Flash Mental: El Nuevo Palermo Viejo
FLASH MENTAL: EL NUEVO PALERMO VIEJO
Un reportaje de Ezra Axelrod
1 de junio de 2007
EL “HOTSPOT” PORTEÑO
“Encontrémonos en Plaza Serrano para almorzar,” me dice una amiga ecuatoriana un sábado. Salgo de mi casa a las dos de la tarde, y camino las cuatro cuadras a la plaza. La calle está casi intransitable por la muchedumbre de gente y autos que ya suele atascar Honduras a lo largo de su trayecto por Palermo Soho (la zona que se encuentra entre las avenidas Scalabrini Ortiz y Juan B. Justo, y Córdoba y Paraguay). Almorzamos entre el parloteo constante de argentinos, otros sudamericanos, norteamericanos, ingleses, alemanes, franceses, y holandeses, como si estuviéramos en el comedor de Heathrow en Londres. Al lado nuestro, le escuchamos a una señora estadounidense chillar en su celular: “¡Jerry encontró una camisa maravillosa, y cuando se dio cuenta del tipo de cambio, se volvió loco, y tuvo que comprar cuatro más, en todos los colores!” No es la única persona que ha estado de compras hoy: tanto jóvenes como adultos están con bolsas adornadas con los nombres de marcas de diseño como Levis, Diesel, y los de diseñadores argentinos. Después de nuestra cita en uno dos los varios restaurantes internacionales del barrio, me despido de mi amiga y vuelvo a mi casa en Godoy Cruz y Nicaragua. Más tarde, recibo una llamada: “Vamos a Plaza Serrano esta noche, ¿venís?” Y me hago uno más de la muchedumbre de gente que está acudiendo en manadas al barrio que hasta recién no era más que una zona de casas bajas, talleres, y comercios barriales (http://www.palermonline.com.ar/noticias_2006/nota207_torres.htm).
Hoy en día, Palermo Soho se considera una de las zonas más importantes de la movida porteña, y como dice uno de los vecinos “pretransformación,” se ha vuelto la zona del “chico ultra pop moderno.” De día, sus calles están repletas de consumidores buscando lo último en moda, y de noche, no se deja de escuchar el ruido que proviene de los boliches que parecen estar diseminando diariamente desde Plaza Serrano. “Recuerdo que caminaba por las calles sin saber qué esperar un día al otro,” cuenta María di Pace, una música de 21 años que vivía con su padre en Godoy Cruz y Nicaragua antes de mudarse a España. “Un día había una casa, y al día siguiente encontrabas una tienda de ropa o un boliche.” No está tan exagerado; durante la última década, la cantidad de locales de venta de prendas de vestir y accesorios de vestir en Palermo Soho ha aumentado un 650%, de 20 locales en 1994 a más de 150 locales en 2007 (Carbajal 106). En Palermo Soho, todos los vecinos están hablando de este auge, y los cambios que ha traído.
LOS VECINOS
Carlitos es uno de estos vecinos. Nació en Palermo Viejo en 1942, y ha vivido toda su vida en el barrio. Nos encontramos un jueves a fines de mayo en su garaje, “Gran Prix,” que queda en Gurruchaga y Costa Rica. Coloca dos sillas en el sol cálido de ese día, frente a un auto que estaba en un estado de reparación indeterminable. “¿Sos del Clarín?” me pregunta sospechosamente, y le explico que la entrevista no tiene fines periodísticos. Le pregunto sobre el pasado del barrio, cómo era durante su infancia, y se queda sin hablar por un momento antes de decir, pensativamente, “Era un barrio de pocos autos, de mucha amistad, y de buenos vecinos.” Carlitos idealiza el pasado del barrio, sonriéndose mientras habla de la movida de vecinos que había en las calles, los carnavales que hacían, los clubes de fútbol que se formaban y que jugaban contra otros equipos de los demás barrios. Carlitos recuerda que en cualquier momento, uno podía pasar por la calle y encontrar amigos sentados frente a los almacenes que había en todas las esquinas. “Antes era como una familia grande,” dice.
Durante su niñez, Palermo Viejo (recién rebautizado Palermo Soho por las semejanzas entre éste y su tocayo en Nueva York) era un barrio de clase obrera, poblado por gente con oficios como carpintero. Mucha de la edificación era de talleres o fábricas. Carlitos dice que durante el primer gobierno de Perón, esta misma gente pasó de clase obrera a clase media, y Carlitos recuerda que Palermo Viejo había sido un barrio de clase media hasta hace más o menos diez años, cuando la zona empezó a cambiar.
