Jonathan Raz

Profa. Liria Evangelista

“Cuaderno Latinoamericano”

UNA BREVE HISTORIA

Se sabe que grupos informales de gente gay argentina existían durante la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, podemos ubicar los comienzos “oficiales” de un movimiento gay argentino en 1969, cuando se formó Grupo Nuestro Mundo, la primera organización dedicada a la lucha para derechos gays. Hay que notar que el grupo se formó en medio de la presencia de un régimen militar que controlaba el país. El Grupo Nuestro Mundo creció hacia una organización aún más grande y poderosa en 1971 con la colaboración de muchos universitarios izquierdistas, anarquistas, y algunas organizaciones religiosas, creando así el Frente de Liberación Homosexual (FLH). La tercer presidencia de Juan Perón en 1974 reinstaló un sistema democráctico en la Argentina pero los miembros de la organización tenían que cuidarse contra la discriminación y las amenazas de violencia que sufrían dentro de una sociedad que aún mantenía sentimientos fuertemente homofóbicos. La mayoridad de los miembros apoyaron el FLH en una manera clandestina. En vez de luchar por los derechos gays, la FLH primariamente hizo hincápie en los derechos de mujeres y obreros (Brown).

Después del fallecimiento de Juan Perón en 1974 (y la breve presidencia de su esposa), una serie de ataques paramilitares contra homosexuales argentinos empezaron. El control militar volvió a Argentina con el Golpe de estado de 24 de marzo de 1976. El golpe representó un pérdida enorme de derechos democráticos para toda la nación. Gays fueron incluídos dentro del grupo de “enemigos del estado.” La gran mayoría de los miembros del Frente de Liberación Homosexual o fueron asesinados o torturados durante la época. Durante la dictadura, la expresión pública de la homosexualidad representaba un pecado mortal: gays conocidos y travestis fueron parte de los miles de “desaparecidos” durante la dictadura. Dadas las circunstancias sociales, el FLH se anuló en junio de 1976.

Pablo, un hombre gay quien actualmente vive en Belgrano dice que “ni siquiera podíamos hablar del tema de la homosexualdiad bajo la dictadura.” El recuerda una visita a San Francisco cuando tenía nueve años, aún empezando a entender sus sentimientos sexuales, le impactó ver la diferencia entre las libertades que gozaban los gays norteamericanos y la intolerancia de su país. Bajo la dictadura militar, el activismo gay especialmente despareció de la visibilidad. Gente gay que no fue matada o torturada por el gobierno mantuvieron vidas románticas clandestinas. Según unos, había una movida gay especialmente interesante en las islas del Tigre donde individuos podían aislarse del control urbano. Otros se radicaron en países mas liberales con la búsqueda de libertades personales.

Existen anéctodas raras sobre la persecución de gays durante esta época. David William Foster es un profesor de Estudios Hispanos y “Queer Studies” de Arizona State University. Estudia la Argentina por más que 40 años desde su primer visita al país con una Beca Fulbright en 1967. Desde ahí, ha vuelto al país más de 80 veces y conoce los cambios paulatinos que se han experimentado dentro de este período. Según él, bajo la dictadura, ciertos policías fueron escogidos como espias para luchar contra la “amenaza de los homosexuales.” Operando clandestinamente, estos policías ofrecieron sexo a otros hombres en lugares de ecuentro entre homosexuales. Después de que tales hombres aceptaran la oferta, los agentes los arrestaban (Foster).

Hacia 1982, luego de la derrota de la Guerra de las Malvinas, el pueblo argentino empezó a especular sobre el futuro de la dictadura. A partir de este año, la dictadura empezó su proceso de agonía, acelerando el retorno hacia una forma de gobierno democrático. A pesar de la presencia de una dictadura, unos activistas reinaguraron la lucha por los derechos gays, organizando la Coordinadora de Grupos Gays, un comité que dirigió la interacción entre varios grupos (todavía clandestinos) luchando para la liberación gay en la Argentina. Sin embargo, la dictadura todavía mantuvo sus tendencias violentas: entre el enero de 1982 y el noviembre de 1983, un ex-miembro de la FLH y al menos 17 hombres gays fueron asesinados (Brown 121). Actualmente, sólo dos asesinatos están aclarados. Por lo demás, en junio de 1982, un grupo paramilitar que se llamaba Comando Cóndor declararon su deseo de aniquilar a todos los homosexuales del país.

