Hoy es el 21 de mayo, no faltan muchos días a mi regreso a los Estados Unidos, y de veras, tengo miedo. Sería un choque cultural a regresar.
Nunca viví en una ciudad grande. En California, vivo en Lafayette que está 40 minutos por auto a San Francisco, y entonces siempre fue algo especial a ver un espectáculo o comer en un resturante o ir a un partido de los Gigantes, mis queridos. Todo el mundo sabe que hay en Middlebury, ¿eh? Y cuando viajé a Nueva York, la ciudad siempre está demasiado caro a hacer muchas cosas en vez de disfrutando el Parque Central.
En mi vida porteña, trabajo duramente durante la semana para disfrutar mi tiempo libre. Estoy de acuerda con Francie que encontré la misma actitud de la gente de mi pasantía--todos son dedicadas (y todos son mujeres, interesante) a la misión de la Fundación Leer, pero cuando llego a las 9 cada día, tengo suerte si alguién ya está que tiene un proyecto para mi, u, claro, siempre hay tiempo para tomar algo en el café de la planta baja.Como Ashleigh, me encanta la tradición de tomar algo con amigos en un café...es un aspecto cultural que los Estados Unidos necesita adoptar para tranquilarse. Allá estamos demasiados ocupados con cosas no importantes, y se olvide lo más importante, el tiempo libre con sus queridos.
Con el tema de la música, descubrí el tango electrónico, y estoy obsesionada. A veces, estoy tomando un té en un café y puede ser que tomo un té en cualquier café en el mundo...pero la música de tango me lleva a la vida porteña. Es única, una mezcla (creo) de lo tradicional y lo nuevo. Tengo 3 CDs de tango...Carlos Gardel, tango instrumental, y tango electrónico, y a veces tengo verguenza a escucharlos en mi pieza porque mi familia probablemente piensa que soy muy turística en mis gustos musicales, pero bueno, no me importa demasiado. Por el resto de mi vida, pensaré en Buenos Aires, el café y las medialunas cuando oigo el tango.
Fui a dos espectáculos de tango, uno fue muy graciosa porque fue muy mal, y el otro fue fantástico. El primero fue muy pequeño, solamente habían 8 mesas de parejas mirando el espectáculo, los bailadores no fueron buenos y el cantador fue ridículo, pero bueno, fue una experiencia. La semana pasada fuimos a ver Julio Bocca, y obviamente, él está en otra clase de bailador. Su espectáculo fue una mezcla de todo--ballet, jazz/swing, y tango--y me encantó. No pude parar los pies de bailar debajo mi asiento.
Y como Derek, estoy de acuerdo que el fanaticísmo de los fanáticos argentinos necesita mudarse a los Estados Unidos. Me encantaron los partidos de mis Gigantes de San Francisco, pero para comparar, en el estadio lindísimo de Pac Bell (no me digas que el nombre cambió) se puede tomar una cerveza y clam chowder muy tranquilamente y no se levanta del asiento más que 3 veces (los home runs de Barry Bonds). Acá, otra cosa. Fui a dos partidos de Boca. Puedo preguntar a cualquier fanático en el estadio cualquier pregunta sobre el equipo, y él me da una enciclopedia de datos sobre la historia de Boca. La semana pasada, charlé con un chico de Mar de Plata. Solamente necesito decir eso...para él, való la pena a manejar 8 horas en total a ver Boca.
Quiero llevar muchas cosas conmigo a los Estados Unidos...parece que no tengo espacio en mi maleta, ¿eh?
Amy