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25 Junio 2007

Trabajo Final - La Mala educación en las calles de Argentina. ¿Por qué, como seres humanos, nos faltamos el respeto entre nosotros mismos?

Anécdotas de un extranjero en la ciudad de Buenos Aires…

La Mala educación en las calles de Argentina. ¿Por
qué, como seres humanos, nos faltamos el respeto entre nosotros mismos?

Guillermo García

17 Junio de 2007

Buenos Aires

Ensayo del Cuaderno

Liria
Evangelista

Durante mi estadía
en la Argentina, país en el cual permanecí durante cinco meses, hubo muchísimas
cosas que me fascinaron; desde la cultura del fútbol, hasta el saborear una “cucharada de dulce de leche”. Paralelamente, sin que lo hubiese buscado a
propósito, hubo cierta parte integral de su cultura que me desconcertó; ¿Y por
qué no decirlo? Me molestó mucho: la mala educación que aprecié en algunos
estratos sociales. Si no me hubiera dado
cuenta de esta parte de la cultura (no todos los argentinos son mal educados),
pienso que muchas cosas que experimenté las hubiera dejado pasar por alto y por
eso quiero enfocarme en este tema tan importante; y es que sin respeto hacia
otros, una sociedad no puede ser estable. Así Wayne Bernhardson describe las
costumbres y conductas de los argentinos en su guía Buenos Aires,

“Porteños
like New Yorkers have a stereotyped reputation for brusqueness and some
complain that, especially in times of crisis, ‘nobody respects anybody here
anymore.’ Politeness goes a long way…even if Porteños themselves don’t always observe it” (Bernhardson 329).

A continuación verán una lista de historias cortas, comentarios,
poemas y cuentos, que me facilitan explicar mis afirmaciones; demostrando cómo
en todas mis vivencias, desde las más importantes a las más mundanas, la mala educación
interfirió con mis experiencias.

Quisiera aclarar que los nombres de algunos personajes han sido
cambiados para protegerlos a ellos mismo de las consecuencias de su mala
educación.

Quiero dedicar estas
historias y comentarios a las personas que estuvieron presentes en varias
ocasiones en donde experimenté tales situaciones. Estas personas compartieron
conmigo no sólo estas actitudes de algunos personajes, sino los sentimientos que
embargan a cualquier ciudadano del mundo, que de la noche a la mañana, aunque
sea por un tiempo, tiene la grandísima oportunidad de cambiar su vida;
costumbres y hasta sentimientos, con el sano propósito de “conocer el mundo”.
También quiero dedicar este trabajo a todas aquellas personas que me ayudaron
en Argentina a descubrirme a mi mismo. Gracias a Benjamín, Miguel, Chris, Amy y
Francie. Finalmente, a mis padres, a mi
hermano -Carlos- a mis amigos y a la flor de mi corazón.

Capitulo 1


“Why give in to rudeness, when you can fight back with kindness” – Donna
Favors

Era un jueves por la mañana alrededor de las 9 a.m. y me encontraba
camino a la Facultad de Comunicación en la esquina de Callao y Córdoba para mi
clase de Historia Argentina. El día estaba precioso. El sol radiaba por todos lados y la gente se
veía muy contenta y animada al caminar por las calles.

Hasta hoy en día recuerdo mi primer pensamiento al levantarme: “Qué
día tan hermoso, voy a pasear por la ciudad y aprovechar la mañana antes de ir
a la facultad”. En realidad no me podía
quejar de nada. En ese entonces
solamente tenía como un mes en el país y nada me molestaba. Todo cambio después
de esa ‘linda’ mañana.

Como tenía
alrededor de dos horas antes de la clase, decidí caminar a la facultad, ya que
todavía no estaba muy seguro del sistema de transporte público y en realidad no
tenia ni idea cuál era el colectivo que debía tomar para llegar a mi destino. Entonces decidí caminar. Es una caminata relativamente fácil. Para los que conocen la ciudad, lo único que
tenía que hacer desde mi casa, era caminar por la Avenida Las Heras y cruzar a
la derecha en la Avenida Callao. La
caminata dura alrededor de media hora; y en lo que yo pensaba iba a ser un
paseo relajante antes de la clase, terminó siendo la travesía que me hizo
reflexionar en la mala educación de cierta gente.

Después de unas cuantas cuadras, mientras caminaba tranquilamente, una
señora me golpeó el hombro. De inmediato
le dije, “Lo siento” porque pensé que había sido mí culpa ya que yo estaba distraído. Como no hubo un intercambio de palabras,
seguí caminando y no le presté mucha atención.
De todos modos seguí caminando por la calle; y ¡BOOM! otra vez, otra
señora se chocó contra mi hombro. No
había caminado más de dos cuadras desde el primer golpe y ya otro golpe. Otra
vez más dije, “Lo siento” y otra vez más no escuché nada de vuelta. Entonces no pensé mucho en ello y seguí
caminando. En verdad, nunca me imaginé que esto sucedería tan a menudo.

