Chicos:
Va llegando la hora de despedirnos. ¿Contentos? ¿Tristes? ¿Un poco de cada cosa?
Me gustaría que todos ustedes escriban un balance de estos meses, cómo se sintieron, cómo se sienten ahora, qué cosas aprendieron, qué cosas repetirían y qué cosas cambiarían... Personal y académico.... Cabeza y corazón.
Hasta muy pronto y un abrazo enorme
Gracias por todo
Liria
La realidad es que he pensando mucho en regresar a los Estados Unidos y no tengo ganas de hacerlo. Por supuesto, les extraño mucho a mi familia y mis amigos, pero no extraño el país. Creo que va a estar un poco dificil acostumbrarme a la vida rapida que existe en nuestro país. Siempre hay horarios, la gente no es tan cariñosa (por lo general) como acá en Buenos Aires. Por ejemplo, la tradición de tomar mate (que a mí me encanta) no existe en los EEUU más que la acción de tomar mate, no existe mucho (yo sé que estoy haciendo generalizaciónes) la mentalidad para ir al parque solo para ir, charlar, tomar algo, etc. Me encanta que la gente no siempre necesita un horario muy exigente o una razón especifica para hacer algo. Esta es una de las cosas que voy a extrañar cuando regreso a los EEUU.
La otra cosa que me pongo un poco nerviosa es para regresar a Colgate después de mi experiencía en la UBA. La razon por qué lo digo es porque antes de mi experiencía en la UBA me daba hecho la educación, los recursos, la bibloteca, etc. Pero ahora, me doy cuenta de tenemos mucho suerte para siempre tener todos los recursos al dedillo. La cosa que va a estar dificíl es que la mayoría de los estudiantes en mi universidad todavía dan hecho de la educación y se quejan sobre cosas que al fin y al cabo no son tan importantes. Court y yo estabamos hablando sobre este tema y nos promitimos que nunca en nuestras vidas vamos a quejarnos de los cursos que solo duran 50 minutos por ejemplo. Court, tenemos que cumplir la promesa! jaja.
Otras cosas que voy a extrañar mi familía de acá, mi barrio, la gente que conocí acá pero, bueno, después de la universidad, estoy segura que voy a volver a Argentina. Dina y Elaine, estoy muy envitada de ustedes para quedarse...
POR E. Noelle Bulion:
Estoy de acuerdo con Ashleigh: hay muchas cosas que voy a extrañar de Argentina, especialmente el tiempo libre para compartir la vida con otra gente.
Qué raro es pensar en salir de Tucumán cuando acabo de sentir equilibrio de veras por primera vez en el semestre. Esta experiencia – en realidad, este año completo – ha sido para mi, una confusión de tiempo y estado de ánimo. No bien sé en que estación estoy, ni en que humor… En empezar un mes más tarde que los porteños, nosotras, las tucumanitas, hemos experimentado un retraso en, por lo menos, la universidad. Para mí y por eso, todo el tiempo era equivocado, en mis relaciones ante de salir de los EEUU, en esperar, en estar en un país – y en una ciudad – en que no estaba segura que quisiera estar. Estaba viviendo una vida fracturada, una vida en huelga, una vida de desorganización que – paradójicamente, tenía sentido en esta ciudad. Todavía hay desorganización pero, es una locura que tiene sentido: solamente hay que entender las reglas del juego o saber cuando las reglas no están en juego…
Ahora que nos han pasado casi nueve semanas de clases (y sólo dos de ellas sin paro), siento que todo está reformándose de nuevo, porque yo estoy reformándome de nuevo. Era una de estas chicas que hicieron sus trabajos muy temprano, que están organizadas y preparadas para casi todo: ahora estoy lista – sin “prepararme” - para todo y sé que, en general, es mejor no tener tanta organización porque seguro que casi todo va a cambiar.
Ahora Tucumán en realidad tiene encanto para mí, algo que me sorprendió tanto… Se dice que no se puede amar algo sin odiarlo (y viceversa); las emociones intensas tienen límites finas que pueden cambiar en unos pasos. Sin que yo me enteré, pisé esta frontera de odiarla a Tucumán con tanta pasión a no querer salir. Me quedan dos meses acá, pero mi vida norteamericana que extrañé tan desesperadamente ahora me asuste; no sé que esperar ni a qué esperar de las personas que conocí; he cambiado mucho y no siento como la misma persona. No puede compartir las experiencias de mi vida cotidiana con nadie: siendo tan parte de mi ciudad nueva y tan solita al mismo tiempo, he crecido en una forma aislada y singular. Tengo miedo de mi vida pasada; creo que no hay espacio para el “I” norteamericana y el “yo” tucumana. Pero no quiero dejar ninguna de mis identidades.
Ahora que siento bien acá, hay que dejar todos mis conexiones. Las semanas van rápido, y no estoy lista para enfrentarme con las responsabilidades y las preguntas a tales que no hay respuestas.
Estaba leyendo para mi curso de fotografía sobre el ojo humano y como el cerebro construye nuestra visión de un conjunto de imágenes solteras y muy sencillas. En realidad, no vemos mucho de lo que nos está pasado, solamente una realidad más o menos imaginada por el cerebro. Creo que eso es lo que nos está pasando en el semestre en el extranjero: experimentamos este mundo nuevo en un abre y cierre de los ojos. Como una imagen soñada, es rápida, ligera y vibrante. Deja la impresión en los ojos por un rato y sale. Pero lo que no vemos en los momentos en medio es lo que nos afectará: en el espacio que el cerebro borra, ese espacio negro, queda el alma de todo que nos ha pasado.
Solamente puedo reír de la vida paradoja y tonta y graciosa. Así, no tengo que traducir nada de mi personalidad. Sé que no necesito ni planificar ni resolver nada, porque las cosas tienen una manera de resolverse en el final… aunque nadie bien sabe cómo.
chan! yo no escribí bien mi propio nombre. El último comentario hice yo, E. NOELLE BULLION
Es increíble pensar que mi experiencia acá (por lo menos mi experiencia académica) está terminando. Estaba completamente negando este hecho hasta recién, pero los signos están por todos lados: tengo mis últimas clases en la facultad, estoy preparando mis últimos proyectos y trabajos, estoy terminando mi proyecto en mi pasantía y planeando mis viajes y últimas semanas en Buenos Aires.
Mi madre recién me preguntó en un mail como estaba sobreviviendo el invierno acá y el año inverso. Realmente no he pensado mucho en eso, que mis amigos de la universidad allá terminaron sus semestres y están disfrutando sus vacaciones de verano ahora. Fue un poco extraño cuando ellos estaban rindiendo parciales y yo recién había empezado a probar materias y elegir mis actividades. Pero sobre todo yo he vivido esta experiencia con la actitud de que uno tiene que aprovechar cada momento de la aventura porque son unos meses únicos, no se puede pasar el tiempo comparándolo a lo que uno pudiera estar haciendo en otro lado. No es que estoy faltando la vacación de verano allá, sino estos seis mese en Argentina van a ser destacados en mi vida como otra experiencia.