Hoy en día, el taller “Gran Prix” se encuentra amenazado por los cambios del barrio, ya que Palermo Soho se ha vuelto una zona de moda y de gastronomía. Entre el censo de 1994 y el relevamiento de 2002, la cantidad de locales gastronómicos creció 227,6%, y no ha dejado de crecer desde entonces (Carbajal 105). Según Carlitos, es difícil permanecer en el barrio, sobretodo por las ventajas económicas de emigrarse. “Un inmobiliario me ofreció $US 1.500 por metro cuadrado de mi garaje y mi casa,” explica, “Son cantidades de dinero que nunca habríamos imaginado. Y muchos vecinos no pueden rechazar la oferta.” Mientras hablamos de la política inmobiliaria de comprarles las casas a los vecinos por precios irrechazables, pasa por el garaje Mario, un viejo amigo de Carlitos que también ha vivido toda su vida en Palermo Viejo. “Intentaron comprarme la casa a mí también,” dice amargamente. “¿Y para qué vendría? ¿Para que se pierda una cosa más de nuestra historia?”
Carlitos y Mario recuerdan que Palermo Viejo siempre era un barrio de “gente de categoría,” y que con los nuevos cambios, se ha perdido todo lo que hacía la zona única. Se están refiriendo a una cultura artística cuya única huella es la renombrada Calle Jorge Luis Borges. “¿Dónde vivió Julio?” Carlitos le pregunta a Mario, refiriéndose a Julio Cortázar. “Vivió frente a la plaza antes de exiliarse en Europa.” Los dos hablan de poetas como Borges y Evaristo Carriego y de músicos como Juan D’arienzo y Aníbal Troilo que vivían en el barrio en las varias épocas de su historia. “Esa cultura ya no existe. Ahora es un barrio de boliches, y ellos no respetan nada. Ponen su música hasta las seis de la mañana. No les importa que yo tenga que madrugar. Antes, no era así. Antes, los vecinos nos respetábamos.”
Un día le menciono a Daniel, el dueño del cíber que queda en Nicaragua y Jorge Luis Borges, que muchos vecinos están diciendo que el barrio ha cambiado mucho en la última década, y me dice en su franca manera de hablar, “Esto cambió muchísimo en los últimos diez años.” Daniel se instaló en el barrio en 1979, y hasta 1998 era el director general de comercio de la ciudad de Buenos Aires. En 2003, después de perder en el Corralón los $US 160.000 que había recibo por renunciar voluntariamente su puesto, decidió montar el cíber acá cerca de su casa, para ganar mas “guita.” En 2003, firmó un contrato para cinco años de alquiler, pagando $US 1.500 mensualmente. Ahora, cinco años después, está por renovar el contrato, pero esta vez, van a cobrar el doble del alquiler original.
Daniel dice que aunque la inflación lo está agarrando ahora, los cambios que le están encareciendo al barrio empezaron varios años antes de 2003. A fines de los años 90 se construyeron dos boliches en Plaza Serrano, y en 1999 renombraron la Calle Serrano “Calle Jorge Luis Borges.” Daniel dice que el primer hecho atrajo más jóvenes al barrio, y el segundo sirvió para revitalizar la historia del famoso tocayo de la calle renombrada, cuya poesía había idealizado el encanto del barrio. Este interés revitalizado coincidió con la crisis económica a principios del nuevo siglo.
El público sentía la inminente crisis (la economía se encontraba en una grave recesión), y empezó a sacar todo su dinero de los bancos. El Presidente de la Rua, intentando controlar la huída de dinero de los bancos, implementó una serie de políticas (el “corralito” y el “corralón”) que efectivamente le robó al público el dinero que había depositado en los bancos (el cual muchos todavía no han recuperado.) A causa de la crisis económica, el peso perdió su valor de un peso a un dólar hasta llegar a 4:1, y los precios inmobiliarios cayeron en picado. Viendo una oportunidad de aprovechar de los bajos precios y del interés turístico en Palermo Viejo—lo cual, a pesar de la crisis, no se había acabado—inversores tanto argentinos como extranjeros con dólares o guardados en sus casas o depositados en cuentas extranjeras empezaron a invertir.