En 1983, cayó la dictadura militar, ofreciendo así a la comunidad gay argentina una oportunidad de desarrollarse, libre de las amenazas de la violencia o la muerte que les afectaban durante la década pasada. Con la caída de la dictadura, se formaron algunas nuevas iniciativas gays, retomando las ideas del Grupo Nuestro Mundo y FLH. Se podría interpretar este crecimiento de activismo como un signo de la liberación gay. Sin embargo, la continuación de la lucha por los derechos demostró que aún había formas de discriminación que vencer aún en democracia.

Muchos boliches gays aparecieron en Buenos Aires a partir de los años 80. Aunque ofriecieron un lugar propio a la comunidad gay porteña, la policía federal frecuentemente incursionaba en ellos. Una noche del abril de 1984, más de 200 personas fueron detenidas a causa de que estaban en un boliche gay. En su nota biográfica, Carlos Jáuregui—historiador y uno de los personajes más importantes del activismo gay en la Argentina—notaba como esta ambiente de sospecha influía la psiquis colectiva gay de esa época. Se radicó en Francia en 1981 con una beca universitaria. Aunque estaba en una Europa libre, el miedo de persecución le siguió. Como cuenta él:

Recuerdo que, en aquellos años '80, un día yo entré en el bar gay de moda. Estaba con un profesor, también homosexual con el cual había ido a tomar una cerveza a la salida del curso. En ese momento, se abrió la puerta y entraron dos uniformados. Yo, que no conocía los uniformes franceses, dije: "¡ Uy, no... Esto es una razzia!". Entonces mi acompañante me explicó: "No te confundas; no estas en tu país, estos son bomberos y vienen acá porque ellos también son gays." (Járegui)

Así, en 1984, la comunidad estuvo en una encrucijada. Por un lado, la caída militar representaba un símbolo de la posibilidad de liberación social y tal vez el entendimiento de la opresión compartida entre heterosexuales y homosexuales durante el Proceso militar ayudase con la aceptación de minorías sexuales del país, pero era obvio que todavía permancían fuertes sentimientos de ignorancia, discrimnación, y odio contra estas minorías.

Inmediatamente después de la razzia, 150 activistas se reunieron en Contramano, el primer bar gay de la ciudad. Allí formaron la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), una organización politica por los derechos civiles de homosexuales. La organización originalmente era constituida por una mezcla de hombres gays y lesbianas quienes corrieron el riesgo de anunciar su sexualidad al público para crear una forma de visibilidad de la comunidad gay argentina. Aunque la CHA ha experimentado numerosos cambios durante su existencia, hoy en día mantiene su posición como uno de las organizaciones más importantes por los derechos de homosexuales argentinos. La organización de la CHA y la aparición de otros activistas independientes representaron una respuesta fuerte contra la represión policial.

TEMAS COTEMPORÁNEOS

A partir de la formación de la CHA, la comunidad gay argentina ha superado muchas de las injusticias por un corto trecho de tiempo. El número de organizaciones gays estalló desde 1990, y la visibilidad de homosexuales en los medios de comunicación ha subido mucho. Con rapidez, las organizaciones han amplificado la conciencia de la injusticias impuestas contra la comunidad gay, y poco a poco, la atmósfera se ve cambiada. La union civil, puesta en funcionamiento en Buenos Aires el 18 de julio de 2003 garantiza que “los integrantes […] tienen los mismos derechos y beneficios que la ciudad otorga a los integrantes del matrimonio” (salvo temas como el derecho de herencia y un derecho de la adopción)—un derecho que gente gay de la mayoría de los EEUU todavía no tienen (recordando el testimonio antes mencionado de Pablo y su visita a los EEUU, observamos una evolución de los derechos gays en la Argentina ya a escala global).