Entonces me resulta irónico (y un poco gracioso) que he logrado sentir que tengo una vida completamente normal (y propia) acá. Lo explico: cada día siento completamente en casa y no puedo imaginar otro cambio grande en mi vida en mi futuro inmediato, como regresar a los Estados Unidos para continuar con mi vida allá. No voy a mirar a estos seis meses como seis meses durante los cuales viví el papel de la turista en Buenos Aires, sino seis meses cuando viví en Buenos Aires como ciudadana de la ciudad. Tengo mucho orgullo que tengo este sentimiento. Tras perseverancia, una buena actitud, una sonrisa y actuando cuando veía oportunidades que me interesada, he logrado sentir realmente emergida acá.
Eso fue una de mis metas principales cuando vine a Buenos Aires (inmersión cultural y lingüística total) y me permití ver desde el principio todas las similitudes que existen entre yo y gente acá, todo lo que nos unimos porque somos todos seres humanos. Pero también logré otra vista, también sumamente importante, que es el entendimiento de cuales son las diferencias (en estilos de vida, en perspectivas, historias, sueños) y porque. Buenos Aires es una ciudad de apariencias inmediatas, y verdades que están justo debajo de la superficie. Un turista puede venir a la ciudad y experimentar la cultura- el tango, los muesos-, todas las tiendas, los bares del Palermo, y completamente ignorar, por ejemplo, la pobreza increíble que existe en esta ciudad. Hace unas semanas estaba regresando a la ciudad después de un fin de semana afuera y vi un paisaje increíblemente impactante. Estábamos en la autopista, al punto de entrar en la ciudad en Avenida 9 de Julio, y vimos todos los edificios enormes y hermosos al horizonte. E inmediatamente al lado de la autopista hay una villa grandísima. Fue increíble el choque de imágenes: la grandeza de la ciudad bella contra la villa. Pero muestra un poco de que está hecho la ciudad.
Otra cosa importante que lo logré acá fue más de un entendimiento de cómo está visto los Estados Unidos desde las afueras de nuestro país. Siempre he tenido una conciencia de la proyección que los EEUU hace hacia fuera, pero acá estaba sorprendida de la cantidad de gente que he encontrado (y gente con quien he tenido una relación más que superficial) quienes expresaban un odio fuerte contra los EEUU. El odio está basado en las múltiples acciones egoístas y dañosas que el país ha tomado. Estos encuentros me hacen pensar bastante de mi rol, y obligación, de representar los EEUU y llevar y mostrar las cosas buenas de mi país- la historia, folklore, cultura- de los cuales estoy orgullosa.
-Charlotte Riggs
Me impacté mucho lo que Noelle dijo sobre no queriendo dejar ninguna de dos identidades una vez que regresa a los Estados Unidos. Estoy de acuerdo con este sentimiento, este necesidad de continuar viviendo todos los aspectos de las vidas acá una vez que estamos lejos de vuelta. Recuerdo algo que Liria dijo al principio, durante la orientación acá, que ella esperaba que nosotros pudimos lograr “ser” en otro idioma, construir otra personalidad y otra vida, nuevas asociaciones con nuevas palabras en nuestros cerebros. No creo que tengo una doble personalidad (por suerte!) y no va a ser posible dejar mi “ser” en castellano acá en Buenos Aires porque mi ser ha sido fuertemente enriquecida con todas las experiencias y aventuras acá. El próximo desafío va a ser un poco de inmersión inverso, a buscar un espacio para todo eso en mi vida en los Estados Unidos.
-Charlotte
Yo sé que me tardé más que usual para contestar la pregunta esta vez…y no es porque no me interesa el tema tampoco (pues, eso nunca pasa, chicos ¿verdad?). Sólo es que es muy difícil para me hacer las despedidas a esta cultura tan encantada y donde tengo bastantes memorias. Voy a dejar mucho aquí: un parte importante de mi maduración, amigos, chistes (y chismes) unas cosas que no caben en mis maletas, más que cien cucarachas matadas por mi y un novio.
He aprendido mucho aquí de la cultura y el idioma. Ahora, estoy tratando de inventar maneras en que puedo todavía practicar mi español—ya me falta poco para quitar mi acento gringo. Parece apto para hacer una lista de mis cosas favoritas aquí:
1. El idioma, especialmente las palabras de Náhuatl (uno de los idiomas indínenos de México). Mi favorita es “escuincle,” que significa un mocoso o niño, de “xoloiscuintle,” que significa una raza primitiva de perro sin pelo.
2. Las danzas y la música de aquí. Si van a Guadalajara, ustedes, asegúrense a ir a la Mutualista el jueves o sábado para bailar salsa. No se van a arrepentirlo.
3. La comida de México. Sí, Guadalajara es conocido por unos platos ricos como la birria, pozole y, supuestamente, la torta ahogada (nomás un “sloppy joe” de estilo mexicano). De México en general, voy a echar de menos el mole, los tacos, las tamales y las salsas diversas, entre otros. Pero, me quedo bien sin los nopales ni el tejuino.
4. Los jardines públicos. Los tapatíos saben como usar los espacios públicos en su ciudad. Me encanta unirme con los demás los domingos (o cualquier día) para observar los peatones. Y cuando siento menos sociable, la belleza de los jardines es suficiente para placerme.
5. La arquitectura. La mezcla que tienen aquí en Guadalajara es impresionante: desde la influencia pronunciada del arte indígena, hasta las iglesias coloniales, los monumentos y murales de la independencia, la re-europeización del Porfiriato y, finalmente, lo moderno. Es una aventura cada vez que salgo de mi casa porque estoy segura que encontraré algo nuevo en la vista de la ciudad. A veces, quiero perderme sólo para descubrir algo nuevo. Y éste me lleva al próximo y ultimo punto:
6. El clima. Creo que hay una vincula irrefutable entre el humor de la gente y el clima. Y con un clima tan bonito como tiene Guadalajara, no cabe duda de que la gente es amable al máximo. Siempre parece que los tapatíos están listos para ayudarle—especialmente cuando está perdido—sólo tenga cuidado porque ellos no querrían ser inútiles para usted y aunque no saben por dónde está X y a veces le darían la información incorrecta de vergüenza o orgullo.
De mi experiencia aquí: me costaba mucho trabajo explicarme a los jóvenes aquí. Estoy acostumbrada tener la habilidad de expresarme fácilmente en todas las situaciones. Hablo diferente con mis padres y tíos que con mis amigos de la prepa que con mis amigos de la universidad. Aquí, tenía (casi) la habilidad de expresarme y platicar en un escenario formal y académico. Siempre me gusta hacer chistes y soy muy liberal en mis pensamientos. Para quedarme callado—casi muda—no me sintió natural por nada. Claro que finalmente, cuando necesito regresar, es cuando siento lo mas cómoda con el idioma y, especialmente, los modismos y albures.