Carlitos y Mario dicen que a los nuevos inversores “no les importa conservar la historia del barrio. Le compran la casa a un vecino, y la demuelen.” Carlitos y Mario lamentan que los nuevos inversores estén haciendo que se pierda el sentido barrial que por tantos años definía Palermo Viejo. “Son los argentinos que son los peores,” se queja Carlitos. “A menos al inversor extranjero le interesa la historia de la zona, e intenta conservar los estilos arquitectónicos. Al argentino, no le importa nada. Acá en Plaza Costa Rica, demolieron una casa de los años 30 que un inmigrante armenio construyó. Era linda la casa. ¿Viste que pusieron una fachada cualquiera que no tiene nada que ver con el barrio?”
EL NUEVO VECINO ARGENTINO
El barrio que antes constaba de casas bajas ahora se siente amenazado por las construcciones ultramodernas que parecen estar ahogando esta zona por su periferia. Una torre ya ha penetrado la “burbuja” del barrio en Uriarte y Honduras. Cuando le pregunto a Daniel si hay leyes de zonificación que prohíben la construcción de torres en el medio de casas bajas, me dice que sí hay, pero que con un soborno, se permite todo. Pero la verdad es que en los últimos años, cambios en el Código de Planeamiento Urbano han permitido la “multiplicación de terreno hacia arriba” (http://www.palermonline.com.ar/-noticias_2006/nota207_torres.htm). Un día voy a la torre en cuestión y me encuentro con Hugo, un psicólogo que vive en un departamento en el treceavo piso que da hacia el río. Es un hombre callado, no muy ansioso para hablar, y sin provocación, se quedaría sin decir nada. Me ofrece un te ya preparado, y se sienta de frente mío, esperando que le pregunte algo.
En cambio a los otros que yo había entrevistado antes, hace poco que Hugo vive en Palermo Soho. Se instaló en el barrio hace diez años, cuando ya había empezado a cambiar, y abrió una clínica en Godoy Cruz y Gorriti para pacientes con adicciones. Recién decidió cerrar la clínica porque, según él, el gobierno hace que sea muy difícil tener un negocio pequeño acá. “Te matan con los impuestos,” dice, quejándose de que ya no era lucrativo mantener el negocio. A pesar de esta queja, Hugo es un hombre sumamente optimista.
Si Daniel se queja del gobierno de Kirchner y la “hiperinflación” que percibe, Hugo lo apoya. “Es normal que la inflación sea de 10% por año si la economía también está creciendo anualmente más o menos 10%.” Cuando le pregunta a una amiga, Nuria, que trabaja en el INDEC, sobre esta cifra, dice que la inflación es mucho más alta, pero que el gobierno falsifica los datos. Cuando el INDEC estaba por publicar los datos verdaderos, dice Nuria, despidieron a la jefa de la organización, y el gobierno empleó a una “marioneta” quién, según Nuria, “inventa datos.”
Según Hugo, el crecimiento económico no va a parar. “Me parece que vamos a tener cuatro años más de este gobierno,” dice. Hugo no tiene miedo de que Palermo Soho se vaya a degradar en algún momento, pero Daniel Liberatto sí está muy preocupado. “La infraestructura de Palermo Soho es de los años 30, y ahora, con la construcción de torres, se va a saturar. No está diseñado para aguantar el desperdicio de tanta gente.” Según Daniel, la ciudad tendrá que cavar todas las calles para modernizar el sistema de tuberías, lo cual seguramente desprestigiaría la zona durante la excavación, y podría quitarle inversores al barrio.
Pero Hugo no está preocupado por este tema. Él representa una nueva actitud en el barrio, uno que sólo ve el “crecimiento,” y que se niega a ver los problemáticos que se podrían generar por demasiado crecimiento un demasiado poco tiempo. Cuando hablamos de los cambios del barrio en la última década, dice que los cambios están muy bienvenidos, sobre todo el auge de inversiones y la afluencia de extranjeros. Cuando le pregunto si le parece que esta afluencia está haciendo que se pierda el sentido barrial de Palermo Soho, dice que no. “El inversor le aporta mucho al barrio,” dice. “Estamos en la mitad del crecimiento. Esto va a continuar mucho más. Recién se está conociendo Palermo Viejo en el mundo.”
EL EXTRANJERO
Al cerrar su clínica, Hugo se aprovechó del interés extranjero en el barrio que cita en nuestra entrevista. Tal vez no era lucrativo mantener una clínica en la casa en Godoy Cruz y Gorriti, pero sí le resultó lucrativo alquilársela a un extranjero por $US 5.000 mensualmente, con un compromiso de seis años. El nuevo inquilino es el estadounidense Brian, un ex-alumno de Brown University.
