Obviamente en comparación con Guadalajara o Bs As, Xalapa, con 400,000 personas, es una ciudad chiquitita, pero no sufrimos por una falta de actividades “culturales” (un término que encuentro chistoso porque siento que todo que hago aquí es parte de la cultura de Xalapa.) Si existe algún problema, es que hay demasiado que hacer en muy poco tiempo. Ofrezco una vista muy breve de varias de las actividades que hay aquí en la ciudad de las flores:
Café (empezamos con lo más importante)
Espero que la fama de café de Veracruz haya llegada a Argentina, pero puedo ser que Ustedes están demasiado ocupados con su mate, y lo lamento mucho. Antes de llegar a Xalapa casi nunca tomaba café, pero como que Xico y Coatepec, dos pueblitos muy cerca de Xalapa producen cantidades enormes de riquísimo café, aprendí rápidamente. Creo que hay más cafés que iglesias, algo impresionante en un país tan católico. Mi meta a llegar era probar cada café de Xalapa, y aunque estoy intentando, no creo que lo logre antes de terminar el semestre. Por lo menos puedo llevar un poco del ambiente conmigo en una bolsa de café Colón.
Fiestas, fiestas y más fiestas
Lo que disfruto más de Xalapa es la vida nocturnal, y probablemente por la población enorme de estudiantes (unos 35,000 sólo en la UV), tenemos bastante que disfrutar. Aparte de la variedad de conciertos, antros, karaoke, salsotecas, y cafés, todos divertidos, mexicanos saben hacer una fiesta. Mis favoritas son fiestas de cumpleaños, y tuve la suerte de cumplir años esta semana para experimentarla personalmente. No sé si es la piñata, las mañanitas (la canción de cumpleaños), las carnitas, cuando gritan “MORDIDA, MORDIDA” (la que cumple años tiene que morder el pastel), o cuando mientras muerdes el pastel tu amigo empuja tu cara en este mismo pastel, o un poco de todo que a mí me gusta más, pero seguramente sus fiestas de cumpleaños son mejores que las de nosotros gringos. Y aunque Middlebury no quiere que hable mucho de alcohol, no sé quién me dijo que estudiantes mexicanos no toman tanto, porque desde lo que he visto, ésa es pura mentira.
Arte
No sé si es por la facultad de artes de la UV que hay tanto arte, o si es al revés, pero hay pequeñas galerías en cada esquina, y enormes cabezas en el parque central. Aparte del arte religiosa en las iglesias, la mayoría es moderna, muchas veces con un mensaje político, y creo que da testigo de la presencia joven y izquierdista en Xalapa.
Música
La Orquesta Sinfónica de Xalapa es una de las mejores de México, y sólo una parte de la escena musical de Xalapa. Me gusta mucho la música clásica que tocan ellos, pero no me limito. También he ido a un concierto de punk (que aquí tiene influencias de ska muy fuertes) y varios del grupo Sonex, un grupo de “son jarocho experimental”. Son jarocho es la música del puerto de Veracruz, y usa tambores, una variedad de guitarras chicas (con sus propios nombres), y en el caso de este grupo, violín y bajo eléctrico. Además hay mucha rock, metal, y obviamente, música tradicional como banda (lean la próxima sección).
Baile
Como extranjeros, hemos comentado que mexicanos, o por lo menos xalapeños, no saben bailar. En los antros y fiestas tratan de imitar a Beyonce, Shakira, quien sea, pero los movimientos y los ritmos no traducen muy bien. Hay dos excepciones de esta regla: salsa y banda. Empiezo con salsa, de que sé un poco más, y como el baile menos auténtico. Hay muchísimos talleres de salsa en la ciudad, y por lo menos tres antros que tocan exclusivamente salsa. Y no hay nada más bonita que ver una pareja que realmente sabe bailar salsa.