Pero, sí me ponga a pensar en lo bueno de regresar, tal vez se haría más fácil mi regreso a los Estados Unidos… a ver…
Todavía, necesito más en cuanto a un reto académico. Sí, tenía la cultura para investigar, amistades para hacer y nuevas tipas de comida para prepara y, entonces, no podía soportar materias pesadas aquí. De todos modos, estoy emocionada regresar y empezar mi tesis en estudios urbanos (la carrera que también me faltaba aquí). Sí, soy matada.
También, estoy emocionada para regresar a una cultura menos machista y menos racista (pues, la cultura con que me rodeo, por lo menos). Nos costaba mucho trabajo a mi corazoncito y a mí para entender la otra persona en términos de los papeles de los sexos. A veces, yo necesito abrir las puertas, pagar la cuenta y ganar el partido de fútbol. Aquí, los hombres no están acostumbrados a experimentar esas cosas y en los EE.UU., en mi experiencia, ese intercambio es más natural. Pero, también, yo debo entender de sus acciones son, a veces, nomás de una manera de expresar su cariño y cuidado para mí; podría ser una ofensa pública sí no lo dejo caminar en el lado de la acera más cerca de la calle.
Entonces, me quedo con ganas de regresar al país para aprender más y para ver mis amigos otra vez. Y creo que éste es lo más que puedo pedir de mi experiencia de intercambio.
Primero, quiero responder a Charlotte Riggs. ¡Qué bien que has encontrado “una vida completamente normal (y propia)” en BA! De hecho, tengo celos de ti porque tanto como intentaba, no podía encontrar el equilibrio ni el ritmo natural para mí. Estoy segura que necesito por lo menos un año aquí para establecerlo. Aún cuando pensaba más cómoda, alguien me llamaba la atención de mis diferencias: mi manera de pensar, mi relación con mis padres, mis pasatiempos, mi apariencia física, todo. Y vivo en Nueva York donde no existe lo “raro” o diferente porque así somos todos. Creo que “las diferencias” que mencionabas son bastante importantes para mí. No es que quiero mantener la frontera entre “ellos” y “yo,” pero, para mí, no es realista decirme que estoy en una vida completamente normal aquí en Guadalajara. Si me ponga a decírmelo, me faltarán las experiencias impresionantes de estar envuelta en una cultura nueva, diferente y la prueba de encontrarme, “me” como el espíritu sumamente inalterable, en la susodicha cultura.
Todo mi tiempo aquí ha sido como una montaña rusa para mis emociones. Como dijo Noelle Bullion, mis “emociones intensas tienen límites finas que pueden cambiar en unos pasos.” Sólo ayer, cuando regresé del gimnasio, llamé a unos amigos para salir. Unos veinte minutos después, me pegó un sentimiento fuerte de tristeza y miedo. Llamé a los amigos de nuevo para decirles que ya no tenía ganas de salir; en vez, platiqué con mi madre y una amiga de New York para calmarme. La próxima día, mis amigos tapatíos me llamaron para ver que era el problema conmigo la noche anterior. No sabía que era tan obvio mi miedo de regresar, pero ellos se agarraron la onda fácilmente. Claro que me expliqué a todos; ellos lo entendieron…posiblemente por su familiaridad con la ida y vuelta de los extranjeros.
Lo que quiero decir es la sensación de estar “parte de [la] ciudad nueva y tan solita al mismo tiempo,” el crecimiento “aislado y singular” es completamente lo que estoy sintiendo ahorita. No me mezclo perfectamente aquí ni, cuando regrese con mis experiencias nuevas, allá. Pero, como que no cambiaría mis oportunidades y mi historia para nada, estoy muy contenta con la persona en que estoy convirtiéndome y sé que este síndrome ceniciento de “el zapato no le queda bien” no es tan infrecuente que debo sentirme afligida para toda la vida.
No puedo decir que estoy triste por tener que despedir al cuaderno, web-blog, muchísimas exposiciones en cada curso, etc. Y, como me quedo aquí en México hasta septiembre, tampoco me siento la realidad de una despidida al país que he llamado mi casa por casi seis meses. Lo que, sí, voy a extrañar es la amistad de mis compañeros en la universidad. Por supuesto, ya tengo varias fiestas planeadas con varios pero no será igual como llegar al patio enfrente del departamento de política cada día y tener que pasar por 15 personas para saludarlas de una manera familiar, normalmente un apretón particular de manos que tiene los tres pasos solo conocidos a esos estudiantes de CUCSH de la Universidad de Guadalajara. No tendré mis juegos intensivos de damas o ajedrez en esas mesas, alternando los perdedores para que tengan una oportunidad de jugar contra el ganador. Eso extrañaré, pero lo que me he dado cuenta después de dos semestres en otros países, China y México, es que hay un fin para todo. Cada actividad, cada momento bello, cada sentimiento fuerte tiene un comienzo y un fin definido. Sólo se puede buscar ese próximo momento en que la vida te deja reír, acercarte a una persona como nunca has hecho antes, cruzar barreras de idiomas y de cultura, para finalmente entender a tú mismo. Agradezco mucho a Guadalajara por mi propio crecimiento como ser humano, el descubrimiento de otra manera de pensar, oportunidades de ver la vida de otra perspectiva y finalmente dejarme realizar los sueños que he tenido por casi 6 años. Esos sueños son privados, pero importantes de todos modos. En septiembre puedo irme del país bien satisfecho, hablando fluido un idioma que he practicado tanto, y con el conocimiento de que en cada momento me metí en el aprendizaje de todo lo que tiene que ofrecer México en su historia, sitios históricos y gente extraordinaria. Me voy con una nueva capacidad también, la capacidad de hacer un guacamole que, como sabritas, no se puede probar sola una vez. De hecho mi boca se moja de solo pensar en esa comida riquísima. Además ya sé preparar una bebida (¿alcohólica?) que lleva más sabor que las de muchos restaurantes, todo gracias a Los Angeles Locos un hotel exclusivo donde aprendí y ha sido genial invitar amigos a la casa para mostrar esas capacidades.
¡Gracias Guadalajara!