Un día en el cíber de la esquina de Borges y Nicaragua, veo un anuncio en inglés, buscando inquilinos de las habitaciones de una casa que queda a cinco minutos de Plaza Serrano, que resulta ser la ex-clínica de Hugo. Me comunico con Brian, él que había colgado el anuncio en el cíber, y cuadramos una cita. Al llegar a su casa, timbro, pero nadie contesta. Estoy a punto de irme cuando aparece Brian en la esquina de Gorriti y Uriarte. Lo reconozco de una vez: alto, musculoso, jeans flojos, zapatillas, una camiseta cualquiera y un sombrero “John Deer.” Me saluda confidente y energéticamente, dándome la mano con fuerza, y se pone a hablar inmediatamente de su inversión acá en Palermo Soho.
Le pregunto, para tener una mejor idea con quién estoy hablando, qué y dónde estudió. Se ríe, diciendo, “Asistí a Brown, jugué fútbol americano y hockey, y estudié la ceremonia de grado. [Risa, pausa] No, mentira, estudié negocio.” Después de graduarse de Brown University en el año 2000, Brian empezó a trabajar en el NASDAQ de Nueva York. Después de seis años de trabajo en Wall Street, Brian se dio cuenta de que quería ser su propio jefe, y que jamás en su vida volvería a trabajar para otro. Brian tomó un año de descanso, viajando y pensando en qué iba a hacer con su vida. Recién en diciembre de este año, Brian vino a Buenos Aires con un ex-compañero de Brown para unas vacaciones de “boozing,” o de borrachera. Brian dice, mientras se ríe, que no recuerda muy bien qué pasó durante esas dos semanas, pero sí recuerda que él y su amigo investigaron el mercado inmobiliario en Buenos Aires, y concluyeron que era el momento oportuno para invertir. Brian decidió quedarse acá, sin saber ni una palabra de español, menos frases erradas como “no problemo.” (Cuando le pregunto si piensa aprender español, contesta que le gustaría pero que el tiempo no alcanza.)
Su primera inversión fue un departamento en la torre de Uriarte y Honduras, el departamento vecino del de Hugo. Brian vio más que 200 departamentos en Palermo Soho y Palermo Hollywood antes de comprar, y dice el que compró era el único departamento ubicado arriba del quinto piso que valía menos de $US 95.000. Brian compró el departamento por $US 75.000, y aunque le parecía un buen precio comparado con los que encontró por las otras propiedades, pagó casi dos veces más el precio por el cual el dueño lo había comprado. Brian va a convertir el departamento en un ejemplo de la modernidad, algo que, según él, no se ve en Buenos Aires. Brian va a equipar el departamento con toda la nueva tecnología de Apple, la cual va a traer de EEUU. Brian dice que el departamento va a parecer algo de una revista, una muestra de cómo vivir lujosamente con poco espacio. Éste va a alquilar, y está seguro de poder cobrar una renta astronómica, dado a lo lujoso que será el departamento y su ubicación en el treceavo piso de la única torre a tres cuadras de Plaza Serrano. “No se va a encontrar esta vista en otra parte de Palermo Soho,” dice.
Una vez instalado en el departamento en Uriarte y Honduras, lo cual por ahora ocupará él, empezó a ver inmuebles en el barrio para montar su primer negocio en Buenos Aires: un hostal-bar-restaurante-discoteca, o como dice Brian, “El Hard Rock Café o Disneyland de hostales.” Encontró a la vuelta de su departamento la clínica de Hugo, que recién se había sacado al marcado. Brian empezó la renovación inmediatamente, empleando un ejército de trabajadores: obreros para las obras de construcción, una directora del proyecto que también sirve de diseñadora, electricistas, un asistente personal, y varios otros para convertir el espacio en la visión de Brian en el menos tiempo posible. La visión de Brian es un “hostal único en su nivel de lujo.” Brian va a importar ilegalmente computadoras Apple para todas las habitaciones, las cuales tendrán banda ancha e iPods para poner música. Además, todas las habitaciones estarán conectadas al bar, para que se puedan mandar bebidas directamente.
