación con el primer punto, es fácil confundir la historia por la memoria, pero existen diferencias importantes. Mientras la historia se compone de hechos más significativos desde una mirada amplia con referentes generales (todo el resto de la historia), la memoria vive en el acto de practicarla cotidianamente en las decisiones tomadas y la cultura vivida. Así tiene una cualidad distintivamente personal a comparación con la historia.
Es fundamental mencionar que valorizar la memoria no niega el valor de la historia. Documentos como Nunca Más han contribuido muchísimo al descubrimiento de la historia verdadera, una etapa esencial en la formación de una narrativa honesta y auténtica de la dictadura. Pero la transmisión de la memoria puede asegurar que aquella verdad permanece infinitamente en la conciencia popular.
Finalmente, el término “reconciliación” es muy sensible culturalmente y, en este contexto, puede no ser un proceso totalmente positivo. Una implicación importante de la palabra “reconciliación” es el fin de la discusión abierta de un suceso histórico, algo que niega directamente los fundamentos de la memoria. Reconciliarse implica que la necesidad de recordar ya no existe más, un insulto a los miles de individuos quienes identidades fueron borradas por el ejercito en un intento a borrar el valor y, últimamente la memoria de su trabajo político. La negación de reconciliación así puede ser interpretada como forma de reincorporar los desaparecidos diariamente en la conciencia popular a través de la memoria. Después de sus muertes y la represión, la violencia y censura cotidiana de la dictadura, la memoria se presenta como su propia forma de justicia que no busca reconciliación sino testimonio.
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