Banda es otra cosa completamente. Es un baile muy mexicano, y, yo diría, torpe. Puede ser que lo digo sólo porque nunca lo he entendido, pero es muy chistoso ver las parejas en la pista enérgicamente moviéndose. A pesar de su falta de gracia, después de cuatro meses ya estoy acostumbrada a la música, y cuando empieza no puedo evitar un poco de movimiento de mis hombros…
Además se puede disfrutar de una variedad de espectáculos de ballet folklórico, que bailan todo desde jarocho de aquí en Veracruz hasta bailes antiguas de los aztecas y baile norteño de los vaqueros.
Museos
Es un poco embarazoso admitirlo, pero no he ido a ninguno de los museos que ofrece Xalapa. El más impresionante es el enorme Museo de Antropología (y como que estudio antropología…), pero hay también el Museo Interactivo, divertido tanto para los niños como para sus padres, y el más pequeño pero también interesante Museo del Bombero.
Fútbol (El deporte más importante después de lucha libre-de que no sé nada.)
Sé que en términos de fútbol en el mundo, México ni entra en el mapa, y también sé que para mis compañeros en Guadalajara (que las Chivas se vayan… pues sabes dónde..) aún más el equipo de Veracruz, pero mi equipo siempre será los tiburones rojos de Veracruz, probablemente el equipo peor de México (recientemente expuesto por sus conexiones con los narcotraficantes). Recientemente mi hermana mexicana me dijo que una razón por la cual a nadie le gusta los tiburones es que tienen muchos extranjeros, sobre todo argentinos (si todavía no sabes, che, los argentinos no son exactamente bienvenidos en México.) Aunque casi no me fijo en fútbol, me parecía importante incluirlo, como parte integral de Latinoamérica, en esta entrada.
Espero que hayan disfrutado esta guía virtual de Xalapa, lo único mejor sería venir y visitarla sí mismos.
servido por cuaderno-latinoamericano
2 comentarios
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Ellen Marrone dijo
Ellen Marrone
El 17 de junio de 2007
Los narcocorridos de México y su cultura
Los mexicanos son muy orgullosos de su cultura, y con razón. Pero, todavía, es difícil combatir las influencias del gran vecino (gran en el sentido de su poder más que su mérito) al Norte, los Estados Unidos. De todos modos, la música banda, particularmente los “narcocorridos,” es una reunión interesante entre el peso inevitable de los EE.UU. y la cultura propia y única de México. Combine instrumentos y estilos musicales de México con retratos líricos de la vida bandida del norte de México, dominaba por la narcotraficante a través de la frontera.
Hace poco, la música norteña que inmortaliza los narcotraficantes ha entrado en la cultura popular no sólo en las regiones conocidas por la cultivación de marihuana sino también en las ciudades al norte de la frontera entre México y los EE.UU. donde se venden las drogas y, generalmente, la trayectoria internacional de los inmigrantes mexicanos. Ya no es algo restringido a la subcultura de los traficantes; los narcocorridos de hoy atraen mucho dinero y un negocio único está floreciendo alrededor de las canciones, además de los “Grammy Awards” que han recibidos varios grupos. Huelga decir que esta música contemporánea con corazón ranchera ha provocada debates tan intensos como las historias que cuenta.
La historia de los narcocorridos:
Con sus raíces en los corridos populares y la música ranchera (especialmente del Norte) las nuevas canciones “narcocorridos” también cuentan las noticias y cuestiones diarias. Los corridos de México tenían sus orígenes en los romances y jácaras españoles del siglo XVII, cuales hablaron sobre la historia del país o del pueblo—desde batallas hasta amores pasajeros—como una mezcla entre un periódico y espectáculo para los analfabetos. También, hay huellas de los cantos épicos de la cultura indígena, principalmente los de la lengua náhuatl, en la costumbre de los corridos. Revelando de sus orígenes en la cultura analfabeta, oral y popular, los corridos podrían contener errores gramaticales, metáforas sencillas, arcaísmos y dobles sentidos.