Saludos Ellen,
Tienes toda la razón de decir que vas a estar yéndote de un país y de una cultura verdaderamente machista. Pero, te pregunto: ¿No hay partes de ser machista o estar en una cultura machista que tiene sus beneficios para las mujeres? Si te acuerdas, hace menos que 80 años cuando tus abuelos tal vez vivían, los Estados Unidos también era un país de machistas, un país sin votos para la mujer. Sin embargo con la Primera Guerra Mundial finalmente vemos la contribución de las mujeres en varias fábricas intentando de apoyar a sus hombres, y de esa manera ganaron más respeto en términos políticos. Eso todavía no significa que el machismo no existe en muchos lados dentro de nuestras propias fronteras. ¿Tú crees que en 80 años, con muchas de las personas de esa época todavía viviendo, que ya desapareció el machismo? Es chido que vivas en un lugar en que te sientes igual como un hombre y cómoda con tú misma como mujer, pero para contarte la verdad en el Sur de los Estados Unidos, seguro que mujeres tienen votos y poder dentro de la casa, pero las ven como inferiores en muchos casos. Ya me alejé de mi pregunta; pues, me parece que vivir en esta cultura tiene sus beneficios para las mujeres por el hecho de que los hombres siempre pagan todo. ¿Si van a comer los hombres te tratan como reina, verdad? Yo conozco mucha gente en los Estados Unidos, hombres en particular, que sólo quieren pagar la mitad (su mitad) de la comida, de los boletos para el cine, etc. Ese comportamiento no muestra el cariño, no muestra el amor que tiene, ni muestra que para él eres la mujer de sus sueños. Hay más que no he dicho, como según muchos hombres las mujeres deben de luchar en las guerras…pero de todo esto, ¿Qué opinas?
Ay, qué difícil Noelle,
No puedo creer que ustedes solo tengan 9 semanas de clase. Espero que disfrutaras ese tiempo extra para conocer a más lugares alrededor de donde estás viviendo. Me imagino cómo la desorganización te podría afectar, pero de todos modos, es una experiencia que nunca vas a olvidar y algo original que nosotros no tuvimos oportunidad de experimentar. Debes de ver la situación de esa manera pues. Ojalá que todo te salga bien en el futuro cercano. Yo tambien tengo las mismas preguntas de cómo va a ser mi vida después de vivir fuera de los Estados Unidos por tanto tiempo y si mi vida tiene espacio para "yo" "I" y "我“。Vamos viendo.
E. Noelle Bullion dijo:
Sobre el comentario que dijo Ellen de estar callada: lo entiendo, me ha pasado lo mismo acá en Tucumán. Usualmente hablo mucho y me alegre espresarme facilmente con mis amigos, familia y aún desconocidos. No tengo miedo de hablar con gente nueva o enfrentar situaciones nuevas. Pero acá me ha costado mucho más iniciar conversaciones acá; preferí quedar callada.
En eso, me di cuenta de que puedo observar la gente mejor sin hablar: puedo mirar los costumbres, las interacciones, la manera de vivir sin tener todo lo "que quiero decir" para impedir esta mirada. He aprendido un montón de mi, de la gente, de una cultura nueva, por ser más callada que es usual para mí. Sí, me encanta hablar y charlar con mis amigos, pero aprendí observar mejor, lo que creo es muy importante.
Además, yo me quedé callada porque no quería enfrentarme con la cultura y decir cosas que podrían ser ofensivas. Después de un rato de ser incómoda porque no estaba espresándome bien (por no decir que estaba incómoda, etc.), me di cuenta que de hay que decir lo importante para vivir una vida completa, una vida segura. Yo estaba evitando mi propia vida en evitar las conversaciones, las interacciones: ahora puedo decir lo que estoy pensando si es importante para mi bienestar mental, si es necesario para sentirme más como "yo." Voy reclamando mi independencia, lo que tiene mucho que ver con el hablar.
Un idioma es mucho más que un lenguaje: es una cultura, un modo de ser y es un mundo propio. Creo que todos nosotros andamos navegando este mundo fascinante y frustrante, que existe en cualquier país. Espero que podemos traducir lo que hemos aprendido a los EEUU también...
Me faltan 12 dias de este semestre en Buenos Aires. Si digo la verdad, quiero irme a Nueva York. Debo explicar. Empece este semestre con una experiencia malisima, que no podia olvidar durante mis 4 meses aca. Ya hable de eso tanto que me canse de hablar mas, pero basicamente, fui robada, atacada y dejada en la calle por dos hombres con un arma. Despues de esta experiencia no sentia segura, nunca. Cuando me hablaban hombres desconocidos tenia miedo que querian herir me. Cuando me acercaba alguien de atras, me asustia. Los primeros dos meses eran muy duros.Tampoco no me encerre en mi habitacion sin salir. Aproveche mi tiempo aca en Buenos Aires, pero siempre pense en que me paso y no podia olvidarlo. Perdi mi confianza en la gentre para alguno tiempo, y no podia disfrutir una de las cosas mejores en buenos aires: la oportunidad de conocer gente nueva.
Por eso decidi en quedarme un semestre mis, sin cursar en una Universidad.
Finalmente siento mejor aca, mas comoda y lista para probar cosas nuevas, cosas que no tenia el valor de hacer antes. Yo se que b.a es una ciudad maravillosa, pero no podia verla en todo su gloria.
Vuelvo a Nueva York para un mes, para descansar y reflekar en mi experiencia aca con un poco de distancia. Y despues vuelvo. Vuevlo porque no conoci a toda la gente que podia conocer aca. Ya empece a concoer mi familia pero 4, 5 meses no es bastante tiempo.
Ademas, me falle mucho mi experiencia academica aca. Quisiera vivir en Buenos Aires con mas libertad en hacer cosas que me interesan, tomar clases menos tradicionales, como de cocinar o escultura.
No puedo, por NADA, creer que estuvimos aca casi 5 meses. Siento que ya estabamos sentados en la misma aula, escuchando a Claudio y sus consejos sobre la ciudad. Pienso que necesitas mas que un semestre para concer bien una ciudad. Despues de un semestre sentis mas comodo, mas consciente de como funccionan los costumbres y la vida, pero todavia no sentis totalmente integrado.
Sobre que dijeron los otros estudiantes sobre lo que aprendieron. La verdad es que no se como cambie o crece o como cambiaron mis ideas o mi vista. Solamente cuando regreso a los estados unidos puedo sentir como he cambiado. Necesito esta comparacion. Creo que voy a tener un shock de cultura muy fuerte cuando regreso.
De todas maneras, estoy muy emocionada para el semestre que viene, para comenzar de nuevo y combatir mi aprension y enamorarse de Buenos Aires mas.
Wow, estoy escribiendo este último comentario desde Tilcara un pueblito de la provincia de Jujuy. Vuelvo a EEUU el jueves, y no he podido dejar de pensar en todo lo que ha sido esta experiencia argentina. Puedo decir sinceramente que ha sido la experiencia más rara de mi vida. Durante estos últimos meses, como dijo Francie, he vivido, por la primera vez en mi vida, en cada momento, ha sido como si el tiempo se hubiera parado, y por primera vez podía reflexionar sobre todo, el pasado, el futuro, sin tener que tomar decisiones importantes en cada momento. La verdad es que no recuerdo otra época de mi vida en la cual yo haya salido tanto, en la cual me haya sentido TAN relajado. Me hacía falta sentirme así, ir a mil todo el tiempo a veces es una de las peores cosas de Middlebury.
