Francie Kammeraad

Argentina – Curso de Cuaderno

Liria Evangelista

28 Junio 2007

La Educación Musical en Argentina

La música en general

Según el autor David Elliot, la música es “esencialmente, un modo de oír los sonidos poderosamente moldeado sobre metáforas impuestas por nuestras respectivas culturales y experiencias psicofisiológias” (Elliot 15). El escuchar música es una experiencia individual que nunca repite el mismo significado, tal como la composición de música es una expresión creativa que ninguna otra persona puede replicar. Una combinación de notas simples puede hacer llorar a una persona o puede inspirar a millones; pero toda música, sin hacerle caso a las emociones que evoca, todo habla al espíritu. De esta manera, no es algo sorprendente que la educación musical tiene lugar en el sistema educativo Argentino. Sin embargo, aunque la música es una parte integral e encantadora del país y la educación musical esta presente, dicha educación es debilitada por algunos problemas que proliferan a lo largo de los programas musicales—la dependencia en ideologías musicales extranjeras, el enfoque de convertir a los alumnos en profesionales, la escasez de fondos para poder apoyar todos los aspectos del mundo musical.

El origen de la educación musical en Argentina

A la llegada de los españoles al nuevo mundo, los conquistadores trajeron con ellos una cultura completamente diferente para los indígenas, y más, impusieron su cultura en ellos, el cual incluyó la música. Nuño Gabriel fue uno de los primeros expedicionarios que introdujo un tipo de música diferente a los caciques de las tribus indígenas. Él entusiasmó a los indígenas con la música europea, pero no sólo los enseñó sino también aprendió mucho sobre su arte, teatro, mitos y música. Es esta la razón que años después, cuando se fundó la Asunción de Paraguay, “este personaje excepcional creó [allí], para los indios guaraníes, la primera escuelita de música de América del Sur” (García Canepa 2).

Durante este siglo, el siglo XVI, los jesuitas también notaron la inclinación hacia la música entre los guaraníes y utilizaron la música en sus misiones para enseñarlos. Originalmente sólo se utilizó la música, especialmente el canto, como un “recurso para la implantación del credo católico” (Fernaud 271), pero eventualmente empezaron a enseñarles música de compositores europeos, les enseñaron a leer notas y a cantar en coros y les enseñaron a tocar y construir flautas. Al fin del siglo, las misiones adquirieron una reputación notable en España por no sólo tocar sino también producir música hermosa. Los europeos fundaron el primer conservatorio en San Ignacio, y para los indios de misiones, la música europea se convirtió en un fenómeno permanente. La incorporaron en su cultura y de buena gana mezclaron las melodías y los ritmos nuevos con los suyos—el cual es un ejemplo de la aceptación del mestizaje. Desde ese momento la educación musical siguió creciendo en importancia en el país. (Fernaud y García Canepa).

La educación musical del siglo XX

La educación musical en Argentina adoptó nuevos desarrollos pedagógicos en la educación y cambió mucho durante el siglo XX. Por ejemplo, en los años 30 adoptó el método denominado “Tonic-Sol-Fa” de Inglaterra que asignó notas con términos específicos, como Sol, Mi y Re; es un método que hoy en día se sigue usando en los programas de música. En los años 40 adoptó el pedagógico denominado “Escuela Activa” que trató de estimular a los cantantes a usar movimientos corporales mientras se inducían en la música. En los años 50, el norteamericano John Dewey declaró la importancia de usar métodos democráticos en la escuela, y en los años 60, Suzuki introdujo su famoso sistema de aprendizaje musical a través del violín. En Argentina, se vio un interés muy fuerte en la música y había una actividad intensa en las escuelas musicales con ambos profesores y estudiantes. Según el presidente de FLADEM (Foro Latinoamericano de Educación Musical), Violeta Hemsy de Gainza, “Argentina lideró la educación musical en el continente…y [publicó] las traducciones y adaptaciones de los métodos nuevos” (Gainza 3). De hecho, todos querían aprender música a través de estas nuevas ideologías. Sin embargo, aunque la Argentina adoptó muchos pedagógicos musicales nuevos, no produjo sus propios métodos de enseñanza. Como advierte Gainza, “Europa [produjo] pedagógico musical, los Estados Unidos la [comercializó] y…América Latina la [consumió]” (Hemsy de Gainza 3), y es esta dicha dependencia en ideologías extranjeras que le hizo daño a la educación musical en Argentina de hoy en día.