Durante la Revolución mexicana, cuando la popularidad de los corridos fue establecida firmemente, ellos fueron adaptados a la música mexicana pero todavía sirvieron para informar la gente analfabeto de los acontecimientos de la guerra—usualmente subrayando y exagerando las proeza particularmente gloriosas. Hace 100 años, los corridos de Emiliano Zapata o Pancho Villa y la Revolución eran los más populares y abundante. En estos tiempos, muchos de los corridos podían glorificar o contar de los bandidos, criminales, inmigrantes ilegales o, generalmente, los de abajo—entre otros temas como el amor o el traición. Y aunque existe la conexión de lo contracultura entre los temas anteriores y los de hoy, el foco en las vidas de los contrabandistas o “mojados” es un fenómeno nuevo, o sea, de los últimos treinta años.
Los grupos musicales más exitosos de hoy vienen de Sinaloa, la tierra más conocida por el narcotráfico, y geográficamente más apta para la cultivación de las drogas (las laderas de la Sierra Madre), en México. Cuando empezó el siglo XX, los inmigrantes chinos a Sinaloa y Sonora introduzco la cultivación del opio de amapolas. A pesar de que el gobierno mexicano prohibió los narcóticos en 1927, en las tierras ásperas de las montañas la cultivación ilegal siguió. Con la crisis económica de los 80 y los desastres naturales de la misma época, el narcotráfico se hizo más atractivo y provechoso. Aunque no quieren admitirlo, los vendedores ayudaban a la economía mexicana porque proporcionaban trabajos y llevaban más movimiento de efectivo al país.
Desde hace más que 30 años, los conjuntos norteños y la banda sinaloense (o la tambora) han dependidos más en la patrocina de la narcocultura. Los “gallos valientes” (los jefes narcotraficantes) pagan a los grupos para contar de sus hazañas, un intercambio atrayente para los grupos.
Musicalmente, las raíces en la ranchera exige que los narcocorridos se incorporan ritmos de la danza polca que trajeron los alemanes cuando inmigraron al sur de Texas entre el medio de los 1800s hasta los fines de los 1930s. Estas canciones para bailar florecieran en la frontera con versiones que incorporaban elementos de las cumbias, rancheras, vals, marchas y baladas, también. Aunque antes las charangas eran una diversión para las elites, en el siglo XX, esta música se asociaba con las clases inferiores. Con la urbanización y migración, la banda quedaba con la clase rural y baja.
Hoy en día, los narcocorridos no son completos sin un acordeón y una banda de instrumentos de metal. Aparte, una banda típica se compone de instrumentos de viento de madera y percusión (usualmente muy fuerte con, notablemente, la tambora que mantiene la compás para los demás y la campana de vaca) y cantantes en trío, dúo o solos.
El producto del narcocorrido es una mezcla de varias fuentes artísticas que cuenta una mezcla de lo real con la fantasía. Debido al carácter ilegal de sus negocios, el narcotraficante era sumamente desconocido salvo lo que fabrica la policía y los grandes medios de comunicación. Sin embargo, con su visibilidad recientemente aumentada (los carros, la joyería y las armas que traen ya no ocultos), los traficantes han empezado a narrar sus propias historias por medio de los corridos. Pero estos corridos entran en un mundo que ya tiene una imagen de la vida de un vendedor. El autorretrato, entonces, se mezcla con la mitología y la tradición del corrido para producir un híbrido interesante, tan real o ficticio que quiere.
Hoy, parece que los jóvenes latinos que escuchan la banda están afirmando sus raíces culturales en una manera propia. Los sonidos, imágenes y lenguaje del México rural y premoderno con los valores y la vida contemporánea. Siempre hay una necesidad social para el héroe de abajo—sea un revolucionario, bandolero o narcotraficante—que escapa su pobreza para una vida atractiva con nomás que fuerza, su mente y el deseo.
Ejemplos de los narcocorridos:
Hoy en día, después de transportar con éxito un cargo a los EE.UU., el tratante contratará un grupo musical para componer una canción sobre la hazaña. Dependiendo del grupo, costaría miles de dólares por una canción. Pero todavía el intercambio entre los traficantes y los músicos permanece poco reconocido entre los involucrados, quienes negar los orígenes de las canciones y la recompensa.
