Siempre era una persona muy física, muy deportista. Por eso cuando vine acá quería enconctrar algún actividad física que pudiera hacer en mi tiempo libre. Pensaba en cosas como ir al gimnasio, nadar, correr; todo tipo de cosa que suelo hacer en los Estados Unidos. Pero la vida en Buenos Aires además me exige otro tipo de movimiento físico (y añado una conciencia física) que no ofrecen los deportes. Para mi vivir cada día enesta ciudad es como navegar por una selva metropolitana enorme, lleno de peligros, estrezes, y maravillos. Al llegar necesitaba algo más para contraponerestos esfuerzos diarios de manejarme en este mundo extraño y al mismo tiempo para ejercer mi cuerpo.
Tomando las sugerencias de mi tía y de María Marta (dos mujeres más sabias que sus años) empecé a hacer clases de Yoga. Tardé un poco de tiempo en encontrar el tipo de yoga que prefiero pero ahora tengo mi lugar perfecto de reposo en mi clase de Iyenguar. Cuando entro en la sala, es como si estuviera en otra planeta. Empezamos cada clase con ejercicios de respiración. Es impresionante como un ejercicio tan simple puede hacerte más consciente de tu ser, de cada respiración que sale de tu boca. Después hacemos varios posiciones usando nuestros cuerpos, almohadones, tiras, y ladrillos. La instructura nos enseña no solamente como mover el cuerpo, sino también como pensar en cada paso del proceso y no solamente en el resultado, como ser pacientes y conscientes. Al final nos acostamos para la relajación. Ustedes no me van a creer (yo no lo creí al principio tampoco) pero esta debe ser la parte más difícil de la práctica. No consiste en solamente dormirte y dejar tu mente pensar en cualquier cosa. La relajación después de una clase de yoga es como una meditación que te hace relajar concientemente cada hueso, cada muslo de tu cuerpo mientras tanto estás vaciando tu mente de pensamientos. Bueno, suena mejor cuando lo dice mi instructora pero eso es la idea más o menos.
Si es cierto que puedo hacer clases de yoga en los Estados Unidos. Si es cierto que existe este mismo tipo de yoga allá. Pero hacer clases de yoga acá es una experiencia unicamente porteña.Es como dijo Amy,puede sentarse en un café en cualquier ciudad en el mundo pero cuando oye tango electrónico le lleva al mundo porteño. Yoga es completamente distinto acá por muchísimas razones. En mi estudio, todos vienen porque quieren tener buena salud y todos buscan este lugar de reposo. No es como algunos lugares en los EEUU donde la gente está para participar en un fad, un fenómeno de yoga. No es una competencia para ver quien puede hacer las posiciones mejor o quien es lo más flexible. Existe una comunidad de apoyo en mi estudio que nunca vi allá. Las mismas personas vienen a la misma clase que da esta instructora divina. Después de la clase todos besan a la instructora y le dan sus saludos. Ella charla con nosotros en el lobby y todos realmente tienen un interés en el bienestar de los demás. Aparte de la comunidad que he descrito, también estoy aprendiendo cosas nuevas en términos de vocabulario castellano. Al principio la instructora tenía que mostrarme como hacer cada postura o decírmelo en inglés para que entendiera. Ahora sigo las instrucciones sin problema, o por lo menos las entiendo perfectamente bien aunque a veces mi cuerpo no las sigue. La corrección queme dicemás es ´henna, mentón al pecho!´ Me encanta que ahora, graciasa yoga,tengo las herramientas de moverme en otra lengua. ¡Y por fin mi lugar de reposo!

Genna