Pero no puede continuar esta época, la cual se ha definido por una pereza que nunca antes conocía (una pérdida total de motivación). Dejé de hacer música, y empecé a hacer lo mínimo que hacía falta para sobrevivir académicamente (hasta los finales, por supuesto, cuando me encerré en mi habitación por una semana!!!) Y bueno, no quiero que se piense que no hice nada más en Buenos Aires que festejar, porque no es así, aprendí a conocer gente, algo que siempre me ha costado, aprendí a ser independiente, aprendí a ser social, a crear lazos con personas interesantes, aprendí a "network," algo muy importante en nuestra comunidad internacional. En Middlebury, es muy fácil conocer a un montón de personas, pero en Buenos Aires, hay que ser perserverante si quieres conocer a gente que vive en la ciudad aparte de compañeros que también están de paso. Jamás en mi vida habría sido PERSERVERANTE con personas, si uno quiere ser tu amigo, paso naturalmente: comemos en Proctor juntos, nos vemos en las mismas fiestas los fines de semana, tal vez tomamos las mismas materias...pero en Buenos Aires, tuve que LLAMAR a las personas a las cuales quería conocer mejor, algo que nunca habría hecho antes! Habría intentado estar cerca a esa persona, encontarnos en los mismos lugares, ir hablando con esa persona poco a poco, pero no se puede hacer acá!!! HAY QUE LLAMAR, hay que decir, "Hola, la pasé bien contigo, por qué no nos encontramos otra vez?" No sé por qué, pero me cuesta decirselo a una persona que no conozco bien, pero me parece que afuera de la burbuja de MIddlebury, hay que ser tan abierto, o franco o sincero, lo que sea, ACTIVO. Para mí, esto ha sido lo más importante de mi experiencia acá, aprender a ser más activo en todo: decidí que en mi vida quiero hacer que pasen cosas, no esperar que me pasen.
Otra cosa que aprendí es que no puedo vivir en una ciudad grande. He vivido toda mi vida con una conexión muy fuerte a la naturaleza, algo que no puedo dejar. Vivir en plena ciudad por cuatro meses me costó mucho, y no basta una caminata por los bosques de palermo o la reserva ecológica, no es igual. Pero ha sido una prueba, tuve que hacer esto, descubrir lo que quiero en mi vida, y hay que conocer las cosas que NO quieres. Por eso me alegro de haber tenido esta experiencia, para mí es invalorable, y sirve para apreciar mejor lo que quieres o lo que tienes en tu vida.
Ahora estoy por irme de Argentina, y me siento raro, raro porque por fin, me siento parte de una comunidad, de mis materias, de mi barrio, siento formar una parte de lo que es Buenos Aires: una mezcla de personas de muchas partes, de muchas historias. Pero a la vez, no he dejado de sentirme muy lejos de esta cultura, porque sé que sólo son cuatro meses, y que tengo mi vida allá, mis amigos allá, mi futuro allá, y que todas las experiencias acá son efímeras. No soy porteño, y nunca lo seré, y no sé cómo recordaré esta experiencia, si volveré algún a Argentina, o si estos cuatro meses se volverán un recuerdo borroso que paulatinamente se pierde sus detalles. La verdad es que no importa tanto, cambié mucho a lo largo de estos cuatro meses, y eso sí llevaré conmigo.
fui yo, ezra
Es dificil describir exactamente lo que siento en este momento dentro de una entrada de este weblog. Me queda sólo con un mes más en Buenos Aires, y durante este cuatrimestre pasado, sé que mi punto de vista ha cambiado completamente. Recuerdo el día de mi llegada a la Capital, cuando todo me pareció exótico y raro. Ahora, el barrio de Belgrano es más familiar que la ciudad en California de donde soy. En realidad yo me siento una combinación de algería y tristeza al pensar de mi despedida de acá.
Vivir fuera de la los Estados Unidos me ofreció, en una manera, la oportunidad de crear una vida nueva. Como un extranjero, yo llegué a Buenos Aires sin los prejuicios típicos de los nativos. Yo no soy un pibe del barrio, así yo no conocía las características de cada estereotipo. No conocía las chetas de Belgrano, ni los putos de Barrio Norte, ni los guachos de Boedo. Sin un conocimiento de la comunidad porteña (y los perfiles típicos de ella), no tenía la capacidad de usar mis prejuicios para decidir quién iba a conocer y quién iba a evitar. Así, mis primeros meses en la ciudad me ofrecieron la oportunidad de conocer a muchos tipos de gente, y me gustó. Yo dejé la superficialidad que usualmente dirige mis interacciones con gente en los Estados Unidos.
También me encantó vivir en una de las ciudades más grandes del mundo. Estuve harto con Pomona después de cinco semestres de estudios allá. Vivía en el campo y siempre estaba rodeado de un grupo de chicos conocidos. Me costó mucho la repetición de la vida cotidiana allá. Nunca vi gente menor que 18 o mayor que 22, pasé la mayoridad de mi tiempo en un suburbio, y siempre quería irme de ahí cada fin de semana. Me encanta la espontaneidad de mi vida acá. A veces mi vida acá me parece surreal. Siempre estoy conociendo personajes locos, llego a fiestas raras, tengo experiencias que contrastan con mi vida norteamericana.
Asistir la UBA fue una experiencia incredible en si misma. Me encantó asistir una institución pública, ser el único extranjero de mis clases, y conocer a argentinos interesados en el arte como yo. La culura visual de la Argentina es muy particular y vuelvo a los Estados Unidos con una sabiduría de ella muy profunda. Nunca podría aprender sobre el arte Argentina dentro del campo de Pomona.
Hay que reconocer que la vida en Buenos Aires no es diferente de la vida en cualquier otro lado. Nada es perfecto, siempre hay que mantener un punto de vista positivo y aceptar los desafío que a veces aparecen. Aunque la ciudad es seguramente una de las mas progresivas de Latinoamerica, me di cuenta de las diferencias entre Argentina y los Estados Unidos en términos de las relaciones entre géneros y los derechos de minoridades. Noté un montón de ignorancia con respeto a culturas extranjeras. No podria imaginar los desafíos que enfrentan la gente asiatica de este país. Me parecen muy aislado y no bien entendido por la comunidad blanca. Además, las minoridades sexuales de la ciudad me parecen sufrir mucho. Sé que ya escribí mucho sobre este tema, pero me importa mucho. Travestis en esta ciudad no tienen ningunos derechos como ciudadanos y sufren de violencia terrible (a veces de la policía) que muchos nativos tal vez vean como algo frívolo. Aunque la comunidad gay de la ciudad está empoderando, todavía falta un sentido de unidad que ha ayudado las comunidades en Europa y Norteamerica. Me parece que la vergüenza de ser gay (tal vez católica, tal vez vinculada a la dictadura) también prohibe individuos a interaccionar y organizar para luchar contra la homofobia, el odio, etc. Estas formas de odio, ignorancia, y represión (autorepresión también) solo van a seguir el sufrimiento de minoridades de la ciudad. Buenos Aires tiene que acostumbrarse con la diversidad más para que pueda funcionar como una capital cosmopólita.
