El VIH ha provocado una epidemia que se ha propagado a todos los continentes y países, según estimaciones de la ONU y OMS, se calcula para diciembre del año 2005, en todo el mundo un total de 40,3 millones de personas viviendo con VIH/SIDA.
Se estima que en el año 2005 el numero de nuevas infecciones fue cercano a los 5 millones de personas que en su mayoría no saben que están infectados por el virus de VIH y 700.000 serían menores de 15 años. Es decir que, aproximadamente, hubo 14.000 nuevas infecciones diarias de VIH.
El virus ha provocado consecuencias negativas. Ha causado retroceso en el desarrollo de países, terminando con millones de vidas ensanchando aún más la brecha entre pobres y ricos quebrantado así la seguridad social y económico. En casi todas las regiones, las persones que viven con el VIH ha aumentado salvo que una, el Caribe que es la segunda región mas castigada del mundo, después de África subsahariana que todavía tiene 2/3 de la población infectada, con 25,8 millones de personas que viven con el virus y 77% de las mujeres que viven con el virus.
Se calculó que América Latina y el Caribe hay 2,1 millones de niños y adultos viviendo con VIH , de los cuales 233 mil son nuevas infecciones. En este contexto, el avance del SIDA es un grave problema de salud pública cada vez más asociado a la pobreza. En Argentina implica alrededor de 32.000 casos de sida registrados y más de 150.000 personas infectadas, muchas de las cuales desconocen su situación. Como siempre, el virus tiene un perfil, eso tiene a ver con varios factores que contribuyen a la transmisión del virus. Hace veinte años la enfermedad se encontraba más dentro de la población gai así había 10 hombre por cada mujer con SIDA. Sin embargo, en los últimos años todo ha cambiado, la tendencia tanto en Argentina como en el mundo ilustra que la epidemia se disemina más entre mujeres y que la mayor concentración de casos de SIDA se presentó en edades sexualmente activas. La transmisión heterosexual constituye la vía de infección con más crecimiento y representó el 46% de los casos registrados a nivel nacional durante el año 2002. Esto implica el aumento significativo de la epidemia entre las mujeres -para quienes la transmisión por esta vía asciende al 80% de los casos- y específicamente, para las mujeres jóvenes, con el consiguiente impacto sobre la transmisión vertical, ya que éstas son quienes presentan tasas de fecundidad relativamente más altas. Asimismo, la cuarta parte de los casos corresponden a mujeres: la epidemia se está extendiendo entre la población femenina y no deja de crecer año tras año, concentrándose en edades sexualmente activas.
La mayor parte de los casos registrados de SIDA corresponden a menores de 35 años y la relación varón mujer es de 2.4 a 1 (datos 2004). Al concentrarse el desarrollo de la enfermedad entre los adultos jóvenes, se estima que hubo muchas posibilidades de haber adquirido el VIH durante la adolescencia, lo que pone en evidencia la alta vulnerabilidad de la población adolescente. En el año 2004 el 69% de los nuevos casos correspondieron a la transmisión por vía sexual: 85% de los casos femeninos por transmisión heterosexual y 65% de los casos masculinos, de los cuales 43% se registraron en varones heterosexuales y 22% en hombres que tienen sexo con hombres. El 21% de los casos correspondió a la transmisión por uso de drogas inyectables.
Los casos registrados de SIDA se concentran cada vez más en la población joven urbana, en especial entre aquellos con menor nivel educativo y baja calificación laboral. Si bien la mayor parte de la población cuenta con información general sobre prevención, esto no se traduce necesariamente en la adquisición de pautas de cuidado. Tal dificultad se observa con mayor frecuencia entre los sectores de pobreza, donde también se agudizan las inequidades de género.
En relación a lo expuesto, vale destacar que Argentina registra una de las tasas más altas de transmisión vertical dentro de América Latina: 6.7% del total de casos de sida registrados al 2004 Tal problema tiene una vinculación directa con el perfil que ha adquirido la epidemia de acuerdo a lo anteriormente mencionado, pero también con la dificultad de acceso a la atención primaria de la salud que tienen las mujeres pobres (servicios de salud reproductiva, control del embarazo, programas materno-infantiles), sector donde se concentran las tasas de fecundidad más altas.
También, el Sida afecta a los jóvenes, especialmente los que viven en situaciones de bajo recursos. Asimismo, la epidemia está afectando en mayor proporción a la población en condiciones de pobreza y/o con bajo nivel educativo. En este sentido, según datos del 2001, el 86% de los casos de sida registrados entre población de 15 a 34 años presenta escolaridad primaria completa como máximo nivel educativo alcanzado.