Como tenía mucha hambre, decidí entrar en un café para comer una
media luna, una de las delicias de la ciudad, y tomarme un café con leche. Al entrar al restaurante, un señor con
corbata y campera se tropezó conmigo y, ¡BAM!, me da un golpe directo al
hombro. En ese momento, ya estaba harto
de seguir tropezándome con la gente y pensé que, ¡qué entupido era yo al
tropezarme con todo el mundo! Otra vez más dije, “Lo siento” y esta vez ni
siquiera recibí una mirada. Al sentarme a
la mesa, saqué mi cuaderno y empecé a reflexionar sobre lo que había
pasado. La realidad de las cosas es que
no sabía si había sido mi culpa o la culpa del señor o las otras dos señoras,
pero si estaba disgustado por la actitud de las personas. De todas formas no era algo tan grave como
para gastar mi energía tratando de llegar a una seria conclusión al respecto. Lo único que sabía es que estaba muy enojado
y harto de los idiotas en la calle.

Al chequear la hora de mi reloj, me di cuenta de que nada más tenía
unos minutos para llegar a la facultad para estar a tiempo en mi clase de
historia. Salí del restaurante y empecé
a caminar con un paso más apurado. No me
falta decir que en las pocas cuadras que me quedaban, me tropecé otras dos
veces con personas extrañas. En ninguna
ocasión le presté mucha atención, ya que aparentemente me estaba sucediendo en
un promedio de cada dos cuadras. Siempre
decía, “Lo siento”; pero ahora, como si estaba apurado y no tenía mucho tiempo,
ni siquiera me daba la molestia de esperar la respuesta que, de todos modos, nunca
llegaría.

Finalmente llegué a
mi destino; y al llegar a las escaleras veo a un grupo de chicas. Sin prestarle mucha atención empiezo a subir
muy rápido y me tropiezo con una de ellas sin querer. Al darme cuenta de esto, me volteé y le dije,
“Lo siento”. De inmediato tuve la impresión,
de que aunque estaba enojadísimo, lo primero que salió de mi boca fueron mis disculpas.

La moraleja de esta
historia es que la gente con quien me tropecé, NINGUNA, dijo que lo sentía o me
pidió disculpas. No sólo no me pidieron disculpas; ni siquiera tuvieron el
coraje de decirme una palabra de vuelta.
Pienso que aunque alguien tenga un mal día, la cordialidad y el respeto
hacia otros siempre deben de estar presentes sin importar quién sea.

Capitulo 2

“Vel mihi ede potum vel mihi redde
nummos meos”—Latin proverb

(Give me a beverage or give me my
money back)

Caminando por las calles de Argentina.

De repente tengo hambre y sed.

Se me antoja una galletita.

Pero me pregunta usted.

¿Tienes cambio de monedas?

Lo siento, billetes es lo único que tengo.

Sin monedas, NO hay galletas

Para usted…

¿Cómo puede ser?

Tengo suficiente dinero.

NO tengo cambio que ofrecer.

Sin cambio, NO puedo aceptar su dinero…

Caminando por las calles de Argentina.

Estoy en un apuro.

Porque no encuentro la salida.

Y necesito algo seguro.

Taxi, Taxi, necesito que me lleve.

Y solo tengo cien.

Necesito que me pague.

Con la exacta cantidad.

¿Cómo puede ser?

Tengo suficiente dinero.

NO tengo cambio que ofrecer.

Sin cambio, NO puedo aceptar su dinero…

Sin cambio, NO puedo aceptar su dinero…

Capitulo 3

www.cartoonclub.com

Esta caricatura
representa, para mí, una vista de las injusticias que los trabajadores sufren por
las manos del gobierno y puede explicar algunas cosas de mi ensayo.

Capítulo 4

Acusar a los demás de los infortunios propios es un signo
de falta de educación. Acusarse a uno mismo, demuestra que la educación ha
comenzado.”
--Epicteto

Una de las clases que tomé durante mi semestre en la Universidad del
Salvador fue de Literatura Argentina. La
clase se reunía una vez por semana, los miércoles en la noche. Desde el primer día, pensé que la clase era
un desastre porque no había suficiente espacio y la profesora se quejaba todo
el tiempo diciendo, “esto es un barbarismo, esto no es una clase”. Obviamente se puede entender dicho comentario
ya que en verdad era un quilombo y no había espacio suficiente para todos los
estudiantes; aparte del espacio, el calor era increíble. A pesar de todo decidí tomar la clase para
cubrir un requisito de literatura para mi Universidad en los Estados Unidos.

Después de la
primera semana, la profesora nos informó que la clase tenía dos profesoras y
que se iban a turnar todas las semanas.
La primera profesora que conocimos se llama Manuela Soledad Palma y en
ella me voy a enfocar. No es nada personal, quiero aclarar, pero en el caso de
mi otra profesora no quisiera hablar de ella porque además de haberme caído muy
bien, su clase era mucho más interesante; y su actitud totalmente diferente a
la otra. Creo que esto es suficiente para eximirme de opinar. (Se me olvido
decir que ella es muy educada y simpática).

