No voy a hablar en generalizaciones sobre la cultura latínoamericana y la cultura norteamericana en cuanto a los géneros porque no tengo la base de informaciónde hacerlas.Loque sí puedo hacer escontarlessobre mi experiencia personal siendo una chica extranjera viviendo conuna familia en Recoleta.
Dentro de mi casa hay un balance de poder que favorece fuertemente a mi madre. Esto tiene mucho que ver con la situación específica de mi familia, porque mi padre es descapacitado y ya no puede trabajar y hacer muchas cosas que antes podía. Ahora mi madre Andrea tiene dos trabajos además que cuidar a toda la familia y hacer la mayoría de decisiones familiares. Es una mujer muy independiente y fuerte que no depende de su marido para tener confianza en sí misma. Encierto sentido hay una división laboral entre los géneros que cumple con lo tradicional; la madre cocina y cuida a los hijos y el padre arregla cosas cuando puede, pero a la vezmi madre ha tomado el papel que es frecuentemente dado a los hombres de ganar plata para la familia. También es claro que aún antes cuando su marido era hábil, ella era ambiciosa y nunca tenía ganas de ser ama de casa. De las otrascasas argentinas no sé pero en la mía, la mujer es la piedra de la familia.
Ahora toco al tema de mi vida fuera de casa. Es difícil separar mis dos identidades como mujer y extranjera para decir algo sobre la cuestión de género porque para mí los dos tienen mucho que ver con el tratamiento que recibo de la gente acá. Cuando estoy afuera es bastante obvio que soy extranjera a causa de mi pelo rubio y mi acento que todavía no alcanza a ser porteño. Naturalmente la gente es curiosa sobre extranjeros. Todos quieren saber de donde son, porque están acá, etc. Quieren convencerte (aunque tengan 5 minutos en un viaje de taxi) que Buenos Aires es el mejor lugar en el mundo. Claro que también muchas veces quieren su dinero. Por eso siempre recibo tratamiento especial como americano. Pero más aún de eso, recibo tratamiento distinto como mujer americana, o creo yo. Hace unos días fui a un bar para tomar un té y hacer un poco de tarea. Después de una hora el camarero con quien había hablado antes sobre los estados unidos me trajo una torta de manzana gratis. Y eso no es la primera vez que algo así me pasó con un hombre argentino. Me parece que si hubiera sido hombre, no habría occurrido.
Otra cosa es los piropos, pero no voy a decir mucho porque todavía estoy formando una opiñión sobre lo que dicen de la sociedad latínoamericana. Lo único que sé es que hay que ignorar los malos o te vas a sufrir mucho.
El desafío más grande para mí en ser mujer extranjera es hacer amigos argentinos. Cuando trato de hacer un amigo argentino, es muy difícil saber cuales son sus intenciones. A veces es bastante obvio, por ejemplo cuando un hombre de 40 años me invitó a una milonga y quería pasar por mi casa para llevarme. Pero a veces la línea es más oscura, como cuando un compañero de clase quiere estudiar juntos y tomar algo. Me pongo un poco nerviosa en estas situaciones porque quisiera tener amigos argentinas pero no quiero darles una mala impresión que vamos a ser más que amigos. Mi madre me dijo que una buena regla sería siempre hacer algo de día primero, como tipo tomar un café y después puedo averiguar algo más de sus expectativas. Pero igual es duro tratar de navegar estas relaciones.
¿Cuáles son las experiencias de ustedes con sus familias y con sus vidas afuera?