En las últimas décadas, la música “[ha quedado] relegada a un plano de inferioridad” (Fernaud 273) y los programas musicales educativos no están desarrollándose como antes. ¿Pero por qué? ¿Cuáles son los problemas que pusieron la educación musical en dicho plano inferior?

Música migratoria: todo viene de Europa y los Estados Unidos

Aunque en muchas maneras la Argentina ha aceptado partes de las culturas indígenas que sobrevivieron en el campo, todavía no quiere incorporarla en la educación. Mucha música popular viene de inspiraciones indígenas, de ritmos y viejas costumbres; pero la educación formal en Argentina realmente todavía se basa en modelos culturales y educativos europeos. No reconoce su raíz indígena, y por el contrario, imita a Europa y a los Estados Unidos. En esta manera, la educación musical no es representativa del país—esconde su pasado, el folklore y las culturas todavía vivientes en el campo, y esto, teóricamente oprime las metas musicales.

Música es una expresión de sí misma y siempre existe la “tendencia humana universal a impregnar los sonidos con significados” (Elliot 15) propios. Por tanto, al sólo enseñar la música y método de otro país es enseñar a negarse, o por los menos, ignorarse a si mismo. Esto impone una restricción de la creatividad y la autenticidad real de una persona que es algo vital que debe aparecer en una obra artística. No estoy diciendo que los estudiantes Argentinos no pueden apreciar ni adoptar la música de otras culturas; pero el rechazo completo de los orígenes Argentinos en la educación musical formal es una limitación para los estudiantes. Las costumbres más viejas fortalecen las bases de una sociedad genuina y autóctona; y eso debe ser reflejado por la música.

Esta dependencia en la herencia europea también causa una variedad injusta entre los programas en las poblaciones que son consideras modernas y las poblaciones indígenas. Aunque haya escuelas en las áreas pobladas por indígenas, esto no significa que tengan acceso (por razones económicas o geográficas) a los métodos “civilizados,” el cual los perjudica porque no pueden incorporarlos a sus programas. Por tanto, sus estudiantes están en desventaja al solicitar a programas universitarias. Como dice Fernaud, tenemos que recordar que

“en sus vastas dimensiones se asienta una población grande que ofrece un caleidoscópico campo cultural y social en el cual concurren muy dispares y extremos niveles de desarrollo económico e industrial, que se dan disímiles ideales políticos y que comparten el territorio grupos étnicos autóctonos que aun, no han establecido contacto con la civilización.” (Fernaud 275)

No es extraño, por lo tanto, que haya grandes niveles de desarrollo en la educación musical. En conclusión, hasta que la educación musical formal en Argentina reconozca repertorios, letras y herencias folklóricas, no puede desarrollarse de manera progresiva. Tiene que integrar música folklórica a sus programas.

Mi experiencia: la Misa y los tangos

Durante los cuatro meses que estudié en la Argentina, participé en el coro de la Universidad del Salvador, y fue la experiencia que más valoré acá. Conocí a muchos amigos, aprendí mucha música nueva y enriquecí mi experiencia académica con algo artístico. Pero aunque siempre disfruté los ensayos del coro, noté la presencia fuerte de algunos problemas sobre los cuales expone Fernaud y también las consecuencias de dichos problemas.

Primero, cuando empecé con el coro, aprendimos una Misa de Mozart, que fue escrita en Europa y obviamente trata sobre la religión. Es una obra hermosa que todos disfrutaron cantar; sin embargo, pienso que pocos se relacionan por si mismo al cantarla. Después de aprender la misa, empezamos a leer muchas obras de tango, canciones populares que reflejan la cultura del país. Los estudiantes verdaderamente aprecian y entienden el tango y esto fue obvio cuando lo cantamos. Ellos cambiaron el ritmo y el estilo escrito de la música para añadir sus propios gustos y personalidades porteñas a las canciones de tango y se mueven felizmente al cantarlas. Por que reconocieron al tango como parte de su cultura, como parte de sus propias personalidades e historias, los estudiantes pudieron liberarse y se expresaron mucho más.