(Respecto a la
Profesora Manuela, la verdad es que tengo que reconocer que me enseñaron que un
caballero nunca debe referirse a una dama. A pesar de esto, como mi ensayo
trata de mis experiencias, y como estas experiencias pueden ayudar a otros compañeros,
e incluso a mi misma Profesora, prefiero olvidar el principio de no hablar de
las mujeres, para contar mi historia lo más sincero posible.)

Empecemos: ¿Qué se puede decir de una persona
que se queja todo el tiempo; que no sólo es antipática, sino que pareciera
disfrutar de serlo; que cuando habla pareciera que siempre está insultando,
básicamente a los extranjeros; y que a pesar de ser esto frecuentemente,
todavía pide disculpas y aclara “que regularmente no suele hacer este tipo de
comentarios”. Al principio cuando la
percibí mal educada, traté de justificarla pensando que tal vez ella había
tenido un mal día. Pero después de
varias semanas, la actitud con los extranjeros siguió siendo la misma.
Obviamente mi Profesora no podía tener “malos días”, todos los días…

Hace unas semanas
nos dijo “que estaba harta de los extranjeros porque ninguno presta atención y
no proveen ningún aporte a la clase”. Al
decir esto, siguió quejándose y nos advirtió: “no regresen a la clase”. Por supuesto que todos regresamos; y por
alguna misteriosa razón, ahora ya no
pasa la lista de los estudiantes extranjeros.
Prácticamente, ya dejó de prestarnos atención y nos borró de su mente,
actuando como si no estuviéramos presentes.
Como es de suponer, después de unas clases con ella, la actitud de nosotros,
los extranjeros, fue muy obvia: todos estábamos molestos y nos mirábamos los
unos a los otros, como diciendo, “esta señora esta totalmente loca de bola”.

La verdad es que con
la actitud demostrada por esta profesora, no puedo ni imaginarme las notas que
los extranjeros vamos a recibir al terminar el semestre. Las veces en que se ha referido a los ensayos
nuestros y a las notas en general, ha advertido que si el ensayo está lleno de
errores, y si todos son iguales, ella podrá darse cuenta de que es un
extranjero el autor y que de inmediato lo “va a dejar de leer”. Evidentemente que uno puede entender que la Profesora
Palma está un poco desilusionada con los estudiantes en la clase; pero lo que
no puedo entender es el porqué de esta actitud específicamente en contra de los
estudiantes extranjeros. Puede ser que
hubiera preferido tener más estudiantes Argentinos. Pero en todo caso no
podemos “pagar justos por pecadores”.
Los estudiantes, Argentinos o no, estamos tomando las clases por la
misma razón: a todos nos interesa la literatura argentina, sin importar de dónde
somos.

Tengo que reconocer
que me siento indignado con la actitud de nuestra Profesora, con su “xenofobia”
hacia los estudiantes, con sus permanentes expresiones de odio contra los
extranjeros. Nunca nos dio la oportunidad de ser verdaderos estudiantes de
literatura en su clase. Su actitud
sobresale en mis memorias como una de las peores cosas que experimenté en esta
bella ciudad.

Capitulo 5

“Amicus certus in re incerta
cernitur.”—Latin Proverb

(One's friends are
known in the hour of need.)

La noche empieza
con muchas bebidas. La gente está
emocionada. El anfitrión de la fiesta
está hablando con una mina y los eventos suceden de esta manera.

The Gamer: ¿Cuánto
tiempo tienes en Argentina?

La mina: no
mucho, nada mas unas semanas.

The Gamer:
hablas muy bien el español.

La mina: ah,
todos dicen lo mismo. Te lo juro que
acabo de llegar.

The Gamer: no,
en serio. Hablas muy bien.

La mina: Vámonos
de esta cagada de fiesta. Déjame buscar
a mis amigas y nos vamos para el club ‘Mint’.

The Gamer: ¡Mendoza
Baby! (Chiste típico de él) ¡Vámonos!

La noche va bien
para The Gamer. Por ahora, la chica lo
tiene enganchado y los dos bailan toda la noche. Lo que ocurre es lo siguiente.

La mina: Estoy
muy cansada. ¿Nos podemos ir a casa? Ya no quiero bailar.

The Gamer: OH, por favor. Sigue bailando conmigo. Por
lo menos una canción más.

La mina: Bueno,
nada más una canción.

Salen del
boliche y están en búsqueda de un taxi que los lleve a un telo para una noche
placentera.

The Gamer: Oye,
no corras en medio de la calle….no lo puedo creer. No, ¡Dios mío! ¡No lo puedo creer!

The Gamer:
Necesito ayuda. Alguien ayúdeme, Por
favor.

Durante este
momento de terror y pánico de The Gamer, la mina se encuentra en el aire. Un taxi a toda velocidad acaba de impactarla
en la pierna. La sangre esta por todos
lados. The Gamer no sabe que hacer.

servido por cuaderno-latinoamericano 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Pierre Zugazua Sus

Pierre Zugazua Sus dijo

Curiosas historias de Argentina, esto de las manías a los extranjeros no lo entiendo muy bien, en una sociedad como la actual, pero allá cada cual con sus cmportamientos, lo malo es que fastidian a los demás.

24 Junio 2009 | 11:59 AM

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