Valentín Elizalde, un cantante de la banda icónico, empezó su profesión en su patria, Sonora, gracias a la influencia de su padre (también, un músico). Aunque comenzó cantando corridos más inocentes, desde poco encontró en el mundo de los narcocorridos, indudablemente por el dinero que recibió. En 2006, después de unos rumores de su conexión con el Cártel de Sinaloa, Elizalde y su manager fueron matados (probablemente por unos miembros del otro cártel, el Cártel del Golfo) después de una interpretación. Elizalde tenía 27 años. A pesar de que la calidad de su música era disputada, con su muerte, se han convertido Elizalde en uno de los corridistas más exitosos.
Los Tigres del Norte, un grupo ranchero compuesto de miembros de una familia, es uno de los grupos más famosos del narcocorrido. Empezaron en los 1970s con la canción “Contrabando y Traición.” Hoy, tienen “12 nominaciones al Grammy, 55 álbumes y más de 32 millones de copias vendidas, sin contar las ediciones piratas.” Pero ellos, como otros corridistas, no sólo cuentan sobre la narcotraficante. Ellos pueden hablar de cualquier noticia relacionada a la cultura clandestina de México. Un tema reciente que se escucha en los narcocorridos de los Tigres del Norte es los asesinatos en la Ciudad Juárez.
Humillante y abusiva la intocable impunidad
Los huesos en el desierto muestran la cruda verdad
Las muertas de ciudad Juárez son vergüenza nacional
Mujeres trabajadoras de maquiladoras
Cumplidoras y eficientes, mano de obra sin igual
Lo que importan las empresas no lo checa el aduanal
En la canción arriba que se llama “Las mujeres de Juárez,” la historia grave que cuenta está en contra a la melodía animada. La canción es una defensa perfecta para los narcocorridos porque se manifiesta contra la política mexicana que no hace caso a las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Cada estrofa termina con un verso de comentario fuerte, cantado por un hombre y una mujer que cantan en armonía.
Finalmente, el cantante famoso que más representa a los narcocorridos es Chalino Sánchez. Él es de un pueblo en Sinaloa donde, una noche, se dio cuenta de que su hermana fue violada. Él mató al violador y se fugó a Los Ángeles. Allá, grapó su primer corrido, lo cual contó del asesinato de su hermano en un hotel en Tijuana. Con el éxito que tenía el corrido, empezó a recibir propuestas de narcotraficantes para componer corridos, junto con grupos norteños o bandas sinaloenses, exaltando las varias proezas. En 1992, después de un concierto en Culiacán, Sinaloa, fue asesinato.
Otra vez, sus méritos musicales son dudosos: tenía una voz gangosa y estridente. Su fama vino más de su carisma y producción de su imagen sinaloense del bandolero. Su estilo es distinto e imitado por otros corridistas.
En su cancion, “El gallo de Sinaloa,” se jacta de su buena suerte y su pasado largo en los “palenques,” o sea, varias transacciones.
Soy gallo de Sinaloa
jugado en varios palenques
no es porque yo les presuma
me sigue la bueana suerte
a lo que yo me dedico
traigo cerquita la muerte
El debate sobre el peligro de los narcocorridos:
Más recientemente, organizaciones, locutores y el estado han intentado de prohibir los narcocorridos con poco éxito. Existe un debate acalorado entre los defensores y los acusadores de los narcocorridos. Mientras algunos critican la glorificación de la vida de los narcotraficantes que viene en las canciones, otros mantienen que las canciones constan nomás de cuentos y no afectan nadie. Según los defensores, no es una creación de la violencia sino una reflexión de la violencia que ya existe: las mismas imágenes e historias que salieron en los periódicos y las noticias. No se puede aislar la música; se necesita ponerla en el contexto de la realidad de los tiempos. Los narcocorridos a lo mejor son justificados, moralmente, con la violencia social a que reaccionan. Y no necesariamente celebran estas condiciones; en un sentido, los narcocorridos son para curar, por medio de la expresión, la comunidad afectada. También, podrían ser nomás historias orales como tiene cualquier comunidad.