Buenos Aires me desafíó. A veces me enfadé con ella. A veces ella me encantó. Mis sentimientos y pensamientos vinculados a la ciudad son bien complejos, pero ya sé que la ciudad forma una parte de mi identidad y estoy seguro que volveré en el futuro.
Hola a todos!
es bastante dificil hablar sobre eso y la verdad es que no se exáctamente que decir. tengo un mes más acá y no quieiro pensar en eso. No quiero pensar en el día que tengo que irme. Entoces creo que estoy triste pero también muy contenta porque fue una experiencia fenomenal que nunca voy a olvidar. Estoy conenta que voy a ver mis amigos y mi familia pero podría quedar más acá.
Lo más triste de todo es que ahora que me siento como una porteña:) y totalmente al dentro de la cultura de Argentina me tengo que ir. porque siempre pasa eso?porque cuando me siento cómoda y contenta con mi vida acá me tengo que ir?quizas para quierer volver de nuevo un día y seguro que voy a tratarlo!!:)me pone muy triste que este último mes acá tengo que estudiar por finales. Más de todo me pone nerviosa porque hay tantas cosas que quiero hacer antes de que me voy y no quiero quedar en mi cuarto estudiando. pero hay que hacer la esfuerza.
La verdad es que Buenos Aires y yo tenemos una relación rara pero buena. A veces me hace tan feliz que no pueo parar de risa, a veces me pone triste, a veces ree enojada, a veces me hace tímida, a veces tan segura, pero más de todo me hace CONTENTA y para mí eso es una de las cosas más importantes en la vida Estuve muy contenta aca, me sentí muy cómoda y libre, libre de todo..
Recuerdo mis primeros días acá y no puedo creer como pasaron ya cuatro meces enteros. parece como si solo pasó un día. eso siempre significa que alguien pasa bien. no? Voy a extrañar TODO. Mi casa, mis amigos, la chica con quien vivo, el locutorio al frente de mi casa, la facu, mis clases,mis domingos en San Telmo, los sábados que a veces no sabes que hacer pero despeus alguien simpre hace algo, el Bar Vivero en Pedro Goyena, Los Jueves en Lo de Roberto, Socrates, toda la ciudad, los colectivos, los alfajores. el mate, las empanadas y el bar en Belgrano, caminar sola en Rivadavia pensando en millones de cosas sin la molestía de nadie voy a extrañar la locura, la disorganización que me gusta porque soy así también, los Argentinos, la cultura, el tango el pasión y más........:)
se que voy a volver pronto..
enonces hasta la proxima Buenos Aires, voy a extrañarte, hace cuatro meces no te conocía bien pero ahora SI y me siento parte de vos.
un beso grande a todos
haris
Tuve miedo de escribir esto, el último post de nuestro blog, se siente como tiene gran peso. En estas últimas semanas, estoy pensando mucho, y para sumir en un párrafo que significa mi experiencia extranjera acá en Buenos Aires es…pues, imposible. Me siento que escribir algo que trata sumir todo, en palabras muy sentimentales y cursi, haría trampas a mi experiencia, y a mi Buenos Aires querido. Entonces, decidí a reflejar en los pensamientos corriendo por la mente cuando fui a correr cada día por mi barrio de Parque Chas y Villa Urquiza. Voy a decir que estos tiempos de ir a correr serán una metáfora. Soy de letras…me encantan las metáforas, ¿qué vas a hacer?
Aprendí en mi clase de folklore que soy un transplante, que bárbaro, una vasija de una cultura extranjera transplantada acá en Buenos Aires. En el estudio de folklore, el transplante siempre sería un transplante si existe en aislamiento aparte de la cultura indígena. Con el apoyo del programa de Middlebury, no estamos viviendo aislados de la cultura indígena—vivimos con familias porteñas, estudiamos en clases llenas de argentinos, trabajamos en empresas argentinas, etc. etc. Pero, como aprendí en esta clase de folklore, el transplante también siempre sería un transplante, aunque enfrascado en la cultura indígena, si las dos culturas no se apropian la otra y modifican ellas mismas para crear una cultura mestiza, una cultura nueva. Dale, con este fondo académico y sociocultural, ahora estoy lista continuar con mi gran metáfora. Redoble, por favor…
Cuando llegué a Buenos Aires, durante los principios meses no podía correr en mi barrio. Tuve un montón de razones (em, excusas): hacía demasiado calor, estaba demasiado pesado, no sabía dónde pude ir a correr, no quise morir en los gases de escape de los colectivos y los fumadores, no había tiempo, la familia y los vecinos me insinuaban que fue extraño que querría correr, etc. etc. etc.
En los Estados Unidos, correr fue un constante en mi horario cotidiano. Me encanta a ir a correr, para el ejercicio, claro, pero más que nada, para el tiempo sola para reflejar. Escucho a música y reflejo en mi día, mis placeres, mis problemas. Al fin de un rato, corriendo y reflejando, mis problemas son menos, mis placeres son más. Es un descanso. No tuve este descanso mental al principio de mi tiempo acá porque no existía el tiempo libre a descansar cuando estuve acostumbrando a esta vida, y esta falta me afectó. Por fin, las razones para no correr desaparecieron una por una porque me acostumbré a este horario cotidiano argentino. Fue duro volver a entrenar después de demasiado tiempo, pero cuando golpeé mi ritmo, fue fantástico, y me sentí como estoy viviendo acá, en vez de solamente visitando como una turista de dos semanas.
Estoy corriendo en círculos. La ruta va alrededor de Parque Chas, Villa Urquiza, y la Facultad de Agronomía de la UBA. Cada día hago combinaciones variadas, para descubrir cosas nuevas, pero la región queda la misma. Empiezo y termino en el mismo lugar…la casa en 2884 Atenas dónde vivo con los Ecker, una familia divina que dio una bienvenida cariñosa a mí desde el día de mi llegada. Manejar por Parque Chas es un desafío en su mismo—para extranjeros y porteños. Al principio, estaba nerviosa regresando a la casa en un taxi porque si el taxista no sabía el barrio de Parque Chas con todos sus círculos concéntricos, no sabía como decirle como llegar a casa. Ahora, la gente conduciendo muy lentamente párame en la calle a preguntarme donde está la calle Londres o Berna, y puedo decirle mejor que los taxistas. Manejo las calles de mi barrio como los Dioses, porque fui a correr cada día en sus círculos concéntricos.