En realidad, Brian está visualizando un espacio del cual el turista no tendrá que salir mientras está en Buenos Aires. Brian ha pensado en todas las necesidades del turista: comida, bebida, y entretenimiento (además de la discoteca, va a haber tres “teatros” para proyectar películas). Este proyecto representa una tendencia del turismo porteño: Buenos Aires se está convirtiendo no en una destinación cultural, sino una especie de colonia extranjera donde el turista puede festejar y sentirse glamoroso por un precio razonable (Antes de venir a Buenos Aires, una compañera que había estudiado en Buenos Aires me dijo, “Tuve que elegir entre Madrid y Buenos Aires. En Madrid, habría sido cualquier estudiante universitario pobre, mientras que en Buenos Aires festejaba como Paris Hilton.”) El proyecto de Brian parece permanecer a este tipo de visión de Buenos Aires, un lugar donde el turista puede sentirse como Paris Hilton. Siendo así, ¿qué es Buenos Aires para el turista? ¿Es un país extranjero? ¿O es simplemente una copia barata de su país de origen? ¿Qué es la “experiencia porteña,” entonces? A Brian no le importan estas cuestiones. Según él, es el extranjero que está sosteniendo el mercado inmobiliario en Buenos Aires, y sin la inversión extranjera, se caería. Es esto que le da una sensación de importancia acá en Buenos Aires, hasta atreverse a decir, en serio, que en diez años, si permanece acá, va a presentarse a las elecciones presidenciales, para “arreglar este país de mierda.”
Brian considera su inversión un beneficio para la ciudad de Buenos Aires. Da como ejemplo su asistente personal, Cofler, quien, según Brian, sería vendedor de drogas si no fuera por él. “Con el caso de Cofler, a la ciudad de Buenos Aires le estoy quitando un problema más. Estoy mejorando la ciudad. ¿Viste la cantidad de personas que he empleado? Estoy creando trabajos.” Este punto sirve como la base de su frustración con Argentina. “El gobierno hace que sea muy difícil la inversión extranjera en Argentina. Te ponen un montón de impuestos, y a mi me parece absurdo, como un mensaje, ‘no queremos que inviertas,’ lo cual no entiendo. ¿Por qué no acabar con estos puta impuestos e ir a EEUU con un montón de propagandas diciendo, ‘vengan a Argentina, no te vamos a poner impuestos’? Así habría un auge de inversión extranjera imprevisible.” Los impuestos a la inversión extranjera de corto plazo ayudan a controlar el valor del peso, un fin siendo estabilizar el tipo de cambio alrededor de 3:1. Sin estos impuestos, la economía se saturaría de dólares, las importaciones se abaratarían, las exportaciones se encarecerían, las empresas exportadoras perderían dinero, y habría todavía más inflación de lo que hay ahora porque habría más dinero compitiendo por menos cosas.
Al final de la entrevista con Brian, le pregunto cómo piensa que está visto su proyecto en el barrio. “Muy bien visto,” me contesta, “hay mucho apoyo en este barrio por este tipo de proyecto, tal vez porque la gente de Palermo Soho es un poco más inteligente que lo típico argentino.” Verónica, una porteña de 33 años, vive en la misma torre que Brian. Lo conoció en una fiesta que Brian dio hace poco. “Todos lo conocemos. Es re boludo. ¡No pude creerlo! todos habíamos ido a su fiesta, y todos estábamos diciendo que era un boludo.”
NUESTRO BARRIO
Todos se sienten dueños de Palermo Soho: los vecinos originales, los nuevos vecinos argentinos, y los inversores argentinos y extranjeros, y todos quieren que sea como lo imaginan. Pero son los que tienen el dinero para realizar sus visiones los que ganarán. El problema más grave de los cambios del barrio, aparte de los infraestructurales, es la falta de leyes de zonificación que designen ciertos sectores del barrio para zonas residenciales y otros para zonas comerciales. Es decir que una calle donde antes sólo se encontraban casas se puede transformar en una calle únicamente comercial. Por ejemplo, Brian está alquilando la casa en Gorriti y Honduras, la cual se encuentra entre dos casas residenciales. No hay leyes que prohíban a Brian construir lo que quiera. Entonces la tendencia es obvia: se construye un boliche, y los vecinos al lado, huyendo del ruido y la muchedumbre que atrae el boliche, venden sus casas a otros inversores que probablemente montarán negocios parecidos al de Brian. Sin leyes de zonificación, Palermo Soho no dejará de cambiar.