De esta manera, se podría decir que Buenos Aires se va convirtiendo en la nueva meca gay de Latinoamerica a causa de los derechos que ofrece a sus ciudadanos homosexuales. El fenómeno del peregrinaje de latinoaméricanos gays a la ciudad es obvio. En mis propias experiencias, conocí a muchos jóvenes gays quienes se radicaron en la Capital para mejorar sus vidas en alguna manera u otra. Algunos de Colombia se fueron para escapar de la violencia y el desorden social de su patria. Otros Peruanos se fueron para gozar de los mejores sistemas educativos de acá. Aún otros argentinos del interior se fueron de sus propias ciudades para crear una vida en esta ciudad cosmopólita. Cada persona tiene su propios motivo para radicarse en la capital. Sin embargo, todos me dijeron que las libertades personales para ser gay son incomparablemente mejores que las que tenían de sus lugares de origen.

A pesar de los dichos éxitos logrados por la comunidad gay de Buenos aires, hay que reconocer los problemas y desafíos que la comunidad gay todavía enfrenta con una frecuencia cotidiana. Casi todas los avances por los derechos gays de la Argentina afectan sólo a los ciudadanos de la ciudad de Buenos Aires. Los que viven fuera de la capital no tienen los mismos derechos civiles que los que viven adentro. A la comunidad gay argentina fuera de la Capital todavía le faltan muchas de las protecciones legales disfrutadas por los capitalinos. Una ley federal (Ley 23.592) prohibe la discriminación “por motivos tales como raza, religión, nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica, condición social o caracteres físicos” (CHA). Existe un frente para incluir orientación sexual como otra categoría protegida bajo la ley, pero aún no ha cambiado la legislación.

CAMBIOS CULTURALES

En mi entrevista con David William Foster, me explicó los desarrollos y fallas recientes de la comunidad gay de Buenos Aires. La presidencia de Menem y la llegade neoliberalismo representó un momento en que la comunidad de Buenos Aires tuvo la oportunidad de emular las tendencias de sus equivalentes Occidentales, especialmente la comunidad gay de New York. Con el peso argentino pegado al dolar, porteños homosexuales tuvieron más acceso a la producción cultural gay de los EEUU. Así, el rumbo de desarrollo de la comunidad gay fue más dirigida a la importación de formas culturales extranjeras. Revistas, películas, música, y aún ropa de cuero temática, por ejemplo, de la comunidad gay norteamericana fueron importadas a la Argentina. Para los que podían pagar, la época de Menem ofreció a los homosexuales argentinos de clase media alta la oportunidad de participar en un mundillo gay casi idéntico al de los EEUU. Una revista popular, NX, imitó muchas de las tendencias visuales establecidas por gays norteamericanas de esa época. Por supuesto, la pobreza todavía afectaba a muchos durante la presidencia de Menem, así homosexuales fuera de la clase alta o media permanecían fuera de dicho ambiente. Con la crisis de 2001, este proceso de importación cultural se paró completamente.

Ya con el crecimiento del turismo después de la crisis, existe una reaparición de más bares gays y un ambiente parecido a lo que existía antes. Sin embargo, parece que esta renovación del ambiente tiene mucho más que ver con la llegada de turistas norteamericanos y europeos en vez de una movida autóctona. En San Telmo, por ejemplo, la visibilidad de gays es obvio. En las calles, se puede ver parejas homosexuales mostrando afección. También existen bares, restaurantes, aún hoteles dirigidos a turistas gays. Aunque existe una comunidad grande dentro de Barrio Norte y Palermo, su visibildad no es tan fuerte. Barrio Norte y Palermo podrían ser considerados los “ghettos gays” de Buenos Aires. Sin embargo, no se ve la muestra de afección entre parejas gays de estas zonas. Y por qué? Desde mi punto de vista, todavía existen valores tradicionales o, digamos conservadores machistas que afectan el comportamiento cotidiano del homosexual porteño.