Además del nivel educativo, otros factores impactan sobre los jóvenes, aumentando su vulnerabilidad frente al VIH/sida: el inicio sexual temprano, las relaciones sexuales no planificadas o bajo coacción, el sexo no seguro y el consumo de alcohol y drogas. Esta vulnerabilidad es mayor entre los grupos más pobres y marginados, por el estigma y la discriminación, la dificultad de acceso a servicios de información, prevención y atención, y muchas veces por la falta de percepción de riesgos.
Según datos de la Subsecretaría de Atención a las Adicciones (Ministerio de Salud – Pcia. Bs. As) más del 60% consume alcohol y por lo menos la cuarta parte consumió alguna vez sustancias ilegales, especialmente marihuana y cocaína. En los últimos años se registró un aumento en el consumo de drogas, a la vez que disminuyó la edad de inicio y el nivel educativo de quienes consumen.
Según información relevada por FH durante el año 2003 sobre jóvenes de bajos recursos residentes en el Conurbano, los varones se inician sexualmente con un promedio de edad de 14 años y las mujeres de 15 años. Si bien el 72.2% de los /las adolescentes (15-19 años) usó preservativo en su primera relación sexual, en el grupo de 20-24 años lo hicieron sólo el 58.7% de las mujeres y el 49.7% de los varones, y la mitad de los entrevistados no usa preservativos cuando considera que está en una “pareja estable”. Los varones son quienes usan preservativo mayoritariamente con parejas ocasionales pero el 40% de las jóvenes no lo hizo en esos casos. En general el uso está más relacionado con evitar un embarazo que con la prevención del VIH/sida y otras ETS.
A partir del perfil socio- epidemiológico de la juventud en Argentina, y los datos oficiales en relación al VIH/SIDA en jóvenes y adolescentes entre 14 y 24 años de edad, se plantea la importancia de analizar este grupo de edad en forma individualizada respecto al resto de población y principalmente nuevos diagnósticos de infección por VIH, ya que este tipo de análisis puede brindar características respecto de la nueva tendencia de la epidemia, a grupos poblacionales más vulnerables, a comportamientos y prácticas de riesgo, etc., como así también brindar datos iniciales respecto de la incidencia de infección y por lo tanto reflejar evaluaciones de impacto de las acciones desarrolladas en el ámbito de prevención.
Por deficiencias en el control del embarazo, muchas veces las mujeres desconocen su serología y están expuestas -entre otros riesgos- a trasmitir el VIH en caso de estar infectadas, aún cuando los tratamientos existentes en la actualidad permiten evitar la transmisión de madre a hijo durante el embarazo en el 98% de los casos. A pesar de esto, desde el sector salud no hay una oferta suficiente en cantidad y calidad: muchos centros de salud ubicados en zonas marginales no cuentan con insumos y/o con personal capacitado, ni incluyen sistemáticamente la prevención del VIH/SIDA en los programas de salud materno-infantil y de salud sexual y reproductiva.
Los adolescentes con el grupo más vulnerable, porque si el desarrollo de la enfermedad se da mayormente en los adultos jóvenes, significa que hubo altas posibilidades de que contrajeran el virus durante la adolescencia. En cuanto al VIH/sida, el perfil que adoptó la epidemia en Argentina refleja el impacto que tiene esta problemática sobre la franja juvenil de menores recursos: los y las jóvenes representan la mitad de los nuevos casos de infección por VIH, afectando especialmente a la población heterosexual y de baja escolarización.
Los jóvenes de los sectores más pobres se desarrollan en espacios en los que la falta de contención, la marginalidad y la discriminación son circunstancias cotidianas. La debilidad de las redes sociales, la expulsión del sistema educativo y las dificultades de acceso al mercado laboral, en un contexto de creciente vulnerabilidad y pobreza, agudizan la exposición de este grupo a diversas problemáticas como la violencia, consumo de drogas, embarazos tempranos y/o no deseados, VIH/Sida y otras ETS.
En el Conurbano Bonaerense se concentra alrededor de 1/3 de la población del país. Allí residen más de 1.5 millones de jóvenes entre 15 y 24 años, 60% de los cuales viven en pobreza. El 45% de los jóvenes pobres está desocupado y el 66% queda prematuramente fuera del sistema educativo.