Después de aprender estos tangos, empezamos a aprender música estadounidense, como “Rock Around the Clock” por Bill Halley and his Comets. Ellos otra vez, se vieron restringidos. Su inhabilidad de poder pronunciar el idioma ajeno y su desconocimiento de la cultura de rock estadounidense, los hizo cantar de manera reservada. No pudieron cantar tan libremente como lo hicieron con los tangos.

Los cantantes verdaderamente disfrutaron la misa y también “Rock Around the Clock.” Pero no podían expresar la creatividad que observé cuando cantaron los tangos, porque no reflejaba su propia cultura. En esta manera, por negar la enseñanza de obras folklóricas, los programas musicales argentinos previenes a sus estudiantes la oportunidad de meterse completamente en su música y limitan su creatividad. También me imagino que los estudiantes de USAL cantando Billy Halley es parecido a los indígenas cantando obras europeas—ellos no se sienten cómodos en expresarse libremente a través de la música cuando viene de una cultura diferente. Por eso, estoy de acuerdo con Fernaud cuando él sugiere la incorporación de más ideologías y música argentina. Esto es necesario para desarrollar y avanzar. Sin hacerlo, la educación musical siempre será limitada.

El enfoque en convertirse en profesional

Hay dos perspectivas hacia la educación musical: la que “interesa en la formación de músico profesional” y la que “interesa en la educación general, de carácter extensivo” (Fernaud 275). Hoy en día, las escuelas en Argentina adoptan la primera y la educación musical sólo llama el interés de los estudiantes que quieren ser músicos. Los que no quieren ser músico no pueden asistir. De esta manera, la educación musical en Argentina es muy selectiva y hay pocos que deciden seguir estudiando la música en un nivel más avanzado. Pero, realmente, hay mucho interés en la música. Las escuelas primarias “están repletos de niños y jóvenes ávidos de aprender y alfabetizarse musicalmente” (Hoffer 80). No sirve limitar la cantidad de estudiantes que pueden asistir a conservatorios a sólo los que quieren ser músicos, y esta es una de las razones porque la educación musical está en un lugar inferior.

Este enfoque en lo profesional también afecta a los tipos de cursos ofrecidos en los conservatorios. Según Elliot, los conservatorios ponen demasiado énfasis en la disciplina musical; hay

“sonidos congelados en notación y grabaciones, valores metafísicos fijos y alojados en un conjunto de obras, técnicas de ejecución sistematizadas, piezas analizadas con metáforas académicas, formas y formulas. Son precisamente estas concepciones las que se oponen…la aplicación de la música de todos los tiempos y de todos los lugares” (Elliot 12).

Al enfocarse en la disciplina que se necesita para ser músico profesional, los conservatorios se quedan en un mundo limitado y no reflejan las filosofías y movimientos musicales globales. No tienen aspiraciones amplias para entender la música del mundo; en cambio la materia se base en la disciplina vieja y aburrida de siglos anteriores. Por lo tanto, los conservatorios y los programas universitarios a veces no llaman la atención del mejor talento musical del país, quienes enseñarían la música en el futuro; y esto, obviamente, no beneficia a la educación musical. Solamente le hace dañó.

Mi experiencia: las reglas de USAL

Puesto que no es una actividad extracurricular y en cambio, es un curso, el coro de USAL tiene reglas sobre la asistencia, puntualidad, participación en los conciertos, etc. Pero esta disciplina no existe sólo porque el ensayo del coro es una clase, sino porque trata de preparar a los estudiantes a ser músicos profesionales.