Poco a poco, aprendí un montón de cosas…útiles, tontas, porteñas, y universales. Aprendí que no debes confiar en las aceras porque cuando pisas en una teja no fijada se mueve y salpica agua sucia en tus piernas. Que debes confiar que los conductores no paran por nada o nadie, pero son muy disponibles a tocar la bocina fuertemente a la chica corriendo. Que es un error grave a correr en los mismos pantalones de spandex que llevo en Middlebury (escuchando a los piropos, fue como si fuera corriendo desnuda). Que no le importa si es un jóven con un mullet, un viejo sentado a la entrada de un café, o un chico de 5 años gritando desde un colectivo escolar—todos los hombres hacen piropos. Con cada día, entendí más de los piropos y los carteles, porque mi vocabulario creció. Después de una encuesta muy científica, aprendí todas las marcas de alfajores y parece que Jorquito es la marca de elección del área. ¿Por qué sé esto? Porque pasé todos las envolturas en el suelo y en los arbustos.
Tengo algunos amigos en kioscos que salúdenme cuando paso. Puedo identificar un estudiante de Agronomía, caminando por el campus con botas sucias o un gato en una jaula de mano. Creo que los estudiantes son parecidos a nuestros estudiantes de UC Berkeley, si los estudiantes californianos tomaran mate. Es increíble, pero paso el mismo viejo con su perro gris en el mismo lugar en Agronomía cada día, más o menos al mismo tiempo. El parque detrás de Carrefour y Easy, las tiendas grandísimas parecidas a Walmart y Home Depot respectivamente, se llama La Isla Agronomía, y hay carteles en todos lados protestando un plan a construir algunos torres de departamentos en el parque. El parque siempre está lleno con gente y sus perros, familias haciendo un picnic, jóvenes jugando fútbol en camisetas de Boca o Argentina, taxistas descansando en sus taxis andando al ralentí, cartoneros armando sus carretillas, etc.
En un lado del parque hay una cancha de arena para jugar Tejas, y siempre hay el mismo grupo de 20 viejos del barrio. Paré un día para preguntar como se juega el partido, y un viejo muy dulce me lo explicó. Es como herraduras en los Estados Unidos, pero con tejas redondas. Después de esta discusión comparando juegos de nuestras culturas, cada vez que paso los hombres jugando el partido, ellos me animan con gritos y sonrisas, señalando a sus relojes y gritando que debo correr más rápido. Es muy raro que paso otra persona corriendo, pero cuando ocurre usualmente es un hombre viejo, con una sudadera que tiene más años que tengo. Tengo mucho respecto por esos hombres que quieren hacer algo bueno para su salud.
Hay un hombre que maneja una parrilla portátil, y los choripanes se huelen riquísimos. Conozco a Buenos Aires ser la ciudad peor para vivir sola, sin tu novio, porque todo el mundo está en parejas y parece que quieren recordarte que no tenés tu novio contigo. Las parejas toman la calzada total, besando y fumando, y no déjenme pasar porque son inconscientes al mundo afuera de su amor.
La parte favorita de mi paseo es cuando descanso por un rato en el puente sobre el ferrocarril. Puedo ver a todas partes—los techos de Agronomía, las torres de Carreforre, el autopista a los barrios alrededores, la Avenida de los Incas, y muy lejos, los edificios del centro, casi ocultados en las nubes en la distancia. En Parque Chas, vivo afuera del centro turístico y por eso siento vinculada con el barrio, mi barrio adoptado. Corriendo en círculos, una gran metáfora para mi tiempo acá en Buenos Aires—la confusión, el agotamiento, el descubrimiento, la alegría—eso es cómo voy a recordar mi experiencia extranjera. Estoy emocionada a regresar a ver a mi familia y a mi novio, pero no quiero irme de Buenos Aires. Como todos dijeron, somos una parte de nuestras ciudades adoptadas, y todavía no puedo creer que el tiempo ya fue tan rápido. Como Noelle dijo, tendremos dos perspectivas culturales. Creo que la cosa mejora que viene desde esta experiencia es la oportunidad, la posibilidad, la voluntad a actualmente VER cualquier cultura donde vivimos, para verla y criticarla y amarla. Por esta oportunidad, estoy agradecida.
Besos a mi Buenos Aires querido, voy a extrañarte,
Amy
una suerte de despedida...
Escribo este post con bastante melancolía. Además del hecho de que estoy absolutamente metida en un lío estresante de monografías, examenes finales, y la búsqueda por otro alojamiento, una situación que puede generar la melancolía en cualquier momento, me siento bien mareada porque todo se va cambiando, aún afuera del ritmo "regular" de cambio que lleva Buenos Aires como entidad día tras día. En este mes despido al cuatrimestre, a mis experiencias hasta ahora como extranjera en Buenos Aires, y a unas amigas absolutamente increíbles, que se vuelven a los EEUU para seguir sus carreras allá. Yo, al contrario, me quedo. Hace un mes y media, creo, que decidí quedarme con el programa de Midd para otro cuatrimestre en Buenos Aires. Úlitimamente, decidí que no podía pasar por arriba la oportunidad de quedarme en esta ciudad enigmática cuando lo tenía. Es un sentimiento muy raro, ser la única que se queda mientras que todo el mundo, parece, prepara irse. Ya sé que las cosas que me esperan en agosto serán muy distintas a las experiencias que tuve el cuatrimestre pasado. Estoy emocionada enfrentarme con lo nuevo, pero estoy consciente de que será un desafío. Cuando cumplé los 21 años, mi madre porteña mi regaló unas velitas verdes y una cadena de llaves violeta. Me dijo que el color verde simboliza la esperanza, y lo de violeta el cambio, y que quería darme algo de los dos colores para que yo podría, en cualquier momento de mi vida, hacer un cambio si lo necesitara, y tener esperanza sobre el futuro, o lo que inevitablemente vendría después de ese cambio. Eso siempre me consola cuando me encuentro estresada sobre los múltiples cambios que resultan, siempre, en esta ciudad tan caótica. Los regalitos de Gloria me recuerdan que el único constante es lo no-constante, el cambio, y que hay que tener un punto de vista abierto y esperanzadora sobre lo que lleva la vida en tu camino.