En relación al VIH/sida, en nuestro país existen más de 8000 casos de sida notificados en población de 15 a 29 años, siendo la población joven la más afectada por la epidemia. La Provincia de Buenos Aires concentra el 47% de los casos de sida registrados en el país, más de la mitad de éstos corresponden a población joven. El impacto del sida sobre los adultos jóvenes está indicando la alta vulnerabilidad de los y las adolescentes frente a la transmisión del VIH.
La transmisión heterosexual es la vía de infección de mayor crecimiento; esto implica el aumento de la infección entre las mujeres: la relación varón/mujer es de 2.07 en la provincia de Buenos Aires. La mayor parte de los nuevos casos de sida en mujeres ocurren por transmisión sexual, lo que incide sobre la transmisión vertical y especialmente entre las mujeres jóvenes, quienes presentan las tasas de fecundidad relativa más altas.
Asimismo, la epidemia está afectando en mayor proporción a la población en condiciones de pobreza y/o con bajo nivel educativo. En este sentido, según datos del 2001, el 86% de los casos de sida registrados entre población de 15 a 34 años presenta escolaridad primaria completa como máximo nivel educativo alcanzado.
Además del nivel educativo, otros factores impactan sobre los jóvenes, aumentando su vulnerabilidad frente al VIH/sida: el inicio sexual temprano, las relaciones sexuales no planificadas o bajo coacción, el sexo no seguro y el consumo de alcohol y drogas. Esta vulnerabilidad es mayor entre los grupos más pobres y marginados, por el estigma y la discriminación, la dificultad de acceso a servicios de información, prevención y atención, y muchas veces por la falta de percepción de riesgos.
Según datos de la Subsecretaría de Atención a las Adicciones (Ministerio de Salud – Pcia. Bs. As) más del 60% consume alcohol y por lo menos la cuarta parte consumió alguna vez sustancias ilegales, especialmente marihuana y cocaína. En los últimos años se registró un aumento en el consumo de drogas, a la vez que disminuyó la edad de inicio y el nivel educativo de quienes consumen.
Según información relevada por FH durante el año 2003 sobre jóvenes de bajos recursos residentes en el Conurbano, los varones se inician sexualmente con un promedio de edad de 14 años y las mujeres de 15 años. Si bien el 72.2% de los /las adolescentes (15-19 años) usó preservativo en su primera relación sexual, en el grupo de 20-24 años lo hicieron sólo el 58.7% de las mujeres y el 49.7% de los varones, y la mitad de los entrevistados no usa preservativos cuando considera que está en una “pareja estable”. Los varones son quienes usan preservativo mayoritariamente con parejas ocasionales pero el 40% de las jóvenes no lo hizo en esos casos. En general el uso está más relacionado con evitar un embarazo que con la prevención del VIH/sida y otras ETS.
A partir del perfil socio- epidemiológico de la juventud en Argentina, y los datos oficiales en relación al VIH/SIDA en jóvenes y adolescentes entre 14 y 24 años de edad, se plantea la importancia de analizar este grupo de edad en forma individualizada respecto al resto de población y principalmente nuevos diagnósticos de infección por VIH, ya que este tipo de análisis puede brindar características respecto de la nueva tendencia de la epidemia, a grupos poblacionales más vulnerables, a comportamientos y prácticas de riesgo, etc., como así también brindar datos iniciales respecto de la incidencia de infección y por lo tanto reflejar evaluaciones de impacto de las acciones desarrolladas en el ámbito de prevención.
Durante la pasada década han aumentado y mejorado las repuestas al SIDA, pero todavía no llegan a alcanzar la escala o el ritmo de una epidemia que empeora sistemáticamente.
Los últimos dos años, en Argentina el acceso al tratamiento antirretrovírico ha mejorado de forma palpable. En este caso, la Argentina es uno de los poco países de Latinoamérica que cuenta con una ley—la Ley 23.798 sancionada en 1990—para proteger a las personas que viven con VIH/SIDA. Esta Ley habilitó la creación del Programa Nacional de SIDA que asegura la atención y el tratamiento a todo aquel que viva con VIH/SIDA. Esta Ley forma parta de una pila de derechos, leyes, instituciones y programas desarrollados para cuidar a la población infectada. Sin embargo, la situación es diferente en los países más pobres de América Latina y el Caribe, si bien en algunos países la cobertura es menos del 25%, en otros supera el 75%. Mientras que en Europa oriental, la mayor parte de Asia y prácticamente toda África subshariana, la cobertura es menor que en América Latina.
Por eso, se debe continuar trabajando en el día a día para formar y capacitar a las personas son herramientas fundamentales para combatir el sida.