Tengo experiencia en los coros estadounidenses en los cuales los cantantes son voluntarios que estudian diferentes carreras. Pero, del signo contrario, los cantantes del coro de USAL, cuando se gradúan, quieren trabajar profesionalmente con música. Algunos quieren cantar en las varias operas que tiene Buenos Aires. Otros están estudiando la música terapia y los demás quieren ser bailarines y toman el “curso” para aumentar su conocimiento de la música para ser mejores bailarines. Incluso los directores del coro son músicos profesionales. Por eso, muchos no entendían mi razón por participar en el coro.

Mi concentración en Middlebury no es la música y no puedo recibir crédito por mi participación, no quiero ser música profesional y ya que sólo me quedé acá por pocos meses, no había tiempo suficiente para adquirir un amplio repertorio argentino. Por eso, ellos no entendían porque dedicaba seis horas cada semana a cantar en el coro. Y simplemente lo hice porque disfruto cantar—la música enriquece mi vida.

Pero cuando falté dos ensayos por estar enferma, sin avisarle a la directora, ella me expulsó del coro. No importa que ella necesite más cantantes y que yo tenga más experiencia y un mejor conocimiento de la música que el resto del grupo, ella no quiere tener una persona en la clase que la toma casualmente y que no intenta seguir con los estudios musicales. Asimismo, entendí lo que Elliot alega sobre la disciplina en los programas musicales; impide lo que (en mi opinión) debe ser la meta del coro: crear, disfrutar y compartir música.

Sin embargo, aunque el coro me expulsó por no seguir las reglas de asistencia, eso no implica que el coro de USAL sea muy profesional. De lo contrario, sentí que siempre había demasiada desorganización y problemas que plagaron al coro, pero esto tiene que ver con el tema que sigue: la escasez de recursos que tiene la educación musical hoy en día en Argentina.

Insuficientes Fondos

La educación musical en Argentina hoy en día, como todos los programas artísticos, sufre porque no hay suficientes fondos para apoyarla. Primero, la desvalorización de la moneda causada por la crisis económica en Argentina, produjo que muchas escuelas redujeran los fondos designados para programas musicales. Las escuelas en general redujeron “los presupuestos que se destinan a la educación…en Argentina…[que] alcanzó a [veces] apenas al ocho por ciento” (Gainza 79). También las escuelas primarias se enfocaron más en los coros que en las orquestas juveniles porque cuestan menos. (Gainza). Y finalmente, en los conservatorios, había menos personas que realizaron trabajos investigativos, como una tesis doctoral, sobre la educación musical; por eso, las mejores investigaciones sobre música, recientemente, han sido completadas por psicólogos, no músicos. (Hoffer).

Según Hoffer, no hay muchos recursos dedicados a la educación musical porque estos programas tienen una “pequeña magnitud de profesión en comparación con otras disciplinas, como las ciencias biológicas” (Hoffer 54). Es esta la razón que los programas musicales sufren más que las otras carreras educativas.

Pero si la educación musical en Argentina quiere emerger como carrera avanzada y moderna, necesita recaudar fondos. Por lo menos las escuelas tienen que adquirir los materiales mínimos para conducir ensayos de orquestas y coros, porque sin ellos, no pueden mantener sus programas musicales. Y con el progreso tecnológico y económico que se ve ahora en otros países, Argentina no debe quedarse atrás, “hay que progresar” (Fernaud 278), porque la música tiene papel importante en la educación y todos deben tener la oportunidad de estudiarla y disfrutarla. La música vale la pena.

Mi experiencia: las consecuencias de la crisis

Durante mis tres meses con el coro, vi cómo los problemas con el financiamiento limitan mucho a los programas del coro. Por ejemplo, cuando fui al ensayo de coro para la primera vez, para mi audición, me di cuenta de que no había un piano en la sala. (Canté escalas y una canción que había preparado para la audición sin acompañamiento.) Originalmente pensé que los ensayos estarían en otra sala, con un piano, pero no lo fueron; para los ensayos normales, nos quedaron sin piano. Había dos teclados, pero por la mayoría de los ensayos, no funcionaron. Pasamos casi 30 minutos cada ensayo buscando una chufa que funciona y golpeando los teclados con la esperanza que, por milagro, funcionarían. Sin los teclados y sin piano, perdimos muchísimo tiempo buscando notas y aprendieron mal la música.