Es sorprendente que los vecinos originales apoyen la influencia de extranjeros, creyendo que son ellos los que respetarán la historia del barrio. Brian es un ejemplo perfecto de la actitud extranjera frente a Buenos Aires: es un destino preferido para vacaciones de “borrachera.” Pero como dice él, para vivir, es un “país de mierda,” y “hace falta que nosotros lo cambiemos.” Esta actitud se puede llamar “imperialista,” y los hechos de los inversores, como Brian, que quieren aportarle su propia visión de “cultura” a Palermo Soho, se pueden llamar “colonialistas.” Es increíble ver las semejanzas entre Palermo Soho, barrios en EEUU, y barrios en otros países tocados por la influencia norteamericana. Es decir que la cultura que se encuentra en Palermo Soho se puede encontrar en muchas otras partes como la Zona Rosa de Bogotá; Church Street de Burlington, Vermont; Northwest de Pórtland, Oregon. Son zonas con los mismos tipos de restaurantes (cocina internacional), las mismas tiendas de ropa, los mismos estilos arquitectónicos, y la misma clase de gente (clase media-alta hasta arriba.)
Como dice Hugo, “Recién se está conociendo Palermo Viejo en el mundo,” y tiene razón. Una nota que recién salió en The New York Times decía, “Hasta hace un par de años, apenas se conocía Palermo Viejo afuera de Buenos Aires. La única razón por la cual se venía a este barrio, con sus casas viejas y majestuosas y sus garajes humildes era para visitar a la familia o reparar el coche” (http://travel2.nytimes.com/2006/11/19/-travel/tmagazine/19buenosaires.html?pagewanted=print). Pero ahora, dice la nota, Palermo Viejo es el “hotspot” porteño de moda, gastronomía y vida nocturna. No es el tango ni la poesía de Borges que atrae el turista de hoy a Palermo Soho, sino la fiesta interminable y barata. Con la fama de ser el “hotspot” de moda, gastronomía y vida nocturna, la afluencia de extranjeros buscando este tipo de experiencia sólo va a crecer, y con ésta, la demanda en Palermo Soho de locales como el que está construyendo Brian. Con cada nuevo local que se construye, se pierde un recuerdo más de la historia de Palermo Viejo.
Al final de la entrevista con Brian, me dice que mañana va a hacer una fiesta en la casa en Gorriti y Godoy Cruz, y que yo debería ir. Ahora, la casa está hecha un desastre, y le pregunto si va a estar lista para la fiesta mañana. “Sí. Ellos van a estar trabajando toda la noche,” me dice, señalando a sus trabajadores. Le pregunto quién va a asistir a la fiesta, y me dice, “Unos amigos, un grupo de chicas inglesas, gente así.” No voy a asistir, pero le agradezco la invitación. Antes de irme, Brian me dice, “Me encantó hablar contigo, con otro estadounidense. Es muy difícil encontrar a personas que me entiendan acá. Hace falta más gente como tú.” Salgo a la calle, y me cruzo con un grupo de chicas norteamericanas. Me preguntan dónde queda Plaza Serrano, y les indico el camino. Así empieza otra noche en Palermo Soho.
OBRAS CITADAS:
Carbajal, Rodrigo. "Transformaciones socioeconómicas y urbanas en Palermo." Revista Argentina de Sociología 1(2003): 94-109.
Schwaner-Albright, Oliver. "Dining Finds in Buenos Aires." The New York Times Online. 19 de noviembre de 2006. The New York Times. 1 Jun 2007 <http://travel2.nytimes.com/2006/11/19/travel/tmagazine/19buenosaires.html?pagewanted=print>.
Szajnberg, Daniela. "La transformación de Palermo Nuevo, Pacífico y el eje de Juan B. Justo." Palermo Online. 4 de septiembre de 2006. 1 Jun 2007 <http://www.palermonline.com.ar/noticias_2006/nota207_torres.htm>.
OBRAS CONSULTADAS
"Historia de Palermo Viejo." Palermo Viejo. Enero de 2005. 1 Jun 2007 <http://www.palermo viejo.com.ar/historia.htm>.
"Las razones para emigrar de Palermo Viejo." InfoBae. 1 Jun 2007 <http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=275522&IdxSeccion=0>.
Saxton, Jim. "La crisis económica Argentina." VekWeb. Junio de 2003. Comité Económico Conjunto, Congreso de los Estados Unidos de América. 1 Jun 2007 <http://www.vekweb.com/days/crisis.htm>.

Liria dijo
Ezra:
Tu trabajo es excelente. has ensamblado los materiales --noticias, entrevistas--con inteligencia. Lográs que el lector se interese, entre de tu mano en la dimensión ideológica de cada uno de los entrevistados entre risas y una mirada irónica.
Te felicito.
Un abrazo
Liria
18 Junio 2007 | 02:45 PM