Puesto que no me voy todavía, es bastante difícil reflejar de una manera "conclusiva" (si tal cosa existe) de mi tiempo acá. Pero intento. Aprendí mucho sobre mi misma durante este tiempo, y creo que no voy a darme cuenta de cuántas hasta que vuelvo a los EEUU. Aprendí más paciencia, seguro, porque sin paciencia (o al menos, una resolución al ritmo errático-- a veces demasiado lento, a veces enteramente demasiado rápido) nadie sobrevive acá. Experimenté un sistema académica con que nunca iba a encontrarme de otra manera, y un tipo general de estudiante que no existe tal cual en los EEUU. Como mencionó Ashleigh, hay una perspectiva ante la educación en la UBA que es completamente distinta a la perspectiva estadounidense. Cambió mi sentido del tiempo, mi entendimiento del pasado, del presente, y del futuro. Los porteños andan con un ritmo distinto, por todos lados de la vida, y me costó mucho en empezar aprendiendo ese ritmo- y creo que me costará aún más intentar fusionar aquel ritmo con el ritmo de los EEUU, si siquiera es posible, pero me fijo en ese tema luego. Por ahora, trato de mantener mi salud mental durante estas semanas de finales con mucho estudiar y un viajecito relajante a Salta, y tal vez en noviembre tendré algo más conclusiva concluir.
A las chicas de Tucuman:
Muchas veces en mis clases, escuche cosas que me chocaron completamente. Curse materias de artes, pero hubo muchos comentarios sobre arte norteamericano, y con eso, critica sobre la cultura de alla. No podrias imaginar los ideas que unos alumnos tenian sobre nuestro pais. Una chica hizo un discurso sobre arte en los EEUU. Nos dijo que hay una separacion total entre temas artisticos y temas politicos en los EEUU. completamente ignorando temas como la censura de muestras de arte por el gobierno en la decada pasada (tomemos el ejemplo de Rudolph Giuliani con el Museo de Brooklyn, por ejemplo).
Nadie, pero NADIE (ni la profesora, a quien considero una mujer muy inteligente) la desafio, y sentia medio asustado preguntar los ideas que nos ofrecio, dado los problemas que todavia tengo de articularme bien. Aunque quede callado, la situacion sirivio como un buen momento para refleccionar sobre prejuicios/ignorancia que otros tienen sobre mi pais. Ademas, fue una buena oportunidad para observar el dinamico de la clase.
Hola todos!
Algunos de uds. ya volvieron a sus paises propios y otros estan haciendo las maletas para vovler. Imagino que es un proceso muy dificil y lleno de mucha emocion. Asi que volvi muy temprano a nueva york no tenia este tiempo de reflejar mucho en mi tiempo y experiencia en buenos aires. Tome mis examenes finales hasta el dia final y despues, me fui.
Ahora, en mi habitacion en ny, con el sol afuera y el calor adentro, extrano a uds y a buenos aires. Es gracioso pero pienso en volver a buenos aires, a mi casa, y que mi tiempo ahora es un descanso de vacacciones.
Siento rara en ny, visitando a mis amigos que no he visto por 5 meses y que continuaban a vivir sus vidas completamente aislados de la vida mia y las experiencias mias.
Espero que uds. que todavia estan en buenos aires disfrutan mucho sus ultimos dias, paseando por tus partes favoritos de buenos aires, comiendo choripan y tomando jugo de naranjo.
Estoy emocionado por empezar el capitulo nuevo de mi vida en buenos aires, con ms conocimiento de la ciudad y de mis gols.
Un beso grande a todos.
-Dina
Y por eso, ha llegado el tiempo de despedirme. Por meses temía llegar a este punto, a escribir este final “post”, a empacar mis valijas y irme, tan rápido de esta experiencia. Por eso, jaja, dejé (claro) al último momento. La idea de subir en el avión mañana me da ganas de vomitar, aunque estoy empezando a sentir el estirón del conexión a mi casa, a mi país, a mi familia. Es como si me sintiera ese estirón todo mi tiempo acá, una conexión casi umbilical, pero la ignoré, en vez eligiendo a crear una conexión a esa tierra, a esa ciudad, a esa gente. Me despido de Buenos Aires con un corazón re pesado, en mis últimos días estoy absorbiendo cada olor, cada ruido, cada vista de esta ciudad que ha transformado en los últimos meses a mi hogar.
A preguntar cosas como ¿qué aprendiste?, ¿cómo cambiaste? a mi me parecen una manera de devaluar esta experiencia. Claro que aprendí un montón, claro que no soy la misma persona que era en febrero, claro que esa ciudad me ha cambiado, me ha criado a ser más fuerte, tener más paciencia, ser más segura, pero pensar así es poner todo de Buenos Aires en una caja, cerrarla con llave y dejarla como un tiempo de crecer y nada más. Espero que Buenos Aires, y lo que hice acá, me seguirá en cada paso, por el resto de mi vida. Creo que en años, voy a pensar a mi tiempo en Buenos Aires como una época de cambio en mi vida, y también como representación de mi juventud, y la persona que era como joven, y lo que espero nunca cambie. En esos meses, luché contra la ciudad, contra mi misma a veces, pero al fin, conquisté una ciudad. Parece raro pensarlo así, pero al fin del día, para mi no simplemente sobreviví esta ciudad, pero la hice. Si yo puedo manejarme bien en los colectivos, si yo puedo manejarme en un idioma con tanta profundidad, si yo puedo manejarme en situaciones incomodas o simplemente torpes, que no puedo hacer? Esta experiencia que teníamos es algo tan distinta de cualquier otro programa en cualquier otra ciudad, y cada uno de nosotros lo hizo en una manera diferente. ¿Pero hay algo colectivo en ser proto-porteño o falso-porteño, lo que sea, no? Hay algo distinto en esa ciudad, hay algo que no vas a encontrar en ningún otro lado. Y después de seis meses, todavía no sé que es. Una mezcla de melancolía, de energía casi química, de una intensidad, de un arena, de una abertura tan cruda que es como si esa ciudad viviera con un herido abierto siempre. Y ahora, aunque no lo comprendo completamente, lo siento en mi misma. Tengo una huella porteña ahora en mi ser, como si yo presenciara el mejor-guardado secreto en el mundo, Buenos Aires.
un mensaje para todos...
lo siento por hacer ese "post" tan tarde (como siempre), pero como dije antes, antes de hoy, el día de mi despedida, no pude pensar en hacerlo. dejo todo al último minuto, y me parece que hoy dejé todo mis pensamientos de despedida para hoy para arreglar.
yo sé que todos nosotros estamos tristes para despedirnos, no podemos creer que pasó tan rápido el tiempo, etc., pero lo que me di cuenta hoy es que ese 6 meses, (o ano, lo que sea) que pasamos como extranjeras no es nuestra unica epoca en buenos aires (guadalajara, montevideo, tucuman, lo que sea), sino un primer capitulo. acá en buenos aires, vivía (que raro usar el pasado) con una chica finlandesa de 28 anos que ha vivido unos anos en BsAs, unos en rio de janiero, unos en diferentes partes, y ella me ha ensenado que cuando quieras, podés ir a cual lugar en el mundo y hacerlo tu casa. eso es lo que hemos hecho, y yo sé que ese fue solo mi primera vez (de muchas, espero), a vivir en buenos aires. es una despedida por ahora, pero no por siempre...