Pero, es verdad que las canciones, por lo menos, demuestran una tolerancia aumentada del público. Los narcocorridos aprovechan la imagen comercializada del narcotraficante héroe. Mientras el narcocorrido regresa a las raíces musicales de México, hace cumplir el estereotipo del narcotraficante mexicano ya común en el mundo. También, unos acusadores dicen que son peligrosos porque enseñan una de las únicas vías accesibles para el ascenso social que tienen los jóvenes pobres. Entonces, la solución no permanece en la censura sino en un cambio social que vendría del gobierno. Y más, cuando se prohíben los narcocorridos es cuando se hacen más populares, debido a su status ilícito. A la vez, la prohibición de las canciones puede ser considerada como “censura.”
En 2002, las estaciones del radio de Baja California prohibieron los narcocorridos voluntariamente. Ex-presidente Vicente Fox proponía la prohibición de los narcocorridos. Unos oficiales gubernamentales echaban la culpa a los corridistas por el fracaso de la “guerra contra las drogas.” Sólo con la memoria de las censuras de la música jazz, rock y otros, se puede entender que la llamada para la censura es un debate política, cultural o social tanto como uno de las letras.
La conexión cultural entre los narcocorridos y la música rap:
De hecho, la popularidad y la controversia acerca de los corridos son semejantes a las que marcan los rapes americanos y su cultura. Los críticos sostienen que la combinación entre las letras que cuentan sobre una vida violenta, machista y criminal y el poder de la imagen de los beneficiarios de esta misma vida completa con dinero y fama (personificada por los raperos) es bastante influyente sobre el público. Precisamente parecido al fenómeno del rap, con la venta de más álbumes de los narcocorridos venía más temor por una cultura que está creciendo fuera de control.
Como la música rap, los narcocorridos viene de la necesitad de reconocer la vida “sucia” (según el publico) pero real para los que la viven. Entonces, la violencia que acompaña a los dos géneros de música se hace más parecidos los dos. Por ejemplo, muchos comparen el asesinato de Chalina Sánchez con los de Tupac Shakur y The Notorious B.I.G., una rivalidad muy conocida en el mundo de la música rap; los culpables en cada asesinato todavía permanecen desconocidos. Según el periodista Elijah Wald, los mismos compradores de los narcocorridos están, también, comprando la música rap.
Los dos géneros atraen a los adolescentes latinos y negros (afro-americanos) en las ciudades porque ellos están familiares con la guerra de las drogas y las otras circunstancias arenosas que vienen con la pobreza. Pero, en términos de las letras, el sonido y la edad y apariencia de los intérpretes, los dos son muy diferentes. La innovación lingüística es más importante en la música rap que en los corridos, que usan fórmulas y sonidos tradicionales. Sin embargo, habían movimientos recientes de los narcocorridos que incorporaban nuevos efectos de sonidos, para hacerlos más reales, que reflejan más la innovación de la rap.
Lupillo Rivera, un corrodista que nació en Jalisco y creció en Long Beach, es la encarnación de la correspondencia entre la rap y los corridos. En su música nueva, se mezcla el sonido urbano de la música rap con la música norteña que refleja la cultura mexicana y el mundo del narcotraficante.
Finalmente, existen los mismos debates acerca de los dos tipos de música. Mientras los acusadores dicen que la música sólo glorifica la violencia del narco-mundo, los defensores mantienen que es nomás un reflejo de la realidad.
Conclusión
El corrido mexicano narra y describe, sin dictar sentencia, la dura supervivencia de algunos sectores de la sociedad para quienes, a veces, el “delito” parece la única salida de la vida tan cruel. Por eso, los narcocorridos son nomás continuaciones de una tradición larga en la historia mexicana—y europea, también.
Lo que llama más la atención de los narcocorridos es el éxito que tienen los cantantes. Vestidos en camisas vistosas con pulseras y collares brillantes, saliendo de carros extravagantes, los corridistas representan lo que la sociedad prefiere mantener escondido: el narcotráfico. El narcotráfico es la única impresa internacional exitosa con raíces en América Latina. Ellos representan la corrupción de los gobiernos y el fracaso de sus sistemas sociales. Como la música rap, los narcocorridos tiene el objetivo social o político de expresar la vida condenada de los oprimidos en el sentido sociopolítico.
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22 Junio 2007 | 04:40 AM