Cesar Cigliutti, uno de los directores de la Comunidad Homosexual Argentina escribe que “San Telmo tiene una visibilidad mayor como barrio que otros, de allí a hablar de comunidades diferentes me parece que es exagerar, ya que hay un movimiento constante y permanente de nuestra comunidad por los diferentes lugares de reunion.” Continua explicando que actualmente, “las únicas zonas urbanas bien determinadas, (sacando los lugares de discotecas, pubs, etc. de nuestra comunidad) son las zonas ‘rojas’ o de trabajo de travestis (Palermo, Constitución, Flores, Chacarita).” Esencialmente, Cigliutti comunica “que el tema de los barrios y las identidades de las personas gays no tiene ninguna especifidad, salvo la que atraviesa toda la sociedad que son más un tema de clase y poder adquisitivo.” Según la interpretación de Cigliutti, la idea de los “ghettos gays” porteños no tiene ninguna validez. Aunque soy extranjero y no tengo tanta experiencia con la comunidad de Buenos Aires, tengo que decir que no estoy de acuerdo con su opinión. Aunque estas comunidades gays faltan la visibilidad de tales “ghettos” de Norteamerica o Europa, es innegable su existencia pero muy condicionada.

Cigliutti también refiere a un tema fuerte apenas resuelto en la cultura argentina: los travestis. Aunque transexuales y travestis tienen una fuerte presencia dentro de la cultura Pop de la Argentina (cosideremos Florencia de la V, una actriz travesti famosa de la serie “Los Roldan”), la gran mayoría de ellos no tienen ningún derecho en la Argentina. William Foster se refiere a muchos de los prejuicios inherentes del registro social que contribuyen a esta discriminación. Los travestis no tienen la opción de cambiar su sexo o nombre (la discriminación contra judíos ortodoxos también existe dentro del sistema, que requiere que las personas afeiten sus barbas antes de que saquen sus fotos para sus documentos). La gran mayoría de travestis trabajan como prostitutas, enfrentando problemas legales con frecuencia, y además corriendo riesgos de violencia por parte de sus clientes. Hay sospechas de que la policía federal ha tomado parte en los asesinatos de algunos travestis (Brown).

CONCLUSIÓN

Obviamente, este ensayo solo trata de algunos de los temas vinculados a la comunidad gay de la ciudad. Temas que todavía me interesan incluyen la comunidad lesbiana, que me parece tener mucha menos visibilidad que la comunidad constituida por hombres gays (pese a la existencia de ciertos íconos lésbicos del país, incluyendo, entre otras, a la poeta Alejandra Pizarnik). Cuando llegué a Buenos Aires, me interesaba conocer como su comunidad gay estaba avanzano desde la época de la dictadura. Unas temas me inspiraron pero muchos me desilusionaron. Sin embargo, sé que no puedo imponer mi propia concepción de lo que constituya una comunidad gay “verdadera” o, digamos, “buena.” La comunidad tiene sus propias valores, su propia historia, distinta de la comunidad norteamericana. Espero que sigue su lucha por la visibilidad y derechos civiles de la gente gay local. Veremos lo que pase.

BIBLIOGRAFÍA

ALTMAN, Dennis. “Rupture or continuity? The internationalization of gay identities.” Social Text, no. 48 (otoño 1996). P. 77-94.

BROWN, Stephen. “‘Con discriminación y repression no hay democracia’: The Lesbian Gay Movement in Argentina.” Latin American Perspectives, Vol. 29, No. 2 (marzo 2002). P. 119-138.

COMUNIDAD HOMOSEXUAL ARGENTINA. <http://www.cha.org.ar>

WILLIAM FOSTER, David. “Argentine Intellectuals and Homoeroticism: Néstor Perlongher and Juan José Pebreli.” Hispania, Vol. 84, No. 3 (Sep. 2001) P. 441-450.