También fuimos limitados por fotocopiar la música. No había suficientes fondos comprar la música por cada persona. Pero muchas veces las fotocopias fueron muy mal hechas y fueron casi imposibles leer. También no había tarimas y cantamos en una manera desorganizada.

Otro problema fue un desinterés de algunos directores en enseñarnos. Pienso que no tuvieron sueldos amplios y por consecuencia no pusieron mucha esfuerza en sus trabajos. Llegaron muy tardes y nos pidieron por descansos de más de una hora casi cada ensayo; por eso, aprendimos la música con despacio. Pienso que este ambiente muy tranquilo y no exigente es simplemente parte de la cultura Argentina, que es muy relajada; pero en mi opinión, los directores no nos retrasaron mucho porque no tuvieron salarios suficientes.

Finalmente, la Universidad no tenía tecnología avanzada y los estudiantes no podían grabar canciones para memorizarlas ni para tenerlos como un recuerdo de sus conciertos. Eso no es grave, pero es algo que los programas todavía faltan por culpa de la escasez de recursos dispuestos.

En fin, estoy de acuerdo con Fernaud; la Argentina tiene que progresar tecnológicamente y económicamente si quiere competir con los programas de música de otros países en el mundo y también si quiere tener programas que benefician bien a sus estudiantes.

Conclusión

La educación musical en la Argentina permite que los estudiantes conozcan la música; asimismo, hace que participen en orquestras, coros y les permite crear melodías propias. Es una parte de la educación que estimula la creatividad de cada estudiante y que ofrece al estudiante la posibilidad de poder expresarse libremente. Por eso, en mi opinión, es una parte vital de la educación. Pero, hoy en día, la educación musical, se encuentra en un nivel inferior en la Argentina. La educación musical sufre por su preocupación con las técnicas y métodos de Europa, por el enfoque de las universitarias de que los estudiantes se conviertan en músicos profesionales y por tener recursos limitados. Al decir esto, por eso pienso que en vez de progresar positivamente, se quedan a tras y se atrofian.

Quiero dejar claro, que al escribir este ensayo, no estoy diciendo de ninguna manera que la educación musical en Argentina no tiene valor o que sea mala. De lo contrario, para mí, fue la parte de mi educación en la Argentina en donde aprendí más. Aprendí música nueva, conocí mucha gente amable y disfruté muchísimo el tiempo que la pasé con ellos. A través de mi participación en el coro, me di cuenta de que hay estudiantes con muchísimo talento y potencial; y es por estos estudiantes que los programas deben ser desarrollados. La educación musical debe mejorarse para servirles a ellos, el cual beneficia a toda la sociedad, porque la música es algo que beneficia a todo la sociedad ya que todos escuchamos música.

Incluida: un CD de mis canciones de coro

Bibliografía

Elliot, David. “El papel de la música y de la experiencia musical en la sociedad moderna: hacia una filosofía global.” Nuestras perspectivas de la educación musical. Ed. Vileta Mecí de Gainza. Editorial Guadalupe: Buenos Aires, 1990.

Fernaud, Álvaro. “Realidad y utopía en la educación musical.” América latina en su música. Ed. Isabel Artez. UNESCO: Buenos Aires, 1977.

García Canepa, Julio César. La enseñanza musical en Argentina: Anales de la educación musical. 20 Junio 2007. <<http://www.monografias.com/trabajos32/ensenanza-musical-argentina-anales-educacion/ensenanza-musical-argentina-anales-educacion.shtml>>

Hoffer, Charlels R. “Estado actual y posibilidades futuras de la investigación en la educación musical.” Nuevas perspectivas de la educación musical. Ed. Vileta Mecí de Gainza. Editorial Guadalupe: Buenos Aires, 1990.

Mecí de Gainza, Violeta. “América Latina: panorama de la ecuación musical.” Nuevas perspectivas de la educación musical. Ed. Viletas Mecí de Gainza. Editorial Guadalupe: Buenos Aires, 1990

Y mis experiencias personales